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Economia Civile - Bruni Varie

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En la campaña contra las máquinas tragaperras en los locales públicos han participado en 4 meses más de 30 ciudades italianas y miles de personas. El 10 de mayo, asamblea nacional. Entrevista al economista promotor de la idea. ¿Las finanzas? Sí, tienen cura, pero hay que extirpar los juegos de azar

por Elisabetta Proietti

publicado en Redattore Sociale.it el 03/03/2014

Logo Redattore SocialeROMA – En 4 meses han participado 32 ciudades italianas y miles de personas, individualmente y a través de asociaciones. La campaña “Slot Mob” se extiende cada día por nuevos lugares y llama a los ciudadanos al “juego bueno contra la pobreza y la dependencia de los juegos de azar”. Una avalancha que no parece que vaya a terminar. Todo lo contrario. El pasado fin de semana hubo 6 citas SlotMob de norte a sur, pasando por el centro de Italia y por las islas. Y esta mañana, ahora mismo, en Salerno muchas personas se han reunido en un bar-heladería que ha renunciado a las tragaperras, llamando la atención de los viandantes e invitándoles a participar en “juegos relacionales” en lugar de juegos de azar. Aunque de mucho juego, el SlotMob no es un juego, dicen sus promotores, sino un verdadero instrumento de ciudadanía activa, sobre todo en su preparación, así como una forma de formar cultural y políticamente a una ciudad.

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Los juegos de azar son una de las enfermedades más graves, con una gravedad cívica inaudita. Y la indiferencia civil es impresionante”. Estas palabras son de Luigino Bruni, profesor de Economía en la Universidad Lumsa y promotor de la economía civil. “Siempre ha habido vicios y debilidades, lo que ahora resulta escandaloso es que las multinacionales especulen con ello y lo promuevan para ganar millones. No podemos aceptarlo”.

Una mañana el profesor Bruni comenzó su “huelga del café”, negándose a consumir en los bares que tenían máquinas tragaperras y a partir de ahí surgió todo. El Eco di Bergamo fue el primer medio en entrevistar al profesor sobre esta forma de protesta y dio relieve a una noticia que tuvo mucha resonancia. “A partir de ahí y de la conversación con un compañero, Vittorio Pelligra, surgió la idea: ¿por qué no hacemos una action mob? Así nació la campaña SlotMob con las tres lógicas que constituyen su genoma: premiar a los gestores virtuosos, practicar juntos el ‘juego bueno’ (futbolín, risk…) y organizar una reunión para hablar de los contenidos. Todo se hace de forma totalmente espontánea, sin barreras, quien quiere entra en red y participa. No hay una estructura central, cada uno se organiza como puede y como quiere”.

Y nada de moralismos. Como sostiene Leonardo Becchetti, profesor en la Universidad Tor Vergata y otro de los economistas de SlotMob, en el libro que saldrá próximamente “Vidas en juego. Más allá del capitalismo slot” (contiene importantes aportaciones de asociaciones y expertos, entre los cuales se encuentra el mismo Luigino Bruni) “en los SlotMob se experimenta la alegría de vivir (…), quieren ser un shock cultural para un país perdido, quieren demostrar la fuerza de la acción de los ciudadanos. El mercado está hecho de oferta y demanda y la demanda somos nosotros. Hay muchas cosas que podemos hacer (…), votamos con nuestro consumo”.

Para Luigino Bruni “la idea antropológica que está detrás es que el bien es más fuerte que el mal”. Utilizando referencias bíblicas, dice que “el hombre es primero Adán y después Caín y hay que alimentar esta dimensión positiva. Hay que mostrar el árbol que crece en medio del bosque”. Bruni cita un libro de 1766 de Giacinto Dragonetti, jurista de los Abruzos, titulado “De las virtudes y los premios” en el que desarrollaba la teoría de que los pueblos no se desarrollan sólo castigando a los deshonestos, sino también premiando a los ciudadanos virtuosos. Pero hoy, argumenta Bruni, “la economía, tanto la teoría como la política económica, sólo conoce los incentivos, ha olvidado los premios”. Prosigue: “De los vicios solo nacen otros vicios, nunca virtudes, y el dinero que nace de un vicio es un dinero equivocado, porque casi siempre viene de los pobres. Estamos poniendo a las personas frágiles en manos de las multinacionales del juego”. El coste social es enorme (la necesidad de que las estructuras sanitarias se hagan cargo de los jugadores patológicos se está ampliando trágicamente) y el empobrecimiento es progresivo. Recordando que los italianos han jugado en 2012 casi 90.000 millones de euros, el profesor Bruni afirma: “Estamos distrayendo recursos, desviando dinero, tirándolo en distintos juegos y loterías y esto tiene un efecto inducido impresionante, estamos quitándoselo a la riqueza verdadera”.

¿Cómo se piensa utilizar el enorme capital social de los SlotMob? ¿Surgirá alguna propuesta de ley?

De entrada seguiremos adelante, ampliando esta red, y a ver qué ocurre – responde Bruni -. No podemos abandonar. Hemos tenido reuniones en el Parlamento y el próximo día 10 de mayo tendremos una asamblea nacional para decidir cómo continuar”. Su idea, a la vista del éxito de los “flash mob”, a los que define como “un pedazo de humanismo económico”, consiste en “premiar también a otros, como restauradores y empresas agrarias que trabajan con bienes confiscados al crimen, en todos los sectores donde hay una fuerte competencia desleal”.

Usted conoce el mundo de los bancos y las finanzas. ¿No cree que formamos parte de un enorme juego del que parece imposible salir y en el que el azar juega con el pellejo de las personas, las relaciones, el trabajo y la confianza en el futuro?

"Mientras que los juegos de azar son algo marchito, pensado para ganar dinero con los frágiles, las finanzas eran una planta buena, los bancos estaban a favor de la ciudad. Después las finanzas se emborracharon y se transformaron en finanzas “slot”, haciendo apuestas y negando la economía que es provecho mutuo. El mercado nació como un lugar de asistencia mutua, donde la gente mejora intercambiando bienes. Lo que hay es una gran enfermedad de un cuerpo sano."

¿Se puede curar?

"Las finanzas tienen un alma buena, que todavía podemos salvar, como demuestran la Banca Etica, algunos bancos cooperativos, el Jak Bank de origen sueco que no cobra intereses. El juego no. Las finanzas necesitan una aspirina para curarse, el juego un antibiótico para extirparlo”.

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por Elisabetta Proietti

publicado en Redattore Sociale.it el 03/03/2014

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Luigino Bruni y la avalancha SlotMob: “Comenzó con mi huelga del café”

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Recuperamos un breve artículo de 2011, que puede dar alguna pista útil sobre el escenario que se abrirá después de las elecciones italianas

Los piratas y las elecciones

por Luigino Bruni

Cinema-Pirati-dei-CaraibiUn grupo de 5 piratas encuentra un tesoro de 100 lingotes de oro en una isla desierta. Entre ellos rige esta regla: el más anciano debe hacer primero una propuesta de acuerdo para repartir el tesoro encontrado, pero si no logra la mayoría de  los votos (el voto del más anciano vale el doble en caso de empate) es eliminado por los otros cuatro compañeros (es expulsado del barco), y será el segundo más anciano el que haga su oferta de repartición con la misma regla, y así sucesivamente.

Si los piratas son racionales y auto-interesados, la mejor oferta que el más anciano debe hacer para obtener el consenso es la siguiente: ofrecer un solo lingote al tercero, uno al quinto y quedarse con los restantes 98.

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(La demostración no es común pero puede ser intuida razonando al revés, partiendo del final: ¿por qué el tercer y el quinto pirata – los únicos a los cuales el primero les pide el voto – deberían rechazar la oferta?  Si no la aceptaran y  eliminaran al primero, el turno pasaría al segundo: ¿qué les ofrecerá a los tres que quedan? Le ofrecerá uno al cuarto (el penúltimo), y nada a los otros dos, que son exactamente el 3º y el 5º, a los cuales el anciano les había ofrecido 1. Puesto que tienen que comparar entre 1 y 0, aceptarán la oferta del más anciano).

Esta historieta es una buena representación de cómo se alcanzan los acuerdos entre individuos racionales y auto-interesados en contextos de elección no repetidos o trágicos, cuando existe una asimetría de poder entre las partes, y cuando alguno tiene el poder de realizar el primer movimiento, sabiendo que, si no pasa, tiene que abandonar el juego, pasando el poder pasa al segundo y así sucesivamente. El mensaje que encierra este juego es el siguiente: para no ser eliminado, nunca hay que buscar el acuerdo con el segundo, sino con el último, aun teniendo un amplio poder.

Ahora, imaginemos que los grupos sean 5, ordenados en numero de votos recibidos en el primer turno. ¿Qué aconseja en este caso la lógica de este juego? El primero de los cinco, si no quiere equivocar la oferta y dejar el campo al segundo, debe aliarse con dos grupos menores, el tercero y sobre todo el quinto, el más debil. No debe buscar al tercero y el cuarto, sino el tercero y el ultimo, porque el cuarto no aceptaría  la oferta o es menos probable que la acepte que el 1º y el 3º (pero querría más de 1 lingote, porque podría obtener al menos la misma oferta del segundo).  Es decir, las alianzas tienden a ser: 1-3-5 de una parte, 2-4 de la otra. 

Otros dos corolarios:

1.    El primer proponente para salvarse (no ser expulsado de la nave o vencer) no debe ofrecer un reparto equitativo (20 a cada uno), sino fuertemente inicuo. En efecto, si hubiese ofrecido una distribución diferente de (98, 1, 1), una tripulación racional lo hubiera expulsado del barco (no hubiera logrado el acuerdo, porque los jugadores hubieran podido obtener en el segundo turno la misma asignación pero con uno menos (25 cada uno, 100/4), y así sucesivamente.

2.    El juego cambia radicalmente cuando los piratas son muchos y superan determinado umbral. Si por ejemplo con un tesoro de 100 los jugadores fuesen más de 200, el primer proponente salvaría la vida (o evitaría un baño en el océano) únicamente repartiendo el dinero sin quedarse con nada (debería dar un lingote a todo pirata numerado par, hasta el 198°).

¿Pueden estas reflexiones servir para algo práctico? ¡Quién sabe!

 

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Los piratas y las elecciones

por Luigino Bruni

Cinema-Pirati-dei-CaraibiUn grupo de 5 piratas encuentra un tesoro de 100 lingotes de oro en una isla desierta. Entre ellos rige esta regla: el más anciano debe hacer primero una propuesta de acuerdo para repartir el tesoro encontrado, pero si no logra la mayoría de  los votos (el voto del más anciano vale el doble en caso de empate) es eliminado por los otros cuatro compañeros (es expulsado del barco), y será el segundo más anciano el que haga su oferta de repartición con la misma regla, y así sucesivamente.

Si los piratas son racionales y auto-interesados, la mejor oferta que el más anciano debe hacer para obtener el consenso es la siguiente: ofrecer un solo lingote al tercero, uno al quinto y quedarse con los restantes 98.

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Los piratas y las elecciones

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por Valentina Raparelli

publicado en Nuova Umanità News online el 19/01/2012

Logo_Nuova_Umanita_newsProfessor Bruni, el artículo que acaba de publicar en Nuova Umanità[1] describe usted la figura del empresario de un modo bastante diferente al habitual. ¿Nos puede explicar de dónde viene, en su opinión, esta diferencia? Es decir, ¿por qué las figuras del inversor, del directivo y del especulador han llegado a confundirse con la del empresario-innovador?

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Depende en gran parte de la revolución de las finanzas, que ha afectado a la economía (praxis y teoría) durante los últimos 20 años. A finales de los años ochenta y a comienzos de los años noventa, debido a graves cambios en la geopolítica y geoeconomía mundiales por efecto de la globalización, Occidente frenó su crecimiento pero no quiso reducir el consumo. Las finanzas creativas entonces prometían una fase de crecimiento del consumo sin crecimiento de la renta, mediante nuevos instrumentos técnicos.

Eso hizo que muchos empresarios se transformaran en especuladores y se dedicaran a obtener ganancias especulando, abandonando su sector tradicional y su vocación (recordemos qué hicieron en los años noventa Fiat y Pirelli, sin salir de Italia, así como la ex Olivetti). Una segunda razón fue la progresiva uniformidad de las culturas empresariales, siguiendo la poderosa estela de la cultura anglosajona. La tradición europea e italiana en cuanto a la gestión de las empresas se caracterizaba por una fuerte atención a la dimensión comunitaria y social, a causa de la presencia de un paradigma católico-comunitario (sobre todo en los países latinos). Esto, junto a la primera causa de la revolución financiera, hizo que los directivos asumieran un rol cada vez más central en las grandes empresas, en mengua de los empresarios tradicionales. Hoy, para salir de la crisis, necesitamos muchos más emprendedores y muchos menos especuladores (y directivos súper bien pagados).

Partiendo de la Teoría del Desarrollo Económico de Schumpter[2],describe el mercado como una “alternancia virtuosa” entre innovación e imitación, donde la innovación, aportada por el empresario-innovador-, genera un nuevo bien y lo introduce en el mercado, y la imitación (que tiene una función positiva) lo hace extensible a la mayoría, haciendo que baje el precio y aumente el bienestar colectivo. Pero ya que la ganancia, para el innovador, está esencialmente circunscrita al lapso de tiempo que pasa entre la innovación y la imitación, ¿cuáles piensa que pueden ser los parámetros de referencia para evitar que esta “alternancia virtuosa” no termine en daño reciproco entre empresas?

Aquí la política y las instituciones en general desempeñan un papel muy importante: conseguir, mediante las oportunas normas que garanticen la competencia y el correcto funcionamiento de los mercados, que la alternancia sea virtuosa y no viciosa. Pero la sociedad civil también tiene un papel igualmente esencial: los ciudadanos-consumidores, con sus decisiones de compra, deben premiar a las empresas que tienen comportamientos éticamente correctos y “castigar” (cambiando de empresa) a las que tienen un comportamiento predatorio y agresivo. El mercado funciona y da frutos de civilización cuando está en continua relación con las instituciones y con la sociedad civil. En fin, traza las características de la “competencia civil” en la cual la competencia (cum-petere) no se juega en el eje Empresa A contra Empresa B para quitarse al cliente C, sino más bien en el eje Empresa A pro cliente C y Empresa B pro cliente C, donde cada empresa ofrece al cliente propuestas de beneficio mutuo y quien peor lo hace, sale del mercado o se reestructura. 

¿Qué ejemplos de “competencia civil” nos puede dar? Y ¿cómo cree que se pueden apoyar y valorar, para crear esa red social de relaciones de cooperación y beneficio mutuo?

El microcrédito, la cooperación social, la economía de comunión, el comercio justo, son ejemplos “de escuela” de esta competencia civil,  al menos como fenómenos microscópicos (siempre hay excepciones). Pero también hay otros fenómenos que pueden parecer lejanos y que, sin embargo, pueden ser interpretados de acuerdo con esta visión. Pensemos, por ejemplo, en la lógica de los hoteles “low cost” y en su relación con los hoteles más tradicionales. Podemos interpretar la lógica de estos nuevos hoteles de este modo: «querido cliente, te proponemos un contrato en el que nos beneficiamos mutuamente: te damos menos que otros hoteles (recepción, servicio de habitaciones, acompañamiento a los ascensores...), pero también te pedimos menos (pagas poco). Si en el hotel buscas lo esencial (dormir en un lugar limpio y sencillo) ven con nosotros; si quieres otras cosas, ve donde nuestros competidores». El mercado debería funcionar así, tratando de satisfacer cada vez mejor las necesidades de los demás, en una perspectiva de beneficio mutuo. Para sostener un mercado civil, también en este caso la política es importante. Hoy, por ejemplo, en Italia, si se extendieran a la economía civil las medidas que el Gobierno esta aprobando por ahora sólo para las empresas con ánimo de lucro,  se crearían cientos de miles de puestos de trabajo. Por lo tanto, hablamos de cosas serias y relevantes para la vida de todos.

[1] «Nuova Umanità», XXXIV (2012/1) 199, pp. 1-14.

[2] J.A. Schumpeter, "Teoria dello sviluppo economico", Sansoni, Firenze, 1971 (primera ed. alemana 1911).

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por Valentina Raparelli

publicado en Nuova Umanità News online el 19/01/2012

Logo_Nuova_Umanita_newsProfessor Bruni, el artículo que acaba de publicar en Nuova Umanità[1] describe usted la figura del empresario de un modo bastante diferente al habitual. ¿Nos puede explicar de dónde viene, en su opinión, esta diferencia? Es decir, ¿por qué las figuras del inversor, del directivo y del especulador han llegado a confundirse con la del empresario-innovador?

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Innovación, mercado y sociedad: preguntas a Luigino Bruni

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Entrevista con el profesor de economía política de la Universidad Bicocca de Milán, Luigino Bruni: «No se puede separar la eficiencia de la equidad». Sobre la polémica Iglesia-Impuesto de Bienes Inmuebles: «Si maleamos las relaciones entre laicos y católicos no saldremos de la crisis»

por Carlo Candiani

publicado en tempi.it el 09/12/2011

Logo_Tempi_it«Uno de los datos de esta nueva Italia globalizada es que ya no es posible separar eficiencia y equidad, como si fueran dos polos alternativos. En tiempos de crisis, para ser eficientes, las normas deben ser también éticas» explica a Radio Tempi  Luigino Bruni, profesor de economía política de la Universidad Bicocca de Milán. «Cuando este gobierno se presentó como un ejecutivo técnico y no político al presentar las medidas económicas, nos dimos cuenta de que cualquier nueva norma debe ser ética por naturaleza, ya se trate de aumentar el IVA como de tocar el patrimonio».

Escucha la entrevista completa (en italiano).

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¿Pero el concepto "ética" no es demasiado vago?

«Ética, efectivamente, es una palabra gastada, de la que se ha abusado. ¿De qué ética hablamos? ¿De la de los hedge funds o de la acogida a los inmigrantes? ¿De la utilitarista, de la kantiana, de la masónica o de la católica? Yo hablo de ética en su acepción primitiva. Pongo un ejemplo: si por eficiencia amasamos una gran tarta y después decidimos cuántos trozos dar a los pobres y cuántos a los ricos pero no incluimos a los que se quedan sin nada, ya desde el principio los trozos serán más pequeños e incluso resultarán indigestos, injustos».

¿Las medidas adoptadas por Monti han conseguido unir eficiencia y equidad?

«Estas medidas reflejan los vetos que se han cruzado los partidos de derechas y de izquierdas, a los cuales el gobierno de Monti está sometido. No se puede tocar demasiado el patrimonio, ni las pensiones, porque los sindicatos y la izquierda hacen una enorme presión, ni el IRPF, ni las frecuencias de televisión, ni los grandes sueldos de los directivos públicos, ni los antiguos privilegios que deberían quedar desterrados. Pero esto no es un problema sólo de Italia. Se da en todas partes».

¿Entonces?

«Las democracias, tal y como han sido concebidas, en la era de la globalización resultan inadecuadas y lentas para tomar medidas incisivas. Esto es lo que está ocurriendo estos días en Europa. O se reduce la velocidad de los mercados o se cambia la democracia. El fracaso de la cumbre de la UE, más allá del optimismo de Draghi, es expresión precisamente de eso: democracias lentas y mercados on-line en tiempo real. La política no puede seguir intervenida por las finanzas mucho más tiempo: o ganan las finanzas y entonces los gobiernos cada vez serán más técnicos y los parlamentos menos importantes, o la política consigue poner reglas serias a las finanzas para reducir su velocidad y el peso que han adquirido durante los últimos 30 años. Necesitamos unas finanzas nuevas y una política nueva».

En sus últimos editoriales en Avvenire, habla de la neuro-economía, que estudia la buena o mala recepción de las medidas por parte de la gente, hasta el punto de anular su eficacia. ¿Puede explicar mejor qué es eso?

«Supongamos  los sujetos A y B. Al sujeto  "A" le damos 100 euros y le pedimos que le de una parte al sujeto "B". Si este último acepta, se reparten el dinero, pero si no acepta ambos se quedan sin nada. Según la teoría económica normal, el movimiento racional de "A" consiste en darle un euro a "B", quien debería aceptarlo aunque sea poco, porque eso es mejor que nada».

¿Qué se pretende demostrar?

«Que la gente prefiere causarse un perjuicio y quedarse sin nada con tal de castigar un comportamiento que considera injusto. Es decir, mejor 0 que 20, si el otro se lleva 80».

¿Y qué tiene esto que ver con las medidas de Monti?

«Ya lo creo que tiene que ver. Si yo percibo un aumento del IVA como injusto, prefiero no pagarlo, no emitir factura, arriesgarme a que me pongan una multa y pagarla si me pillan. Cualquier cosa antes que pagar; prefiero causarme un perjuicio antes de aceptar una oferta que considero injusta. El mensaje es el siguiente: la equidad es fundamental si queremos que la gente no eluda las normas y las respete».

¿Este es el peligro que acecha a las medidas, tal y como han sido concebidas y comunicadas?

«El peligro es menor de lo que parecía al principio. La comunicación ha sido buena. El llanto no intencionado de la ministra Fornero, un acto de vulnerabilidad pública, ha sido el acto de comunicación más eficaz del gobierno, que ha demostrado que tiene una participación emotiva en las decisiones económicas. Si se mantiene la imagen de un grupo de personas serias y se cierra el paso a las maldades y a las peleas, como por ejemplo, la polémica sobre el IBI y la Iglesia católica, una especie de guerra entre pobres; si se mantiene la reputación junto al miedo de caer en el abismo de Grecia, entonces las medidas se aceptarán. En caso contrario, como ya ha ocurrido otras veces, las normas se eludirán».

¿Por qué la guerra que afecta a la Iglesia y al IBI es una guerra entre pobres?

«He escrito al director de La Repubblica, Ezio Mauro, preguntándole si de verdad cree que el problema de estas medidas está en el oratorio que no paga el IBI o en el bar de la parroquia que no paga IVA. Esta es una parte sana del país con la que es conveniente aliarse. Esta polémica no tiene ningún sentido, porque así se hace el juego a los "poderes fuertes", que se llevan su patrimonio a los paraísos fiscales y a los que habría que prestar mayor atención. No digo que no haya un problema del IBI en relación con el Vaticano, pero eso no es el centro del debate político actual. Si se convierte en el centro del debate y no lo digo porque busque su bien, maleamos las relaciones entre laicos (de derechas y de izquierdas) y católicos, dos almas que, cuando van unidas, como ha ocurrido en otros momentos delicados de nuestra historia, pueden sacar a Italia de la crisis. En caso contrario correríamos el riesgo de hacer como los capones de Renzo en "Los Novios", que mientras se los llevaban a Azzeccagarbugli para que se los comiera en la mesa, iban peleando».

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Entrevista con el profesor de economía política de la Universidad Bicocca de Milán, Luigino Bruni: «No se puede separar la eficiencia de la equidad». Sobre la polémica Iglesia-Impuesto de Bienes Inmuebles: «Si maleamos las relaciones entre laicos y católicos no saldremos de la crisis»

por Carlo Candiani

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Escucha la entrevista completa (en italiano).

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Bruni: «Si los impuestos son injustos, los italianos no los pagan: los evaden»

Entrevista con el profesor de economía política de la Universidad Bicocca de Milán, Luigino Bruni: «No se puede separar la eficiencia de la equidad». Sobre la polémica Iglesia-Impuesto de Bienes Inmuebles: «Si maleamos las relaciones entre laicos y católicos no saldremos de la crisis» por Carlo Cand...
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Contra el hambre, cambiar de vida – Cuanta más soledad, más se llena la vida de cosas. Pero condenar no basta…

por Luigino Bruni

publicado en Mondo e Missione, diciembre 2011

LOGO_Mondo_e_missioneEl hambre no se refiere sólo a la falta de alimentos. Su raíz latina remite al concepto de indigencia, de ausencia, de falta de algo necesario. Así también la experiencia del hambre es más grande que la falta de comida, de recursos o de derechos.

Meses atrás comenzamos nuestro pequeño viaje a través del continente “hambre”, empezando  por los aspectos directamente relacionados con el hambre de comida y con la falta o indigencia de recursos materiales y de derechos fundamentales. Era necesario hacerlo así, ya que antes de hablar, como haremos ahora, de otras formas de hambre que podemos llamar “opulenta”, es un deber civil, moral e intelectual recordarnos a nosotros mismos y a los demás que el hambre debida a la miseria existe y es un escándalo, para no caer en el error en el que caemos muchas veces cuando leemos artículos de estudiosos que ponen en el mismo plano el hambre de pan y el hambre de sentido.

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Yo no creo que sean iguales. El hambre de comida es más grave y escandalosa que cualquier otra. Solo siendo conscientes de ello es posible y necesario decir hoy que no se muere sólo por falta de pan, derechos o bienes materiales, sino que a veces se enferma y se muere también por hambre de bienes relacionales, de bienes espirituales y de ganas de vivir.

Occidente está enfermo (y la crisis económica que estamos viviendo es una clara expresión de ello) porque ya no somos capaces como cultura de saciar con la comida el hambre de relaciones, de amistad, de belleza, de vida y de Dios que padecen todos los seres humanos. Cuando esta hambre no se satisface, para evitar la muerte se buscan y se encuentran cada vez más sustitutos de bajo precio, gracias a los cuales el mercado con sus crisis ha crecido enormemente durante las últimas décadas.

Cuanto más sola, vacía y triste está la gente, más llena su vida de cosas. A propósito de esto, hay dos aspectos importantes que señalar. Hoy el mercado post-moderno se ha preparado para ofrecer mercancías que simulan relaciones, amistad. Basta pensar en la televisión, que vende pseudo bienes relacionales o en el crecimiento hipertrófico de “centros de bienestar”  a los que cada vez se va menos por la salud y más para “comprar” caricias. Además, el consumismo, más aún que el comunismo y el fascismo, se presenta como una religión, puesto que nos vende (es una ilusión) la idea de eternidad: este PC con el que estoy escribiendo dentro de algunos meses o años estará viejo, pero entonces podré comprarme otro igual o mejor. La cirugía estética vende tiempo y años, otra característica típica de las religiones («el tiempo es de Dios»).

Pero también hay un desafío positivo, de vida, detrás de esta cultura consumista. En primer lugar, debemos reconocer que lo que nos impulsa a comprar de manera cada vez más compulsiva es el hambre de vida y de relaciones. Así pues, si amamos nuestro tiempo no debemos combatir ni demonizar la cultura del consumo. Hace poco asistí en Filipinas a un experimento: en algunos supermercados se habían instalado capillas. Me gustó porque es expresión de una actitud positiva y valiente, que no critica a quienes no van a la iglesia sino que lleva la iglesia a los nuevos lugares de la vida en común.
El consumismo es peligroso y mortífero porque llena con cosas el hambre de relaciones y de vida; por eso sólo puede superarse respondiendo mejor y con mayor profundidad a esas mismas preguntas.

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Contra el hambre, cambiar de vida – Cuanta más soledad, más se llena la vida de cosas. Pero condenar no basta…

por Luigino Bruni

publicado en Mondo e Missione, diciembre 2011

LOGO_Mondo_e_missioneEl hambre no se refiere sólo a la falta de alimentos. Su raíz latina remite al concepto de indigencia, de ausencia, de falta de algo necesario. Así también la experiencia del hambre es más grande que la falta de comida, de recursos o de derechos.

Meses atrás comenzamos nuestro pequeño viaje a través del continente “hambre”, empezando  por los aspectos directamente relacionados con el hambre de comida y con la falta o indigencia de recursos materiales y de derechos fundamentales. Era necesario hacerlo así, ya que antes de hablar, como haremos ahora, de otras formas de hambre que podemos llamar “opulenta”, es un deber civil, moral e intelectual recordarnos a nosotros mismos y a los demás que el hambre debida a la miseria existe y es un escándalo, para no caer en el error en el que caemos muchas veces cuando leemos artículos de estudiosos que ponen en el mismo plano el hambre de pan y el hambre de sentido.

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El hambre del corazón y las respuestas del consumismo

Contra el hambre, cambiar de vida – Cuanta más soledad, más se llena la vida de cosas. Pero condenar no basta… por Luigino Bruni publicado en Mondo e Missione, diciembre 2011 El hambre no se refiere sólo a la falta de alimentos. Su raíz latina remite al concepto de indigencia, de ausencia, de falta ...
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para salvar al mercado de sí mismo

por Luigino Bruni

publicado en Tempi el 3/11/2011

Logo_Tempi_itLo que está ocurriendo estas últimas semanas en el tema de la crisis económica, financiera, política y civil de Italia y de Europa, es muy confuso y de difícil, si no imposible, interpretación. De todos modos, hay un mensaje que cada vez es más fuerte y claro: la crisis que estamos afrontando no es transitoria y coyuntural, como muchas de las que hemos vivido en el siglo XX. Estamos asistiendo (sin darnos cuenta) a la muerte de un determinado capitalismo, basado en las finanzas, en los estados sociales y en la deuda pública, un capitalismo fruto de los últimos 70 años de historia occidental y mundial, pero todavía no entrevemos qué va a ocupar su lugar. La situación que estamos viviendo se parece a la de un empresario, consciente de que el producto principal de su empresa ha dejado de funcionar en el mercado, pero sin que haya conseguido todavía idear otro mejor.

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El proyecto de la Europa del euro no funciona porque sigue careciendo de un proyecto político fuerte, capaz de aguantar los golpes de una economía y de unas finanzas que se han globalizado. La fragilidad del Banco Central Europeo no es otra cosa que una fotografía de todo esto. Además, esta crisis de Europa se sitúa dentro de otra crisis más general y estructural del capitalismo contemporáneo. El desarrollo se ha financiado con una deuda que ha crecido sin medida en las últimas décadas, contaminando a los principales bancos del mundo. El traspaso de la deuda de los bancos privados a la deuda pública de los estados produce el mismo efecto que un veneno en el cuerpo: no desaparece simplemente porque lo hagamos circular de un órgano a otro. Entonces ¿qué podemos  hacer? En primer lugar debemos recordar que detrás de las crisis a veces se ocultan cosas importantes, muchas de las cuales son invisibles a los ojos de quienes no saben ver más allá de las apariencias. Las crisis individuales y colectivas sin duda son “heridas”, pero a veces pueden convertirse en “bendiciones”. Entonces la verdadera pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo conseguir que del ocaso de este sistema económico financiero mundial pueda surgir una época mejor que la anterior?

La primera operación es fundamental: dotarse de ojos capaces de ver lo que parece invisible, saber descubrir en el horizonte de nuestra civilización la novedad que se abre camino. Como San Agustín, que en la caída del imperio romano intuía el alba de la Cristiandad. Si viéramos nuestro sistema económico y social desde fuera, con la perspectiva de un supuesto observador imparcial de otro planeta, el primer dato que aparecería con nitidez es que occidente, gracias, entre otras cosas, a las finanzas creativas de las últimas décadas, ha crecido demasiado y demasiado mal. Esto lo vemos no sólo en el medio ambiente, herido y humillado, sino también en el creciente empobrecimiento de las relaciones sociales en nuestras ciudades, en el rencor intercultural que acompaña a la globalización multiétnica y por último, aunque no menos importante, en la invasión de la vida de las personas por la economía. Esta invasión está, por una parte, transformando la vida civil en un único hipermercado abierto 24 horas, donde debe llenarse cada segundo de tiempo libre de cosas que se venden (un aspecto muy original para este observador imparcial que viera la televisión o diera una vuelta por nuestras ciudades, sería observar cómo constantemente alguien intenta venderle algo a otro); y por otra parte está reduciendo, cuando no eliminando, los tiempos de la gratuidad, de la reflexión, de la oración, tiempos ocupados ahora por la esfera económica (ya es habitual llenar los momentos de espera o de descanso con el teléfono móvil). Para poder ver la novedad que asoma por el horizonte no es tan importante que decrezca el PIB, como alguna escuela de pensamiento propugna, como que decrezca el peso y el espacio de lo económico dentro de la vida social: recuperar espacios enteros de vida rescatándolos de los intercambios económicos y monetarios que poco a poco los han ido conquistando.

Ya sabemos que la economía es importante y el mercado es un lugar para la libertad y la creatividad, pero si queremos salvaguardar los lugares de civilización llamados empresa, mercado, bancos, debemos hacer que ocupen su puesto, que no es el único, en la vida en común. Cuando el mercado se hace hipertrófico y tiende a abarcarlo todo, termina por devorarse a sí mismo, porque el contrato de mercado no se puede mantener sin un pacto social más amplio que el puro aspecto económico.

Por eso, detrás de las medidas económicas de estos días están en juego cosas más importantes: dar vida a un nuevo pacto social nacional, europeo e internacional que sepa estar a la altura de la globalización económica y cultural del mundo y que sea capaz de salvar al mercado de sí mismo. Todo eso tiene nombre concretos. Se llaman nuevas instituciones (hay que reformar totalmente el Banco Central Europeo), nuevas leyes (¿cuándo estará operativa una Tobin Tax o algo parecido?) y serias reformas fiscales, no demasiado vinculadas a los territorios nacionales que ya no son adecuados en la era de los mercados globales (¿cómo explicaremos el día de mañana a nuestros hijos sin avergonzarnos que nosotros inventamos los paraísos fiscales?). Para terminar, la novedad que aparece por el horizonte no se hará nunca realidad sin una nueva etapa educativa, que vuelva a poner a los jóvenes también en el centro de la economía y las finanzas. Los jóvenes –hay que recordarlo en estos tiempos- no son el futuro, como muchas veces se dice en tono paternalista, sino una forma distinta de entender y vivir el presente. Cuando esta “forma distinta” falta, la economía y la sociedad dejan de funcionar, porque les falta el entusiasmo, la pasión, la creatividad, la energía y el futuro, características típicas de los jóvenes que son esenciales para el bien común. Si los jóvenes se quedan al margen del mundo, el mundo no funciona; el mundo económico y político tampoco. Si sabemos darnos estos ojos nuevos y tenemos el valor de mirar con optimismo hacia delante, poniendo a los jóvenes en el centro, de esta “herida” podrá nacer una “bendición”.

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para salvar al mercado de sí mismo

por Luigino Bruni

publicado en Tempi el 3/11/2011

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Una nueva visión y reformas profundas...

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Cuando falta el alimento, crece el peligro de cambiar la libertad por un puñado de arroz

por Luigino Bruni

publicado en Mondo e Missione, noviembre 2011

LOGO_Mondo_e_missione«Para un hombre con el estómago vacío, el alimento es dios», decía Gandhi, que, como gran maestro en humanidad, conocía los distintos significados de la pobreza y el hambre. Sabía bien, porque así lo había experimentado en su propia piel y en la de su pueblo, que cuando una persona tiene hambre, cuando no consigue el alimento para si y para sus hijos, sufre por el hambre pero también por otras formas de miseria y alienación.

Hay que luchar contra el hambre y la miseria, porque mientras haya una persona o una comunidad bajo su dominio, la falta de libertad para alimentarse y vivir esconde la no menos grave falta de libertad del yugo de quienes pueden dar o simplemente prometer esos alimentos.

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La miseria y el hambre se presentan en el mundo como un racimo formado por  muchas formas de indigencia: de recursos alimenticios, de derechos, de libertades, de oportunidades, que hacen que una persona vulnerable desde el punto de vista del derecho fundamental al alimento y a la vida, en realidad se revele vulnerable y vulnerado desde los demás puntos de vista de la existencia.

Cuando nos falta el alimento, estamos dispuestos, o por lo menos tentados, a negociar con todo lo que tenemos, ya sea alienable o inalienable. En la historia de la humanidad, hoy como ayer, hay abundantes relatos de personas que quedaron reducidas a la esclavitud por liberarse a sí mismos o a sus hijos de la necesidad de comer y beber. Quien está obligado a vender un riñón suyo o de un hijo para que sus cinco hijos no mueran de hambre, se encuentra ante una decisión trágica. Uno de las deberes más altos de la política nacional e internacional es no darse por vencido mientras en el mundo haya una sola familia que tenga que afrontar una decisión semejante (esclavitud en un lado; comida en el otro). 

Por eso el derecho al alimento debe ser considerado como un derecho fundamental de la persona humana, porque si ese derecho no se satisface, todos los demás derechos quedan sustentados en bases demasiado frágiles y nunca llegan a ser efectivos ni eficaces. Un derecho al alimento que, junto a otros derechos sociales fundamentales (como el derecho al trabajo, a la educación y a la participación civil...), deben ser anunciados, gritados e incluidos en las constituciones de todos los pueblos de la tierra, incluso aunque no sea posible reivindicar aquí y ahora el correspondiente “deber perfecto” por parte de los ciudadanos y las instituciones.

La lista de los derechos anunciados y proclamados puede y debe seguir abierta y debe ser más amplia que la lista de los derechos exigibles con su correspondientes deberes, puesto que, como nos recuerda el economista indio y premio Nobel de economía  Amartya Sen, anunciar y reconocer un nuevo derecho tiene un alto valor cultural y simbólico, que puede ser el primer paso hacia el reconocimiento futuro de su correspondiente deber. Si en las constituciones que surgieron en la aurora de la modernidad no hubiéramos proclamado que «todos los hombre son iguales ante la ley», solo porque gran parte del mundo real seguía sin ser libre ni igual, con toda probabilidad habríamos frenado la marcha de los pueblos hacia la libertad y la igualdad básicas.

Entonces, no nos cansemos nunca de gritar, anunciar y escribir en todas partes que morir de hambre es un escándalo y que el derecho de toda persona humana al alimento es un derecho fundamental de todo niño que nace y crece en el planeta tierra. Y no cejemos mientras ese sacrosanto derecho no se convierta en pan.

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Cuando falta el alimento, crece el peligro de cambiar la libertad por un puñado de arroz

por Luigino Bruni

publicado en Mondo e Missione, noviembre 2011

LOGO_Mondo_e_missione«Para un hombre con el estómago vacío, el alimento es dios», decía Gandhi, que, como gran maestro en humanidad, conocía los distintos significados de la pobreza y el hambre. Sabía bien, porque así lo había experimentado en su propia piel y en la de su pueblo, que cuando una persona tiene hambre, cuando no consigue el alimento para si y para sus hijos, sufre por el hambre pero también por otras formas de miseria y alienación.

Hay que luchar contra el hambre y la miseria, porque mientras haya una persona o una comunidad bajo su dominio, la falta de libertad para alimentarse y vivir esconde la no menos grave falta de libertad del yugo de quienes pueden dar o simplemente prometer esos alimentos.

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El derecho al pan, fundamento de la convivencia

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Opiniones sobre la Avaricia Estructural

entrevista con Luigino Bruni, publicada en lutheranworld.org, el 13 de octubre de 2011

Logo_Lutheran_org_2Más de 40 delegados, incluyendo una docena de musulmanes, eclesiásticos, economistas y activistas sociales laicos, se reunieron a finales de septiembre de 2011 en Kota Kinabalu, Malasia para tratar la cuestión de la avaricia estructural. El dr. Luigino Bruni, profesor de economía política en la Universidad de Milán (Italia) y miembro del movimiento de los Focolares, fue uno de los participantes en el Departamento de expertos en Teología y Estudios.

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¿Qué esperaba de esta reunión?

Mis expectativas sobre este encuentro eran muy altas, porque yo creo que en estos momentos de crisis, las religiones tienen algo nuevo que decir. Esta crisis no es simplemente económica y financiera, sino antropológica y ética. Como en cualquier otra crisis, la reserva más valiosa es la de tipo ético porque la ética proporciona motivaciones profundas para la acción: la voluntad de iniciar algo nuevo. En estos momentos de crisis, sobre todo en Europa, nos falta entusiasmo para poner en marcha nuevas empresas, en general porque nos falta el entusiasmo de vivir.

¿Qué ha aprendido de este encuentro?

He conocido personas muy interesantes que hacen cosas nuevas, relacionadas con mi actividad. He descubierto nuevos puntos de vista sobre la economía a partir de las tradiciones luterana, islámica y oriental. Me voy de este encuentro con la profunda esperanza de que si estamos unidos como religiones en estos momentos de crisis, podremos lanzar un mensaje importante al mundo.

¿Cómo pueden ayudarse los cristianos y los musulmanes a vivir la vida sin que les afecten tanto  las estructuras de avaricia?

La primera ayuda es dialogar para comprender mejor el punto de vista del otro. En el mundo de hoy hay un sentimiento profundo y arraigado de desconfianza y falta de entendimiento entre las culturas islámica y cristiana. Dedicar tiempo a entender al otro es el primer paso. Necesitamos formar nuevas alianzas que muestren que hay nuevas esferas en la economía que surgen tanto del contexto cristiano como musulmán, tales como la economía de comunión, el comercio justo, etc. Necesitamos mostrar que hay una nueva vitalidad en la sociedad civil de ambos contextos. Más aún, es vital que la religión contrarreste el pesimismo y aporte  un mensaje positivo. Necesitamos llevar un mensaje de esperanza que muestre la visión de un nuevo mundo. Juntos podemos transformar las estructuras de avaricia en estructuras de gracia.

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Opiniones sobre la Avaricia Estructural

entrevista con Luigino Bruni, publicada en lutheranworld.org, el 13 de octubre de 2011

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Mensaje de esperanza para vencer la avaricia

Opiniones sobre la Avaricia Estructural entrevista con Luigino Bruni, publicada en lutheranworld.org, el 13 de octubre de 2011 Más de 40 delegados, incluyendo una docena de musulmanes, eclesiásticos, economistas y activistas sociales laicos, se reunieron a finales de septiembre de 2011 en Kota Kinab...
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Luigino Bruni, profesor de Economía Política de la Bicocca de Milán, explica en Tempi.it por qué una amnistía fiscal sería más negativa que positiva para Italia: «Cuando la relación se convierte en mercancía, lo hace para siempre. Efectivamente, después de cada amnistía fiscal aumenta el número de quienes dejan de razonar en términos de virtudes cívicas. Para hacer caja, mejor el patrimonio y las pensiones»

por Carlo Candiani

publicado en Tempi.it el 12/10/2011

Logo_Tempi_itSobre la posibilidad de introducir otra amnistía fiscal, sugerida por algunos miembros del gobierno para encontrar la manera de hacer caja, ya se ha pronunciado la Unión Europea en sentido negativo. Así pues, parece difícil que el gobierno la vaya a poner en práctica. A pesar de ello, el debate “amnistía fiscal si, amnistía fiscal no” sigue vivo entre políticos y economistas. La duda es bastante sencilla: ¿hay que actuar sea como sea para hacer caja o hay que tener en cuenta el problema ético que surge cuando se plantea una amnistía fiscal?

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«A propósito de la amnistía fiscal, he escrito algunas reflexiones en Avvenire, a partir de un ejemplo que he estudiado – dice a Radio Tempi el profesor de economía política Luigino Bruni, de la Bicocca de Milán –. Hace algún tiempo en Haifa, dos economistas hicieron un experimento en diez guarderías, en las que los padres se retrasaban a la hora de recoger a sus hijos; en seis de ellas se puso una multa por el retraso y en las cuatro restantes no. Se comprobó que después de la multa los retrasos crecieron en 100% y después de quitarla ya no disminuyeron, ni siquiera volvieron a niveles anteriores. ¿Cuál es el sentido de este experimento? Que “la multa es un precio”».

«Cuando se introduce la moneda en ámbitos regidos por otras normas sociales - continúa -, se crea un mercado: la gente compra y paga. La multa y en nuestro caso la amnistía fiscal, transforma un ámbito en el que se razona en términos no siempre monetarios y una vez que la relación se convierte en mercancía, lo hace para siempre. Efectivamente, después de cada amnistía fiscal aumenta el número de quienes dejan de razonar en términos de virtudes cívicas, para hacerlo en términos de coste-beneficio y esto tiene su reflejo incluso en las relaciones diarias (la amistad, la solidaridad): es como si la sociedad irreversiblemente se convirtiera en un supermercado».

¿Entonces usted se opone a la amnistía fiscal desde el punto de vista ético?
Lo hago desde el punto de vista económico, pero viendo la economía no sólo como un problema de caja, que se limita a cubrir una necesidad contingente.

Otros economistas, colegas suyos, en este tema de la amnistía fiscal tienden a pasar por alto el dato ético y dan más importancia a la conveniencia económica.

Si reducimos las relaciones económicas a mero intercambio monetario, con el tiempo las mismas relaciones dejarán de funcionar como tales porque el pacto social, que va más allá de la matemática del dar y recibir, debe construir entre los sujetos una relación de confianza. Lo repito: si transformamos nuestras relaciones civiles y económicas en un tema de caja, transformamos la vida civil en un supermercado; y este no es un escenario especialmente apasionante: la economía funciona si se apoya en un pacto social que, por desgracia, es un hilo demasiado tenue y se puede romper con facilidad.

No faltan quienes justifican la amnistía fiscal levantando el dedo contra la injusta fiscalidad italiana, que obliga a algunos a salir de la legalidad, en espera de que este instrumento de recuperación de caja pueda enmendar su posición.

Este análisis es más razonable, porque pone el acento en un problema estructural. Pero sigue siendo una denuncia de un fracaso económico, no ético. En pocas palabras: la amnistía fiscal es una pésima respuesta a un legítima demanda de un sistema más justo. Al final, la amnistía fiscal, además de que muchas veces es ineficaz, cuando se repite es totalmente inútil: una amnistía fiscal que pille a los ciudadanos con el paso cambiado podría tener algún efecto, pero a partir de la segunda vez, nada de nada.

Póngase por un momento en el lugar del gobernante de turno: ¿qué haría para hacer caja?
Hay dos palabras muy claras: patrimonio y pensiones; no hay mucho que discutir. Patrimonio: pedir una contribución adicional pero no a las rentas del trabajo o a la empresa, al IRPF o al IVA, puesto que intervenir sobre el IVA quiere decir empobrecer a la clase media y el IRPF ya grava el trabajo, sino del patrimonio constituido por rentas de posición. Es de sentido común. La segunda palabra clave son las pensiones: debemos comprender que el mundo ha cambiado, vivimos hasta los 90 años y el pacto social que nos dimos en los años 50, cuando vivíamos hasta los 60-70 años ya no funciona. Si no reformamos estos aspectos, podremos hacer mil amnistías fiscales, pero siempre estaremos en situación de emergencia económica y no ética: la ética es intrínseca a la economía y no extrínseca.

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Luigino Bruni, profesor de Economía Política de la Bicocca de Milán, explica en Tempi.it por qué una amnistía fiscal sería más negativa que positiva para Italia: «Cuando la relación se convierte en mercancía, lo hace para siempre. Efectivamente, después de cada amnistía fiscal aumenta el número de quienes dejan de razonar en términos de virtudes cívicas. Para hacer caja, mejor el patrimonio y las pensiones»

por Carlo Candiani

publicado en Tempi.it el 12/10/2011

Logo_Tempi_itSobre la posibilidad de introducir otra amnistía fiscal, sugerida por algunos miembros del gobierno para encontrar la manera de hacer caja, ya se ha pronunciado la Unión Europea en sentido negativo. Así pues, parece difícil que el gobierno la vaya a poner en práctica. A pesar de ello, el debate “amnistía fiscal si, amnistía fiscal no” sigue vivo entre políticos y economistas. La duda es bastante sencilla: ¿hay que actuar sea como sea para hacer caja o hay que tener en cuenta el problema ético que surge cuando se plantea una amnistía fiscal?

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Bruni: «No a la amnistía fiscal, la sociedad no es un supermercado»

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El fundador de Apple y Pixar nos ha dejado hoy a la edad de 56 años

por Luigino Bruni

Steve_JobsEste hombre extraordinario nos deja sobre todo tres grandes mensajes.

El primero de ellos es que las grandes innovaciones en economía se deben siempre a las personas. Las personas son quienes producen las grandes innovaciones y no los capitales, el dinero o la tecnología. Steve Jobs ha sido capaz de hacer grandes cosas porque era una gran persona y no porque tuviera grandes capitales y medios. Esto nos recuerda que la economía progresa cuando hay personas que ven más lejos y ven cosas distintas. Las grandes innovaciones nacen de una mirada distinta sobre el mundo y por ello nacen de las personas.

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El segundo mensaje que nos deja Steve Jobs es que no es cierto que las empresas sólo triunfen cuando responden a las necesidades de los consumidores. Esta idea de que las empresas y sus productos tengan que responder a las necesidades de las personas es un poco escolástica, estática y sobre todo no es aplicable a las innovaciones verdaderamente importantes. Nadie tenía necesidad del Ipad ni del Iphone. Steve Jobs, con su empresa, los creó antes de que se convirtieran en necesidades, inventó símbolos y creó sueños, mensajes, estilos de vida. Las grandes empresas que innovan de verdad son capaces de hacer algo que a nadie se le había ocurrido antes y que ni siquiera era una necesidad no expresada. Un empresario como Jobs primero “vio” algo y después hizo que la realidad se convirtiera en eso que él había visto. Eso es algo que los verdaderos empresarios tienen en común con los grandes artistas y con los grandes científicos.

El tercer mensaje de Steve Jobs es, en mi opinión, un gran himno a la vida. Una de las últimas frases que ha dicho es “los años más hermosos y brillantes están delante de nosotros y no a nuestras espaldas... ”. Era un hombre muy enfermo, se estaba muriendo, y sin embargo miraba hacia delante. A los jóvenes les decía: “tened siempre hambre de vida”. Las grandes personas, capaces de realizar grandes cosas, nunca son nostálgicas, siempre miran más lejos y piensan que el futuro será mejor que el pasado, incluso en tiempos de crisis. Son capaces de mantener un gran optimismo y de articular en torno a este optimismo grandes proyectos. También hoy los empresarios que mueven el mundo son optimistas, con capacidad de futuro, convencidos de que “lo mejor todavía está por venir”.

En resumen, Steve Jobs nos hace ver que las grandes innovaciones económicas se convierten también en grandes innovaciones civiles. Sus productos y la filosofía que puso dentro de ellos, han cambiado la vida de las personas, su relación con el espacio, con la música, con la creatividad. Han sido mucho más que “buenos productos”, han desplazado hacia adelante las fronteras y los límites de la vida civil. Toda gran innovación es siempre una innovación civil que aumenta la libertad, las oportunidades y la capacidad de las personas. El nos recuerda que la economía es vida, que la empresa es un trozo de vida en común que funciona cuando es expresión de creatividad, pasión y deseos de futuro: nada más, pero nada menos, que vida.

Creo que Steve Jobs es un estupendo modelo de empresario civil que hace una economía para el bien común, una economía que, precisamente por ser verdaderamente innovadora, es amiga de la ciudad y de la gente. Sin este tipo de empresarios no hay bien común. Por eso Steve Jobs nos deja una profunda nostalgia del futuro.



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El fundador de Apple y Pixar nos ha dejado hoy a la edad de 56 años

por Luigino Bruni

Steve_JobsEste hombre extraordinario nos deja sobre todo tres grandes mensajes.

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Nostalgia del futuro. El mensaje de vida de Steve Jobs

El fundador de Apple y Pixar nos ha dejado hoy a la edad de 56 años por Luigino Bruni Este hombre extraordinario nos deja sobre todo tres grandes mensajes. El primero de ellos es que las grandes innovaciones en economía se deben siempre a las personas. Las personas son quienes producen las grandes i...
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por Luigino Bruni

publicado en formiche.net el 01/10/2011

Logo_formicheAntes de diseñar una reforma fiscal para financiar el gasto actual, hay que prever una seria retirada de la política para dejar espacio a la sociedad civil organizada, con el fin de crear valor añadido y puestos de trabajo.

Uno de los grandes mensajes de esta crisis es la necesidad de más política. Nunca como en estos años hemos podido comprender que el mito del mercado que se auto-organiza y se auto-regula es una modelo de libro de texto, que, como todos los modelos, se basa en hipótesis para resultar verosímil. Hoy estamos viendo que en la vida real el mercado necesita de instituciones, reglas y gobierno para ser civil y civilizador. Hay una fuerte demanda de política detrás de esta crisis pero, esto es lo más importante, la política que conocemos no es adecuada para los retos a los que nos enfrentamos. ¿Cuáles son los motivos?

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Es cierto que el mundo ha cambiado rápidamente, quizá demasiado rápidamente, pero no hay que olvidar que existe también un fenómeno interno de la clase política, que puede explicarse mediante la teoría conocida como "selección adversa", un fenómeno descubierto analíticamente por el premio Nobel de economía George Akerlof  en 1970, en el artículo de teoría económica tal vez más importante del último medio siglo. Este economista norteamericano demostró que en muchas situaciones reales el mercado no premia el mérito ni recompensa a los mejores, sino que tiende a atraer y a seleccionar a los peores o, dicho con sus palabras, a los "lemons" (fiascos).

El mensaje de esta teoría puede resumirse de la siguiente manera: en un mundo real y por ello imperfecto, las instituciones (una empresa o cualquier ámbito de la vida en común) seleccionan a un tipo u otro de personas en base a las señales que emiten. Las empresas que prometen sueldos altos seleccionan por término medio a los candidatos más interesados en el dinero; una orden religiosa que busque vocaciones, evidentemente no debe prometer incentivos monetarios sino gratuidad e ideales altos si quiere atraer candidatos con motivación intrínseca; y podríamos seguir. Así pues, una sociedad como la nuestra, con una clase política (ya sea de derechas o de izquierdas) caracterizada por los privilegios, el dinero y las ventajas sociales, tiende naturalmente a atraer candidatos a entrar en la profesión de político más interesados que la media en los privilegios y prebendas y consecuentemente demasiado poco interesados en el bien común.

¿Qué podemos hacer? Un pueblo, al igual que cualquier persona y comunidad, para desarrollarse y crecer en civilización necesita de vez en cuando momentos de auténtico renacimiento ético e ideal. En el siglo XX estos momentos estuvieron provocados por “heridas” profundas (guerras, fascismo) que, sin embargo, produjeron como efecto indirecto una clase política de alta calidad moral y humana. El milagro económico y civil de la Italia de la posguerra fue fruto, entre otros, de unos políticos que estuvieron a la altura de los tiempos, porque procedían de la parte más viva e ideal de la sociedad civil. No fueron producto de los partidos, sino que fueron ellos quienes crearon los partidos  que después han gobernado nuestra sociedad. Pero casi 70 años después, los partidos y en general la clase dirigente (sindicatos, asociaciones…) se han institucionalizado perfectamente, perdiendo así gran parte de su capacidad profética e innovadora.  Estoy convencido de que hoy para salvar la política hay una enorme necesidad de liberar las fuerzas de la sociedad civil, es decir asociaciones, movimientos, voluntariado, que pululan en nuestra sociedad y que hacen la vida fácil y sostenible a muchas personas, sobre todo a las más frágiles. No se trata de idealizar la bondad de la sociedad civil, sino de reconocer que la sociedad civil siempre es el lugar donde crecen las células estaminales capaces de innovar el tejido social en momentos de crisis.

Para entender las crisis que estamos viviendo es necesario mirar más adentro, más allá de la Bolsa y los recortes. En Italia, en Europa y en todo occidente está en juego la naturaleza de la relación entre economía, política y sociedad civil. Resulta demasiado evidente para quienes sepan y quieran observar bien lo que está ocurriendo que detrás de todo esto hay algo viejo y obsoleto que si no cambia o no muere no nos permitirá entender lo que estamos viviendo y mucho menos gobernarlo.

Estoy convencido de que no saldremos de esta crisis sin dos grandes cambios: un nuevo protagonismo innovador y profético de la sociedad civil y un decrecimiento de la política (entendida aquí como intermediación burocrática) en ventaja de la sociedad civil y de la economía y no para provocar una retirada de la política actual que deje espacio al individuo solo y/o al mercado capitalista. Por eso, antes de diseñar una reforma fiscal para financiar el gasto actual (endureciendo los controles y las sanciones), hay que prever, si de verdad queremos el bien común, una seria retirada de la política para dejar espacio a la sociedad civil organizada, que cree, con mayor intensidad que hasta ahora, valor añadido y puestos de trabajo y no aumente el endeudamiento público.

Todo eso significa, por ejemplo, crear empresas sociales y civiles en los sectores cruciales de la energía (¿por qué deben venir los especuladores de Alemania para realizar una instalación fotovoltaica en Puglia?), de los bienes comunes (para gestionar el agua y el suelo público no está solo el “municipio” o el “mercado lucrativo”, también hay empresas civiles y cooperativas en las que los ciudadanos se hacen cargo de sus bienes), de los ancianos (que tienen que ser de algún modo también productivos y no solo un gasto y un problema).

Sin esta nueva centralidad de la sociedad civil para una nueva política seguiremos buscando recursos en los lugares equivocados, seguiremos haciendo leyes financieras tapagujeros, seguiremos cargando pesos insoportables sobre las personas honradas, porque seguiremos viendo el mundo con las gafas equivocadas.

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por Luigino Bruni

publicado en formiche.net el 01/10/2011

Logo_formicheAntes de diseñar una reforma fiscal para financiar el gasto actual, hay que prever una seria retirada de la política para dejar espacio a la sociedad civil organizada, con el fin de crear valor añadido y puestos de trabajo.

Uno de los grandes mensajes de esta crisis es la necesidad de más política. Nunca como en estos años hemos podido comprender que el mito del mercado que se auto-organiza y se auto-regula es una modelo de libro de texto, que, como todos los modelos, se basa en hipótesis para resultar verosímil. Hoy estamos viendo que en la vida real el mercado necesita de instituciones, reglas y gobierno para ser civil y civilizador. Hay una fuerte demanda de política detrás de esta crisis pero, esto es lo más importante, la política que conocemos no es adecuada para los retos a los que nos enfrentamos. ¿Cuáles son los motivos?

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¿Cuál es la mejor medida económica? La política

por Luigino Bruni publicado en formiche.net el 01/10/2011 Antes de diseñar una reforma fiscal para financiar el gasto actual, hay que prever una seria retirada de la política para dejar espacio a la sociedad civil organizada, con el fin de crear valor añadido y puestos de trabajo. Uno de los grandes...
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Ideas – Contra el hambre, cambiar de vida

por Luigino Bruni

publicado en Mondo y Missione, octubre 2011

LOGO_Mondo_e_missioneEl hambre es una experiencia fundamental en la vida de cualquiera. Durante cientos de miles de años los hombres han luchado contra ella. Yo pertenezco a esta pequeña porción “feliz” de mundo que no ha conocido nunca el hambre, a no ser el hambre buena que nos prepara a gozar de la comida esperada y cierta.

Pero mis padres sí que la conocieron y por eso la presencia, indirecta pero eficaz, del hambre ha sido una constante en mi familia de origen, que me ha enseñado, entre otras cosas, el agradecimiento por el pan de cada día, ese sentido de estupor ante la abundancia, el rechazo al despilfarro, notas todas ellas que hoy forman parte de mi cultura y de mi estilo de vida.

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Hoy el hambre es un problema y un escándalo, porque una parte de la humanidad ha sido capaz de eliminarla de su propia existencia pero no ha conseguido vencerla globalmente.

En el mundo siempre ha habido ricos y pobres, porque los talentos están repartidos de manera desigual entre las personas. Pero hasta la modernidad, el exceso generado por las clases ricas apenas llegaba para cubrir su lujoso consumo y poco más. El hambre se debía a la escasez de recursos y la hostilidad de la naturaleza. Hoy en cambio el escándalo y el rechazo nacen de la conciencia de que la humanidad, gracias a la tecnología y a la economía, produce un exceso capaz de erradicar potencialmente el hambre de toda la población mundial. Pero el hambre sigue siendo endémica para más de mil millones de personas. Un escándalo y un rechazo que aumentan cuando se observa que esa misma porción opulenta del mundo ha creado otras formas de enfermedades endémicas debidas al exceso de alimentos (obesidad, bulimia…).

Pero aquí es donde el tema se complica y tal vez se hace más interesante. Aunque tuviéramos sistemas políticos mundiales y locales justos y equitativos, no bastaría producir alimentos o calorías suficientes para que ninguno de los 6.000 millones de habitantes del planeta pasara hambre, para eliminar el hambre del planeta. Hay al menos dos razones para ello. La primera es que el proceso de redistribución de la riqueza es caro y cada vez más ineficiente (es un problema de entropía). Una parte del pastel producido se queda en la lama del cuchillo con el que cortamos los trozos y algunos pequeños trozos se caen al suelo mientras los transportamos. Todo proceso de redistribución absorbe o destruye parte de la riqueza que produce.

Pero hay otra razón más profunda: también es muy importante “cómo” llegan los recursos y los alimentos a las personas. Con un mayor compromiso moral y económico (con un menor despilfarro y burocracia) podrían transportarse recursos y alimentos desde los países opulentos y obesos hasta los hambrientos y empobrecidos del mundo, pero eso no sería suficiente. Nunca habrá pueblos capaces de derrotar el hambre y la exclusión mientras no estén en condiciones de dar el salto a la otra parte de la mesa, de crear los pasteles que ellos mismos comerán después. Una persona hambrienta que reciba el alimento a través de la ayuda internacional no vence el hambre, únicamente llena la tripa.

Pero – esto es lo más importante – el hambre endémica hoy es casi siempre resultado de relaciones equivocadas, del uso de ingredientes depredados, de estructuras de pecado que impiden el acceso a los recursos, como nos explicaba hace ya más de 40 años el Nobel de economía Amartya Sen en sus estudios sobre las carestías en la India. El hambre no es un estatus individual, sino que es fruto de una relación social que no funciona, desde la familia hasta la política internacional. Luchar contra el hambre significa sobre todo curar esas relaciones equivocadas de las que depende el hambre.

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Ideas – Contra el hambre, cambiar de vida

por Luigino Bruni

publicado en Mondo y Missione, octubre 2011

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Un escándalo que nos acusa

Ideas – Contra el hambre, cambiar de vida por Luigino Bruni publicado en Mondo y Missione, octubre 2011 El hambre es una experiencia fundamental en la vida de cualquiera. Durante cientos de miles de años los hombres han luchado contra ella. Yo pertenezco a esta pequeña porción “feliz” de mundo que n...
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Política - Recortes 2011

publicado en ilsussidiario.net el 15/09/2011

Logo_ilsussidiarioMedidas financieras para el 2011: recortes a las entidades locales ¿qué cambia?  Los recortes a las entidades locales – Municipios y Regiones – previstos en las medidas financieras producirán efectos prácticos en la vida de los ciudadanos. El más visible será la disminución de servicios públicos básicos y del sistema de bienestar. «Traducido, significa un empobrecimiento objetivo de las personas, sobre todo de clase media», explica, en respuesta a la pregunta de ilSussidiario.net Luigino Bruni, profesor de economía política de la Universidad Bicocca de Milán. El detalle: un recorte de 4.200 millones, que se convertirá en 6.000 si la Robin tax no aporta los beneficios previstos. Según los cálculos de ANCI, la medida podría tener un impacto medio de 136 euros anuales por residente, mucho más alto en algunas ciudades como Venecia (327 euros anuales), Nápoles (326), Milán (227), Turín (220) y Roma (172).

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«El bienestar y la riqueza de una persona, en las democracias, no viene determinado sólo por el PIB o la renta per capita, sino también por estos elementos sumados a los bienes que se consumen. Por ejemplo, disponer de 1.000 euros en un país en el que no existen medios públicos ni sistema de bienestar ni servicios a los ciudadanos, no es lo mismo que disponer de los mismos euros en un país donde existen esos recursos». Por eso es evidente que estas medidas hacen que seamos menos ricos.

«Desde el momento en que la administración pública ofrece servicios de inferior calidad nos empobrecemos todos. La riqueza no es una cuestión individual, sino pública. Los bienes públicos forman parte de la riqueza de un individuo, porque tienen que ver con la pertenencia a una comunidad».  Además, los más pobres se verán más penalizados. «Si para garantizar los servicios mínimos del bienestar hay que aumentar el precio del billete del autobús o del tranvía o las tasas escolares, el efecto sobre la clase más débil es evidente». Además, habrá repercusiones a nivel de sistema: «Los recortes detraen recursos a las instituciones que gestionan el territorio, empobreciéndolo y alejando la toma de decisiones de los lugares donde se desarrolla la vida diaria. Es una forma de centralizar el poder y las competencias». A la cara del federalismo. «Es evidente – continúa el profesor – que hay que eliminar el despilfarro. Hemos erigido un sistema burocrático elefantiásico. Pero reducir los recursos de las entidades locales sólo produce un ahorro a corto plazo. Además de las clases pobres también se empobrecen las clases medias».

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Política - Recortes 2011

publicado en ilsussidiario.net el 15/09/2011

Logo_ilsussidiarioMedidas financieras para el 2011: recortes a las entidades locales ¿qué cambia?  Los recortes a las entidades locales – Municipios y Regiones – previstos en las medidas financieras producirán efectos prácticos en la vida de los ciudadanos. El más visible será la disminución de servicios públicos básicos y del sistema de bienestar. «Traducido, significa un empobrecimiento objetivo de las personas, sobre todo de clase media», explica, en respuesta a la pregunta de ilSussidiario.net Luigino Bruni, profesor de economía política de la Universidad Bicocca de Milán. El detalle: un recorte de 4.200 millones, que se convertirá en 6.000 si la Robin tax no aporta los beneficios previstos. Según los cálculos de ANCI, la medida podría tener un impacto medio de 136 euros anuales por residente, mucho más alto en algunas ciudades como Venecia (327 euros anuales), Nápoles (326), Milán (227), Turín (220) y Roma (172).

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Habla el experto: los recortes a las entidades locales previstos en la ley de presupuestos frenan el desarrollo

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por Adriano Lovera

publicado en donnamoderna.com el 30/08/2011

logo_donna_modernaGobiernos llenos de deudas, bolsas en picado, paro en aumento. El sistema económico basado en el libre mercado está atravesando una de las peores fases de su historia. Hay quien afirma que ha llegado al final de su recurrido. También hay quien piensa que puede salvarse, pero siempre que cambie sustancialmente.

«¿Conoce a alguna persona que haya sufrido un infarto? No se cura con una medicina, sólo lo consigue cambiando por completo su estilo de vida». Luigino Bruni, profesor de economía política en la Universidad Bicocca de Milán, retrata de esta manera al capitalismo de hoy. Porque el sistema económico basado en el libre mercado, extendido prácticamente por todo el mundo, desde Estados Unidos hasta Europa (incluida la China), parece estar muy enfermo.

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Los gobiernos están llenos de deudas, las bolsas caen y la industria no despega, por lo que el paro sigue siendo alto y el consumo sigue estancado. Cada día, en función de la marcha de los mercados, saltan nuevas alarmas. Y surge una pregunta: ¿se trata solo de un momento difícil o es que el capitalismo definitivamente ha llegado al final de su recorrido? «En mi opinión, sigue siendo el mejor sistema posible y merece la pena salvarlo» sostiene Daniela Parisi, profesora de historia del pensamiento económico de la Universidad Católica de Milán, «con la condición de que se de nuevas reglas y devuelva un poco de confianza a las personas».

La primera desgracia del capitalismo se llama deuda. En Estados Unidos, para evitar la quiebra de las cuentas estatales, el presidente Barack Obama ha firmado un acuerdo que prevé recortes en el gasto público para los próximos años por un importe astronómico: 2 billones de dólares. También aquí el gobierno ha tenido que adelantar la aplicación de las medidas económicas adoptadas en julio y de aquí al 2013 tendremos que ahorrar 80.000 millones de euros para equilibrar las cuentas.

¿Por qué hemos llegado a esta situación? «En el pasado gastamos demasiado y ya no nos lo podemos permitir» explica el profesor Bruni «y esto se refiere tanto a las familias como a los estados. En el mundo occidental, la economía corrió aprisa durante los años 80 y 90 y cada vez más personas fueron elevando su nivel de vida: se compraron casa, automóvil, teléfono móvil y así sucesivamente. Pero en 2008 el juego se paró de repente, cuando explotó la deuda privada en los Estados Unidos: los bancos quebraron porque habían concedido hipotecas y tarjetas de crédito a personas que, en realidad, no tenían ingresos suficientes para devolverlas. Para salvar a estas instituciones, el estado tuvo que poner el dinero y ahora se encuentra endeudado hasta el cuello».

En Europa el sector privado tiene un nivel de deuda sostenible, entre otras cosas porque los bancos han sido más intransigentes: nada de préstamos a quienes no tengan ingresos seguros. Pero el problema es que algunos países han gastado sin control no sólo para garantizar los servicios, las pensiones y los salarios, sino también para mantener privilegios y derroches. ¿Cómo? Financiándose mediante la emisión de títulos estatales (en Italia sobre todo BOT y BTP), un mecanismo que permite cobrar por adelantado pero obliga a devolver continuamente los préstamos con intereses. Hoy han llegado al límite. Grecia prácticamente está en quiebra y únicamente se salvará gracias a las ayudas de la Unión Europea, mientras que Italia y España tienen una deuda tan grande que sus acreedores (pequeños ahorradores, bancos italianos y extranjeros y otros países) están nerviosos.

Así llegamos a la segunda enfermedad, típicamente europea: el mercado y la moneda son únicos, pero las reglas no lo son. «Algo ha cambiado en las finanzas, ya que los países de la Unión Europea se han impuesto criterios severos acerca de la estabilidad de los bancos» dice Francesco Vella, jurista, profesor de la Universidad de Bolonia y autor del libro “Capitalismo y finanzas. El futuro entre riesgo y confianza”, publicado en mayo por la editorial “Il Mulino”. «Pero lo que falta es una conducta de gobierno unitaria. Bruselas prepara sus planes de salvamento para situaciones de emergencia, pero después, una vez que ha pasado la tempestad, cada Estado quiere mantener su poder, cuando lo que verdaderamente haría falta es una coordinación común». También haría falta una política valiente, capaz de tomar decisiones impopulares como la tan discutida de aumentar los impuestos a los grandes patrimonios. Por este camino, el capitalismo podría curarse de su tercer mal: la desigualdad.

«En Occidente, incluida  Italia, el 1% de la población es riquísimo, el 10’% es muy rico y todos los demás se encuentran a gran distancia» sigue explicando el profesor Bruni. «La economía no despega mientras una buena parte de los ahorros privados no se ponga en circulación y vuelva a estar a disposición de todos, en forma de nuevas inversiones, tanto públicas como privadas. Puede que no guste, pero hoy es verdaderamente necesario un nuevo pacto social, con una fiscalidad que redistribuya la riqueza en favor de la clase media-baja, porque aquellos que tienen millones de euros en el banco mantienen su tenor de vida y no mueven sus ahorros. Pero si se concediera una desgravación fiscal, aunque sólo fuera de 1.000 euros, a quienes hoy consumen poco, inmediatamente se transformaría en compras, en comida, en zapatos, en ropa».

¿Y el famoso coste de la política? «Está claro que hay que recortarlo» dice Bruni «pero que nadie crea que las medidas económicas resolverán la situación. Es el entusiasmo de la gente lo que hace que el mecanismo funcione». «En efecto, el verdadero espíritu del capitalista» concluye Daniela Parisi «es el del empresario capaz de renunciar a la segunda vivienda para reinvertir los beneficios y crear más trabajo. Lo cierto es que para actuar, el individuo necesita sentirse protegido y ayudado por su Estado. Si a los “pequeños” les sacude el recaudador y a los grandes grupos, a los llamados “poderes fuertes” no les toca nunca nadie, el juego no funciona. En cambio, si hay confianza, el capitalismo volverá a correr». 

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Capitalismo: el final de un mito

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