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Economia Civile - Bruni Varie

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Contra la crisis

por Luigino Bruni

publicado en Famiglia Cristiana el 21/08/2011

Logo_Famiglia_CristianaYa es evidente que el sistema capitalista está viviendo su crisis más grave. Lo que esta “segunda oleada” nos muestra es que no se trata únicamente de un fracaso de los mercados financieros (como se creía en 2008-2009) ni tampoco de una fase natural de recesión del ciclo económico. Hoy está en juego la naturaleza misma del capitalismo que hemos mantenido en pie durante las últimas décadas. Un capitalismo que ha crecido apalancado sobre una enorme deuda privada y pública que se ha hecho insostenible.

La crisis griega fue el primer jirón en un vestido que parecía de lujo. Al tratar de zurcir ese desgarro periférico nos hemos dado cuenta de que al tirar del hilo nos quedábamos con un ovillo en la mano, pues poco a poco se deshacía toda la trama del tejido (el sistema económico global).

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Metáforas aparte, la crisis griega tenía ciertamente un componente excepcional, pero los mercados están comprendiendo, aunque de manera confusa y a veces contradictoria, que detrás de todo esto hay una dimensión estructural de la economía contemporánea, es decir un excesivo endeudamiento de los estados sin garantías, que plantea dudas muy serias y preocupantes sobre la sostenibilidad del precioso juguete que habíamos construido durante estos últimos 30 años.

Un juguete que se llama capitalismo financiero globalizado. El excesivo endeudamiento es global y estructural. Sin duda afecta a Italia, pero también y no con menor gravedad a los Estados Unidos, Francia y Japón, es decir al corazón del capitalismo contemporáneo.

En estos días, tanto en Italia como en Francia, se está hablando de introducir en la Constitución la obligación de que las cuentas públicas no tengan déficit. Ciertamente algo hay que hacer para reducir la deuda pública, pero sin hacernos ilusiones en el sentido de que sea suficiente modificar el artículo 81 de la Carta Magna para resolver el grave problema de la no sostenibilidad de nuestro modelo de desarrollo. Se trata de plantear sacrificios serios y para todos, ya que esa deuda se ha hecho enorme no sólo por el despilfarro sino también por el excepcional alargamiento de la duración media de la vida, que ha hecho saltar el sistema sanitario y de pensiones.

Así pues, es necesario un nuevo pacto social donde se vuelvan a diseñar los derechos y deberes de todos y cada uno.

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Contra la crisis

por Luigino Bruni

publicado en Famiglia Cristiana el 21/08/2011

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La crisis griega fue el primer jirón en un vestido que parecía de lujo. Al tratar de zurcir ese desgarro periférico nos hemos dado cuenta de que al tirar del hilo nos quedábamos con un ovillo en la mano, pues poco a poco se deshacía toda la trama del tejido (el sistema económico global).

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El papel no basta

Contra la crisis por Luigino Bruni publicado en Famiglia Cristiana el 21/08/2011 Ya es evidente que el sistema capitalista está viviendo su crisis más grave. Lo que esta “segunda oleada” nos muestra es que no se trata únicamente de un fracaso de los mercados financieros (como se creía en 2008-2009) ...
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Comienza en el Senado la tramitación de la nueva medida. Mientras tanto, la Unión dice sí al Euro Consejo y a la Tobin Tax.En el PDL se trabaja sobre las propuestas del Tercer Polo para la tutela fiscal de las familias numerosas. «Por fin se habla de ello», dice Luigino Bruni

por Errico Novi

publicado en Liberal el 18/08/2011

Logo_LiberalAunque tímidamente, la palabra familia ha resonado incluso en las conversaciones del sábado pasado entre Berlusconi y Tremonti. Entre mil desconfianzas y dudas (del Cavaliere hacia su ministro), a ambos les une su disposición a razonar sobre la propuesta del Tercer Polo que, en las últimas horas, comienza a abrirse camino entre los miembros del PDL, sobre todo entre aquellos que más trabajan, como Cicchitto y Lupi, por acercarse a la oposición moderada, con vistas a la aprobación de la medida.

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El fondo de la propuesta consiste en complementar el sistema fiscal – por lo menos – con el principio del cociente familiar. Podrá resultar curioso que un paso como este se incluya como parte de las medidas económicas por importe de 45.000 millones que se plantean como contribución de solidaridad para las rentas medio-altas. Es singular que una idea como la del cociente familiar, que se inspira en lógicas de equidad y equilibrio social, haga su entrada en el debate sobre las políticas económicas como una forma de atenuar un impuesto extraordinario con el que discrepa la misma UDC, que pide intervenciones en apoyo de las familias.

La verdadera discusión comenzará el próximo lunes en la comisión de Asuntos Constitucionales y Hacienda de Palazzo Madama. En una sesión celebrada ayer en el Senado a la velocidad del rayo, con la presencia de solo 11 senadores, se ha admitido a trámite el decreto. Las dificultades para que la batalla por la tutela de las familias se abra camino en un contexto dramático como el que vive la Eurozona, e Italia en particular, son evidentes.

Así lo reconoce un economista de matriz católica como  Luigino Bruni, profesor de la Universidad Bicocca de Milán y editorialista de Avvenire. «Con toda seguridad hay países como Francia, Alemania e Inglaterra, mucho más avanzados que nosotros en la legislación de protección a la familia. Así pues, en general, las instituciones europeas que han pedido a Italia que adopte medidas de ajuste, verían con buenos ojos la adopción de medidas orientadas a tutelar a la familia. Pero el discurso es válido en general. En un momento como este, las políticas familiares sonarían a mayor gasto. Aunque se limiten a modular la contribución extraordinaria en función del número de hijos».

Otra cosa sería a largo plazo. «Los economistas», continua Bruni, «podríamos demostrar que en un periodo de 5-7 años la introducción del factor familia terminaría por producir beneficios económicos en su conjunto». El análisis muestra que no será fácil llevar a la práctica este principio. Sobre todo teniendo en cuenta que en el bloque mayoritario siguen enfrentadas dos líneas distintas de pensamiento: la que considera la actual formulación del decreto como ineludible, en la que están Tremonti y sobre todo la Lega; y la otra, que seduce al PDL, que agrupa a quienes consideran que se ha traicionado la vocación liberal del partido berlusconiano, con tomas de posición muy claras no sólo por parte de los llamados “rebeldes” sino también de figuras individuales como Martino y Pera.

Tales tensiones no allanan el camino a la propuesta de modificaciones desde fuera. Sin embargo, el mismo premier habla de apertura, tanto hacia la propuesta del PD de gravar los patrimonios del “escudo fiscal”, como hacia las del partido de Pier Ferdinando Casini relativas a la tutela de las familias. Así pues, se trata de una batalla difícil, ya que, como explica en profesor Bruni, «hay beneficios y no sólo en términos de equidad, pero hace falta tiempo para apreciarlos». El editorialista económico de Avvenire insiste en particular en que «hay que incluir las intervenciones a favor de la familia en el tema más global de la clase media. Los paradigmas de la economía especulativa tienden a favorecer el enriquecimiento del 1% de la población a costa de los demás, es decir de la clase media. Es un mecanismo que debilita la economía en su conjunto, porque reduce el consumo, evidentemente. Intervenir con medidas favorables a quienes tienen hijos o ancianos a su cargo significa apoyar el crecimiento, sobre todo en perspectiva». Bruni explica además que dentro del mundo católico se ha avanzado mucho en el debate sobre la formulación más adecuada de estos mecanismos de tutela. «El Forum de asociaciones familiares ha elaborado una propuesta completa que indica cuál es la mejor solución para el llamado factor familia. Es más eficaz que el cociente familiar, sobre todo porque penaliza menos a quienes tienen cónyuge a cargo, es decir a las familias de rentas no elevadas en las que la mujer es ama de casa».

Intervenciones similares incidirían también en el IRPEF, sobre todo en la parte exenta de imposición. «Lo que aquí se discute es cómo atenuar el impacto de la contribución de solidaridad en los núcleos numerosos. Lo que yo digo es que es importante que se empiece a hablar. La medida podría ser una buena ocasión para introducir el tema. Lo importante es que el cociente familiar, o como se llame esta modulación, no sea alternativo a la contribución de solidaridad de las rentas medio altas». El profesor de economía política de la Bicocca insiste mucho en este aspecto.

«Es cierto que una renta de 90.000 euros anuales para una familia con cuatro hijos, no hace que adquieran la condición de ricos. Pero en una coyuntura dramática como la actual, también es justo llevar a la práctica el principio según el cual quien más tiene más debe dar. La progresividad del impuesto es un principio constitucional». Volvamos al punto anterior: es curioso que un principio como la tutela de la familia tenga que aprovechar una cuña tan estrecha para abrirse camino. Pero el mismo Bruni reconoce que «en todo caso, es importante que haya debate, que se reconozca a la familia como sujeto». Ya sería un elemento de justicia decir que «quien tenga una renta superior a 90.000 euros debe pagar la contribución, pero en función del factor familia». Un principio en base al cual «la familia es un sujeto fiscal, no una mera suma de personas bajo un techo común».

Se mantiene la incógnita sobre la compatibilidad de la modulación de la medida, incluida la parte relativa a la familia, con las expectativas de los mercados. Ayer estaban muy nerviosos, después del anuncio del Euroconsejo y de la Tobin Tax (aprobados por la UE) sobre las transacciones financieras, realizado por Merkel y Sarkozy. Se resiente más Frankfurt (-0,77%) que París, que cierra en positivo (0,73%). Sufre Londres (a - 0,49), pero no Piazza Affari que cierra a +1,27%. Revuelta en la asociación de bancos de negocios europeos. También esto i influirá en el debate sobre la medida.

ver pdf 1a parte

ver pdf 2a parte

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por Errico Novi

publicado en Liberal el 18/08/2011

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La revolución familiar

Comienza en el Senado la tramitación de la nueva medida. Mientras tanto, la Unión dice sí al Euro Consejo y a la Tobin Tax.En el PDL se trabaja sobre las propuestas del Tercer Polo para la tutela fiscal de las familias numerosas. «Por fin se habla de ello», dice Luigino Bruni por Errico Novi publica...
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Pierluigi Porta es profesor de Economía Política en la Universidad Bicocca de Milán. La Historia del Pensamiento Económico es uno de sus ámbitos de investigación preferidos. Este es el punto de partida de su reflexión.

di Pier Luigi Porta

Pierluigi_PortaLa intervención de Luigino Bruni sobre la crisis actual es muy importante. Estamos ante una reflexión seria, realizada por un joven economista de relieve internacional, acerca de lo que no ha funcionado bien (no sólo en materia de política económica), precisamente a partir del desarrollo de las teorías e investigaciones en economía política.  

Quisiera referirme brevemente al hecho de que los peligros y derivas a que se expone la dirección de marcha de la investigación económica – deriva y peligros que Bruni ilustra con excepcional eficacia – no son novedades absolutas. La historia de la economía política, desde la modernidad hasta la actualidad, está llena de ejemplos a este propósito.  

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La diferencia con respecto al pasado está en que hoy ha crecido el número de economistas, se ha reducido su distancia de los centros de poder y sobre todo ha aumentado enormemente en los economistas lo que uno de los principales pensadores del siglo XX (también economista) llamaba la ‘pretensión de saber’.

En particular, la creciente financiarización de las economías es un fenómeno bastante complejo. Permitid que me detenga en algunos aspectos relacionados con el resultado de la financiarización y que reflejan al mismo tiempo problemas importantes que no se pueden obviar. Hay campos en los que es urgente hacer algo, porque está en juego la necesidad de proveer con estructuras e instituciones sostenibles a la satisfacción de necesidades sociales fundamentales.

Bienestar social. La preocupación y la atención por el bienestar social es un hecho que acompaña a la economía política en todas sus formas desde el comienzo de la época moderna, entre los siglos XVI y XVII. Podemos recordar que también en la economía neoclásica y marginalista de finales del siglo XIX comienzan a discutirse a fondo criterios de valoración del bienestar social y en consecuencia se discuten las posibles políticas.  Autores como Vilfredo ParetoKnut Wicksell, Arthur Cecil Pigou contribuyen de una manera fundamental al nacimiento de la moderna economía del bienestar. Al mismo tiempo, lo que hoy llamamos ‘estado social’ adquiere forma como componente de las políticas del primer Reich en Alemania, hasta que más tarde (en la postguerra), sobre todo William Beveridge  desarrollará la filosofía del estado del bienestar. En los años siguientes nace en economía un nuevo análisis del bienestar en el que se cruzan ambos caminos con la teoría de la justicia, mostrando una vez más la necesidad de abrir el análisis económico a toros polos conceptuales. El énfasis en la justicia distributiva en particular tiene su reflejo también en los desarrollos más recientes de la teoría de la justicia de John Rawls.  En el último libro del economista Amartya Sen hay una síntesis reciente de la historia de la justicia, con un enfoque que supera la concepción de Rawls.

Hoy tenemos un gran problema: la tentación de desmantelar el estado del bienestar según la concepción de Beveridge para sustituirlo por una amplia gama de instituciones financieras de seguros y previsión social.  De esta manera pasaríamos de un sistema público difícilmente sostenible a un sistema privado fuente de creciente inestabilidad financiera. Frente a problemas como estos hoy es necesario redescubrir los términos de la economía civil de tradición italiana (como sugieren Luigino Bruni y Stefano Zamagni en un conocido libro) basada en una amplia movilización de recursos humanos y personales.

Necesitamos elevar a nivel constitucional muchos de los presupuestos y de los principios de funcionamiento de la economía civil.  En este ámbito la obra de Amartya Sen es ciertamente un punto de referencia, pero la tradición italiana de pensamiento económico no es en absoluto secundaria. Un economista como  Luigi Pasinetti ha llamado recientemente la atención sobre una interpretación ‘fuerte’ de la escuela de Cambridge, en la que reconoce uno de los ejemplos más relevantes de recuperación del pensamiento económico clásico y sobre todo del sistema económico y filosófico de Adam Smith.  La dinámica estructural de Luigi Pasinetti es hoy una de las puntas de lanza del análisis económico del crecimiento. Cuando hablamos de Pasinetti y de Sen, estamos hablando de economistas e intelectuales de altísimo nivel que se mueven en un terreno decididamente más alto, asumido también por Bruni, que el cultivado hoy la pléyade de economistas de la corriente mainstream o de la ‘ciencia normal’.

Deuda públicaA  partir del siglo XVII, que puede considerarse la época de la invención de la deuda pública, los economistas en general han mantenido una actitud negativa en relación con la financiarización introducida por tal instrumento. El problema de la deuda pública se percibe inmediatamente (en términos históricos) como una desviación de la ‘correcta’ relación entre el soberano o la república y los súbditos o los ciudadanos. El gran filósofo David Hume fue también autor de algunos ensayos económicos, en uno de los cuales hablaba (a propósito de la deuda pública) de “ruinous expedient”.  También Adam Smith fue negativo. Se podría demostrar que los enormes desastres que produjo la euforia financiera entre los siglos XVII y XVIII fueron tantos y de tal calibre como para impedir (casi hasta nuestros días) una valoración positiva de los procesos de financiarización.

Todas estas actitudes han experimentado cambios relevantes en el siglo XX con autores como Schumpeter (el teórico de la simbiosis entre banca e industria) y sobre todo con la llegada de la economía keynesiana.  Son modificaciones importantes que, por una parte confirman las patologías degenerativas de los procesos de financiarización, pero al mismo tiempo dan cuenta de la necesidad concreta de tener sistemas económicos dinámicos. Una lección importante es que el exceso de rigor muchas veces es la peor garantía y se transforma fácilmente en generador de su contrario. 

Experiencia europeaEsta última observación nos conduce directamente al corazón del más serio y grave problema que puede comprometer el funcionamiento de la construcción europea.  Es un elemento que, en el marco de la crisis actual, se añade a los factores de riesgo vinculados a los procesos de financiarización y determina dificultades añadidas para los países que han adoptado la moneda única europea.  
a lungo (quasi fino ai nostri giorni) una valutazione positiva di processi di finanziarizzazione.

Muchas veces se ve la experiencia europea como un camino nuevo hacia la formación de un estado federal. Sin embargo, los estudios y la práctica convergen hoy en la demostración de que la idea de una Constitución europea encuentra fuertes obstáculos. Una ilustración de tales problemas puede encontrarse, por ejemplo, en el libro Derechos y constitución en la Unión Europea, dirigido en 2003 por el ilustre jurista Gustavo Zagrebelski.

Un problema especial es el que plantea la unificación monetaria. La creación del euro se interpreta cada vez más como una aplicación de un supuesto ‘ideal’ de moneda sin estado, excluyendo la perspectiva misma de una unidad política a nivel europeo. En realidad esta exclusión no responde en absoluto a una necesidad de la lógica económica. En economía, por el contrario, los desarrollos de la crisis actual ponen cada vez más en evidencia que el problema de la coordinación de las políticas fiscales en Europa no puede decirse que esté resuelto positivamente mientras esté vinculado únicamente a automatismos sancionados en tratados inter-europeos que tienen la naturaleza de tratados internacionales.  Así se ha creado un complejo sistema de vínculos, aparentemente muy rígidos (de una rigidez alemana, como dicen algunos), pero que después son criticables por su escasa transparencia y por dar lugar a un déficit democrático.

Existen ya muchas dudas sobre la posibilidad de supervivencia política de una unión de estados (como es la Unión Europea) en el plano de la política internacional y de defensa. Estas dudas subsisten y se refuerzan cuando se mira también la perspectiva económica. En efecto, el conflicto entre uniformidad de las políticas monetarias y diversidad de las políticas fiscales ya se ha convertido en uno de los principales problemas del presente y del futuro próximo. Este conflicto conduce en la práctica a un sistema que no posee la suficiente flexibilidad para afrontar situaciones de dificultad y de crisis, como la actual crisis ha mostrado

Los activos efectivos y potenciales de la economía civil también pueden sufrir por ello porque, en ausencia de un consenso constitucional a nivel europeo, se hace más difícil dar una articulación suficientemente incisiva al principio de subsidiariedad que, en palabras, representa uno de los puntos fundamentales de la experiencia europea.

En definitiva, garantizar el rigor monetario y fiscal con instrumentos puramente técnicos sin abordar el problema a nivel político es un atajo peligroso. También aquí la economía civil puede ofrecer hoy, sobre la base de la experiencia adquirida, importantes elementos de reflexión para un ordenamiento constitucional suficientemente ‘rico’ y al mismo tiempo flexible, para afrontar los mayores problemas de la sociedad contemporánea.    

Uno de los mayores problemas políticos de hoy deriva de la experiencia de la salida de la época del estatalismo, que por lo general ha estado mal gobernada, precisamente por la falta de directrices económicas suficientemente realistas y adecuadamente articuladas. Para este tipo de problemas, el nivel político-constitucional adquiere relieve fundamental y la Unión Europea no debería faltar a la cita.

Estos son solo algunos ejemplos de problemas urgentes y no resueltos, sobre todo porque la sabiduría convencional (sobre todo entre los economistas) todavía los enfoca siguiendo directrices peligrosamente expuestas a convertirse en factores de degeneración financiera. A diferencia de lo que ocurrió en los tiempos de la gran depresión (cuando se cometieron otro tipo de errores), en el caso actual todavía se ha hecho demasiado poco para cortarle las uñas a la financiarización impulsiva.  Los test de estrés no son suficientes. Pero el grueso de los comentaristas no se atreve a contrarrestar la sabiduría convencional y, salvo poquísimas excepciones, se entretiene y se autocomplace apoyándose acríticamente en la supuesta eficiencia intrínseca de los mercados.

La investigación económica se expande y se afina, reclama recursos y produce cada vez más. Desgraciadamente, en buena medida se trata de ‘ciencia normal’ (en el sentido de Thomas Kuhn) que se mueve dentro de un paradigma, como una cuadrilla de alegres bebedores que disfruta sus jornadas más bellas dentro de una nave averiada. A nadie se le ocurre sacar la nariz fuera. Como el mismo Kuhn había previsto, la ciencia normal prolifera de manera cada vez más rápida, ramificada y amplia, haciendo más duro el trabajo de extirpar y curar (con las que Kuhn llamaba ‘revoluciones científicas’). 

Ojalá las reflexiones de Luigino Bruni puedan contribuir a aportar aire nuevo a un debate sobre la crisis actual que se está enroscando sobre sí mismo.

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Pierluigi Porta es profesor de Economía Política en la Universidad Bicocca de Milán. La Historia del Pensamiento Económico es uno de sus ámbitos de investigación preferidos. Este es el punto de partida de su reflexión.

di Pier Luigi Porta

Pierluigi_PortaLa intervención de Luigino Bruni sobre la crisis actual es muy importante. Estamos ante una reflexión seria, realizada por un joven economista de relieve internacional, acerca de lo que no ha funcionado bien (no sólo en materia de política económica), precisamente a partir del desarrollo de las teorías e investigaciones en economía política.  

Quisiera referirme brevemente al hecho de que los peligros y derivas a que se expone la dirección de marcha de la investigación económica – deriva y peligros que Bruni ilustra con excepcional eficacia – no son novedades absolutas. La historia de la economía política, desde la modernidad hasta la actualidad, está llena de ejemplos a este propósito.  

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Reflexiones sobre el artículo "Un jubileo para Italia"

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por Luigino Bruni

publicado en generativita.it el 24/07/2011

Logo_geniusloci“La economía política no goza de popularidad ante el gran público. La guerra, la posguerra y la crisis han desmentido muchas veces las previsiones lanzadas por los economistas con aparente rigor científico. No hay que asombrarse de que algún profano se haya creído autorizado a proclamar la bancarrota de la economía política.

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Tal vez los economistas deberían posicionarse en contra de la falsa noticia de la muerte de su ciencia. No es necesario callar ante estas voces calumniosas. Es cierto que muchos economistas han pecado de falta de modestia. En vísperas de la guerra mundial muchos proclamaban en nombre de las leyes de la economía, que no se podía hacer la guerra o que si se hacía las fuerzas vivas de las naciones se agotarían en poco tiempo. A pesar de ello, la guerra duró muchos años, desmintiendo y agotando a quienes la negaban. Después, en los albores de la crisis económica, otros economistas no dudaron en declarar, en base a una falaz ciencia de la coyuntura, que la crisis no podía estallar o que si estallaba, pronto sería controlada”.[1]

En los debates que se han producido como consecuencia de la crisis de estos últimos años, que está lejos de terminar, ocurre algo raro: se ponen en discusión las reglas, las leyes y los controles del mercado financiero pero ya no se habla seriamente de poner en discusión la única cosa verdaderamente importante, que es el sistema económico capitalista y con él la naturaleza y la justificación ética del beneficio. Después de Pasolini o Don Milani, se diría que a nuestros intelectuales les falta estatura moral o el valor de las ideas para imaginar el “después” de este capitalismo y de las palabras gastadas de las ideologías, sean de derecha o de izquierda, laicas o católicas. Así nos limitamos todos a hablar inocuamente de la necesidad de una economía más ética (esperando que alguien nos explique un día el verdadero significado de esta frase; ¿es la ética del lobo o la del cordero? ¿la ética de los titulares de las Letras del Tesoro o la de los inmigrantes?), de la responsabilidad de la empresa, de la economía social y de la filantropía, fenómenos todos ellos que, bien mirados, no solo no ponen en discusión nuestro sistema económico, sino que son necesarios y funcionales para su supervivencia.

En los debates que se han producido como consecuencia de la crisis de estos últimos años, que está lejos de terminar, ocurre algo raro: se ponen en discusión las reglas, las leyes y los controles del mercado financiero pero ya no se habla seriamente de poner en discusión la única cosa verdaderamente importante, que es el sistema económico capitalista y con él la naturaleza y la justificación ética del beneficio. Después de Pasolini o Don Milani, se diría que a nuestros intelectuales les falta estatura moral o el valor de las ideas para imaginar el “después” de este capitalismo y de las palabras gastadas de las ideologías, sean de derecha o de izquierda, laicas o católicas. Así nos limitamos todos a hablar inocuamente de la necesidad de una economía más ética (esperando que alguien nos explique un día el verdadero significado de esta frase; ¿es la ética del lobo o la del cordero? ¿la ética de los titulares de las Letras del Tesoro o la de los inmigrantes?), de la responsabilidad de la empresa, de la economía social y de la filantropía, fenómenos todos ellos que, bien mirados, no solo no ponen en discusión nuestro sistema económico, sino que son necesarios y funcionales para su supervivencia.

Estoy convencido de que debemos ser más osados. Los intelectuales, los economistas y los científicos sociales tienen que volver a hacer su trabajo como críticos de la sociedad, de la suya y de la nuestra. El capitalismo es la forma que adquirió la economía de mercado hace un par de siglos en Europa y Norteamérica y, como todas las realidades históricas, está destinada a evolucionar. Si miramos bien, nos daremos cuenta que ya han existido distintos capitalismos. El capitalismo tecnocrático y financiero que conocemos hoy es muy distinto del de finales del siglo XIX, del capitalismo social europeo de la segunda posguerra y también del anterior a la globalización de los mercados. A lo largo de las distintas fases por las que ha pasado el sistema económico que podemos llamar capitalismo, hay un elemento más o menos constante que se ha tomado como dado por la naturaleza (excepción hecha de algunos momentos de la posguerra europea e italiana): que el objetivo de la empresa debe ser y es la maximización del beneficio y que este beneficio, una vez pagados los impuestos, debe terminar en los bolsillos de los accionistas. Como si fuera natural y éticamente irrelevante que la mayor parte del valor añadido que crean las empresas se convierta en propiedad únicamente de los accionistas de la empresa.

En realidad, ha habido y sigue habiendo movimientos de pensamiento y de acción que representan un desafío para el dogma del beneficio. El movimiento cooperativo, parte de la Doctrina Social de la Iglesia, algunos movimientos socialistas, la Teología de la liberación, el movimiento Gandhiano y hoy parte de la economía social, de comunión o solidaria en todo el mundo (sobre todo en América Latina). Pero tales movimientos han perdido la capacidad de presentarse como un sistema económico alternativo o son de dimensiones tan reducidas que no suponen ningún quebradero de cabeza para el sistema económico dominante, cuyos protagonistas muchas veces simplemente ignoran la existencia de estas reales o presuntas alternativas. El siglo XX, al menos hasta los años 70, conoció una época de gran fermento social e ideológico, no sólo porque había países enteros con una economía no capitalista, sino también porque, en el seno de las economías capitalistas, había formas de economía no capitalista que trataron de hacer evolucionar la economía de mercado por otros caminos. Hoy, con algunas décadas de distancia, debemos reconocer que aquellos intentos no capitalistas dentro del sistema capitalista han sido reabsorbidos y están perdiendo progresivamente sus rasgos de propuesta alternativa. Por ejemplo el modelo cooperativo, que para sus fundadores debía representar una alternativa sistémica a la empresa privada, hoy, salvo raras y luminosas excepciones (en Italia, una parte de las empresas sociales), se parece demasiado a los bancos, supermercados y empresas agrícolas capitalistas. Es cierto que sin la experiencia histórica del movimiento cooperativo, la economía “normal” sería hoy menos ética y menos humana, puesto que de distintas maneras se ha producido una contaminación de valores y de humanidad; pero la contaminación en la dirección opuesta (cualquier contaminación entre organismos vivos es siempre recíproca) ha sido más fuerte y penetrante y hoy son más los supermercados cooperativos que se parecen a los supermercados de las grandes multinacionales con ánimo de lucro que al revés, y con mucho.

Sin embargo, está surgiendo, entre líneas pero con fuerza, un malestar con respecto a la desigualdad en la distribución de la renta (la economía capitalista aumenta las desigualdades, no las reduce; este es un dato empírico, no ideológico), con respecto a los sueldos millonarios de los altos ejecutivos y con respecto a los grandes privilegios que otorgan los altos beneficios a unos pocos. Pero para poder responder adecuadamente a estas nuevas preguntas hace falta todo un trabajo teórico y cultural, plantearse nuevamente preguntas difíciles y profundas sobre la empresa, el beneficio y el sistema capitalista.

La primera pregunta que hay que plantearse de nuevo es: ¿qué es el beneficio? Limitándonos únicamente al ámbito de la economía real (sin entrar en la discusión sobre la naturaleza del beneficio procedente de la especulación), podemos afirmar que el beneficio es la parte del valor añadido generado por la actividad de la empresa que se atribuye a los propietarios o accionistas, a los antes llamados capitalistas. Así pues, el beneficio no es todo el valor añadido, sino solamente una parte y quien se apropia de él no es necesariamente el empresario, sino el capitalista (hay que recordar que para Marx el conflicto radical tampoco se daba entre empresarios – una figura todavía poco perfilada en el siglo XIX – y obreros, sino entre capitalistas y trabajadores).

Pongamos un ejemplo: La empresa A fabrica automóviles transformando acero, plástico, goma, componentes electrónicos, etc. en un producto terminado que se llama “automóvil”. Supongamos que la suma del coste de todas las materias primas que se utilizan para producir un automóvil sea igual a 10. Si la empresa A vende el automóvil a un precio de 30, el beneficio evidentemente no es igual a 20 (30-10). Todavía faltan importantes elementos de coste, entre los que destaca el coste del trabajo. Supongamos que el coste del trabajo sea 8 (para cada vehículo) y que los restantes costes (gastos financieros, amortizaciones…) sumen 3. El beneficio bruto (antes de impuestos) sería 9. Si después la empresa paga impuestos por valor de 4, el beneficio neto quedaría en 5.

Llegados a este punto, surgen al menos dos preguntas. La primera es: ¿de dónde nace y de qué depende este beneficio?

La historia del pensamiento económico es también la historia de las distintas teorías sobre la naturaleza del beneficio. Schumpeter, por ejemplo, sostenía hace ya cien años que el beneficio era “el premio a la innovación” del empresario, es decir la remuneración a la capacidad de innovación del empresario. Marx, por su parte, afirmaba medio siglo antes que el beneficio no era otra cosa que un robo de los capitalistas a los trabajadores, ya que la única y auténtica fuente del valor añadido era el trabajo humano, sobre todo el de los trabajadores, el único capaz de crear un plus de valor en los bienes (una línea de pensamiento que va desde Aristóteles hasta los Padres de la Iglesia y desde Proudhon hasta Marx). Hoy sabemos que en el valor añadido entran muchas cosas: la creatividad del empresario (y de los directivos), el trabajo de todos los demás actores de la empresa (que ciertamente contribuye a aumentar el valor de los bienes en una cuantía mayor al coste de los sueldos y salarios), las instituciones de la sociedad civil, la cultura implícita de un pueblo (como nos recuerda Giacomo Becattini a propósito de los distritos industriales), la calidad de las relaciones familiares en las que crecen los niños en sus primeros años de vida (como nos enseña el Premio Nobel James Heckman). En todo caso, lo que es cierto es que ese “5” de valor añadido no incluye solo el papel creativo de los propietarios de los medios de producción de la empresa, sino mucho más que tiene que ver con la vida de toda la empresa y con la colectividad.

La constitución italiana es consciente de ello cuando proclama en su artículo 41 la “función social” de la empresa, función que implica la naturaleza social de la empresa y del beneficio. De todos modos, una cosa es cierta: si la empresa A vende el automóvil a 30 con un beneficio de 5, en un imaginario mundo “sin ánimo de lucro” (con beneficio igual a 0) los automóviles costarían 25 en lugar de 30 (o todavía menos suponiendo que los beneficios no sean solo de 5, sino de 15 o 20 o 2000, como nos enseñan episodios recientes del capitalismo financiero).

En otras palabras, los beneficios de las empresas son también una forma de impuesto sobre los bienes que compramos los ciudadanos y que reduce el bienestar colectivo de la población. Por eso muchas veces se ha soñado con una “economía sin lucro” y en algunos momentos históricos incluso se ha llegado a realizar a pequeña o gran escala, aunque a veces creando daños mayores que los problemas que se querían resolver, como en el caso de los experimentos colectivistas del siglo XX. Estos experimentos colectivistas no funcionaron por muchas razones, todas ellas muy profundas, pero hay una que se ha revelado decisiva: nos dimos cuenta de que cuando se quita ese “5” para socializarlo, quienes ponen en marcha las empresas (ya sea el estado o los particulares) dejan de comprometerse, o dejan de hacerlo durante largo tiempo, en la innovación y el trabajo. La riqueza no sólo económica de la nación disminuye, todos se hacen más pobres y el valor (5) que se quería socializar termina por desaparecer.

A este respecto, resulta elocuente un pasaje de uno de los fundadores de la economía neoclásica, el italiano Maffeo Pantaleoni, quien en un escrito de comienzos del siglo XX retaba a los “optimistas” a demostrar que las motivaciones que hacen que “los barrenderos barran las calles, los sastres hagan trajes, los conductores de tranvía trabajen 12 horas, los mineros bajen a la mina, los agentes de cambio ejecuten órdenes, los molineros compren y vendan trigo, los agricultores caven la tierra, etc. son el honor, la dignidad, el espíritu de sacrificio, la esperanza de un premio en el más allá, el patriotismo, el amor al prójimo, el espíritu de solidaridad, la imitación de los antepasados y el bien de los sucesores y no solo una especie de retorno que se llama económico” [2] Al mismo tiempo, la gran crisis que estamos viviendo nos enseña que una economía basada en el beneficio y la especulación es igualmente insostenible. Entonces ¿qué podemos hacer?

Todo lo que está aconteciendo en el ámbito de la llamada economía civil y social, en la gran tradición cooperativa o en la economía de comunión, admite dos lecturas muy distintas. Una primera lectura, minimalista y conservadora, lee la economía social como el “tapagujeros” del sistema capitalista: la empresa normal con ánimo de lucro no consigue hacerse cargo de los “víctimas” que deja a lo largo del camino (en expresión de Giovanni Verga) y es necesario que otros realicen la función que las familias y las iglesias desarrollaban en el pasado. Esta es la lógica del 2%, que deja intacto el 98% restante (economía lucrativa), al no poner en discusión las relaciones de producción en la sociedad. Pero hay otra lectura de este movimiento de economía civil: concebir, por ahora a pequeña escala, un sistema económico donde el valor añadido, económico y social, sea repartido entre muchos (no sólo entre los accionistas), pero sin que los empresarios ni los trabajadores, “los conductores de tranvía y los barrenderos” dejen de comprometerse por falta de incentivo, evitando caer en los mismos problemas de las economías colectivistas y socialistas.

La apuesta más radical y seria de la economía de mercado que nos espera consistirá en mostrar una nueva generación de empresarios (individuos o comunidades de empresarios) motivados por razones más grandes que el beneficio. La última fase del capitalismo (que podríamos llamar financiero-individualista) nace de un pesimismo antropológico que se remonta por lo menos a Hobbes: los seres humanos serían demasiado oportunistas y auto-interesados como para pensar que puedan comprometerse con motivaciones más altas que las del interés particular (como la del bien común). No podemos dejar que esta derrota antropológica tenga la última palabra sobre la vida en común. Tenemos el deber ético de dejar a quienes vienen detrás de nosotros una visión más positiva del mundo y del hombre. Pero para que todo esto no quede únicamente en el papel sino que se convierta en vida, hace falta un nuevo humanismo, una nueva etapa educativa en la que nos eduquemos todos, niños, jóvenes y adultos en una economía donde se comparta con creatividad y donde se produzcan más bienes colectivos, sociales, medioambientales y relacionales.

Los ilustrados italianos del siglo XVIII entendieron que la felicidad es pública, porque o es de todos o no es de nadie. Por eso la pusieron en el lugar más alto de la reforma de Italia. Hoy nos estamos dando cuenta, pagando un alto precio por ello, de cuán verdadera era aquella profecía del siglo XVIII, cuando los desafíos del medio ambiente, el terrorismo, la energía y la emigración nos dicen que con más motivo en la era de la globalización no es posible ser felices en solitario, en contra de los otros. En este desafío el modelo italiano tiene todavía mucho que decir. Nos jugamos la calidad de vida, dentro y fuera de los mercados, para las próximas décadas.


[1] Robert Michels, Economía vulgar, economía pura, economía política, Discurso inaugural del curso académico 1933-1934, Universidad de Perugia, Donnini, Perugia, 1934, p. 1.
[2] Maffeo Pantaleoni, Erotemas de Economía, Laterza, Bari, 1925, I, p. 217.

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por Luigino Bruni

publicado en generativita.it el 24/07/2011

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Reinventar la naturaleza y la función del beneficio en una economía de mercado post-capitalista

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Entrevista de los profesores del Instituto Humanitas Unisinos Gilberto Antônio Faggion y Lucas Henrique da Luz a Luigino Bruni

publicado en el  Blog del IHU el 11/06/2011

logo_ihuLa Economía de Comunión dice que la empresa debe cambiar. No se trata de ocuparse de los pobres sin cambiar las estructuras económicas, sino de hacer empresas distintas que no tengan la ganancia como objetivo, que incluyan a los pobres, para evitar que mañana siga habiendo pobres”, explica el economista italiano Luigino Bruni. Según él, la Economía de Comunión “es una propuesta radical para cambiar la estructura del sistema económico a través del cambio de su institución principal: la empresa”.

Disponibile aquí el audio original en italiano:

Escucha la entrevista (en italiano)

Texto íntegro en español a continuación

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IHU On-Line – ¿Qué diferencias hay entre la Economía de Comunión y otras formas de economía, como la economía social y la economía solidaria? Dentro de las alternativas al modelo hegemónico, ¿cuáles son las diferencias de la Economía de Comunión?

Luigino Bruni – Una diferencia, por ejemplo, con respecto al modelo de la economía solidaria – que yo sólo conozco parcialmente – es la siguiente: aunque surge de un paradigma esencialmente de tipo marxista, en realidad, cuando se ocupa de la persona, sin querer, no pone en discusión el sistema de producción, es decir las relaciones económicas normales. Se ocupa de las personas que quedan fuera del juego, de los marginados, de los excluidos, pero al hacerlo no cuestiona las relaciones económicas del sistema capitalista.

La Economía de Comunión, en realidad, poniendo en el centro también la definición de la empresa, está diciendo que la empresa debe cambiar. De esta manera, no trata sólo de ocuparse de los pobres sin cambiar las estructuras económicas, sino de proponer empresas distintas, que no tengan como objetivo la ganancia, que incluyan a los pobres, para evitar que mañana siga habiendo pobres.

Así pues, es una propuesta más radical en el cambio estructural del sistema económico, por medio del cambio de su institución principal, que es la empresa. En eso hay una diferencia muy importante. Después, hay otras diferencias como el vínculo profundo entre la empresa, por una parte y los excluidos, por otra; el intento de generar estructuras de gestión de comunión dentro de la empresa, etc.

IHU On-Line – ¿Cómo se entiende el don en la Economía de Comunión?

Luigino Bruni – Basta oír a los empresarios, pero no es algo sencillo de explicar. Hay una forma equivocada de interpretar esto. ¿En qué consiste? En pensar que el empresario produce riqueza, sin preocuparse por cambiar las relaciones de producción y cuando tiene dinero, da a los pobres. Si así fuera, sería un modelo muy poco interesante y nada innovador.

En realidad podemos hablar más de gratuidad que de don, porque la gratuidad convive con los contratos, con los deudores, en las relaciones dentro de la empresa, en las relaciones comunitarias. También hay empresas que no donan sus beneficios y en cambio viven la cultura del don. La mitad de esas empresas no obtienen beneficios, bien porque están en pérdidas o porque son empresas sin ánimo de lucro, como las cooperativas sociales. Por tanto, el don no es simplemente dar dinero. El don es algo mucho más profundo. Por ejemplo, el empresario dona sobre todo talentos y recursos, más que dinero.

Así pues, la cultura del don es muy importante, pero no debe entenderse como filantropía, no debe entenderse como regalo, sino que debe entenderse como relaciones nuevas de gratuidad, una gratuidad que a veces tiene que convivir con el contrato. Por lo tanto, el don del que hablamos no se opone al contrato, al deudor, sino que es una dimensión de la vida. Nosotros hablamos de amor, de gratuidad, de ágape, porque no se trata tanto de 'lo que hago', sino de 'cómo lo hago'. Es un estilo de vida.

IHU On-Line – ¿Cuáles son las principales novedades de la Economía de Comunión en cuanto a las relaciones laborales, más concretamente, por ejemplo, en cuanto a la relación entre patrón y empleado? ¿Es una relación emancipadora, realizadora o el patrón sigue siendo patrón y el empleado sigue siendo empleado?

Luigino Bruni – La Economía de Comunión que vemos hoy es todavía muy tradicional, porque acaba de iniciar el proceso. Mejor dicho, hoy es un poco menos, pero hace 10 años era muy tradicional. Dentro de 20 años será muy diferente. Es decir, nosotros debemos cambiar también los derechos de propiedad de la empresa. No basta decir que el empresario, con buena motivación, es altruista. Es preciso cambiar las relaciones dentro de la empresa que, con formas jurídicas diversas, deben nacer de la vida.

En algunos países del mundo, como por ejemplo en Italia, ya hay experiencias participativas, en el contrato, en las reglas formales. En otros países no, pero hay un movimiento que seguramente llevará a una superación de la forma tradicional en la que está el patrón por una parte y el empleado por la otra. Ahora eso todavía no es muy visible.

Si alguien mira desde fuera, no ve mucha novedad, pero la verá en breve, en algunos años. Porque la tendencia es a llegar a formas de empresa diferentes, más participativas e inclusivas.

IHU On-Line – ¿Cuáles son las principales dificultades de la Economía de Comunión? ¿Y qué contribución puede dar al paradigma liberal que hoy domina globalmente?

Luigino Bruni – Si echamos la vista 20 años atrás, veremos un camino. Hoy, la Economía de Comunión empieza a ser un proyecto que produce categorías diferentes, que comienzan a ser aceptadas en algunos sectores, como la fraternidad, la reciprocidad, la gratuidad, la felicidad, los bienes relacionales. Son categorías originales, que han nacido dentro de la Economía de Comunión, categorías también teóricas.

Pero todavía es una semilla, o sea, todavía está en el comienzo, porque es un proyecto muy complejo. Todavía estamos en las primeras horas del día. Pero ya se ven algunas cosas. Es una tendencia importante y sobre todo, empezamos a ver el interés creciente de las universidades. Sólo en este último año, tres o cuatro universidades – en Africa, Chile e Italia – han incluido en su currículo de estudios cursos sobre la Economía de Comunión.

Es un movimiento creciente. La tendencia es muy positiva. Pero los tiempos son largos, porque se trata de un organismo muy complejo. Y cuanto más complejo es el organismo, más larga es la infancia. Por ejemplo, un gato en tres meses ya es adulto; un hombre necesita 20 años. Puesto que nuestro carisma es muy complejo – es un carisma espiritual, religioso, con muchas dimensiones que van desde el arte a la cultura y desde el deporte a la política – requiere más tiempo para que se comprendan las novedades que trae, porque tiene un periodo de incubación mucho más largo.

Así pues, dentro de 10 o 15 años veremos cosas hermosas. En 10 años se podrá llegar a una masa crítica para salir más a la vida pública y no sólo en pequeños ambientes. Si vivimos, lo veremos.

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Entrevista de los profesores del Instituto Humanitas Unisinos Gilberto Antônio Faggion y Lucas Henrique da Luz a Luigino Bruni

publicado en el  Blog del IHU el 11/06/2011

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Disponibile aquí el audio original en italiano:

Escucha la entrevista (en italiano)

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Economía de comunión: una propuesta para el cambio económico

Entrevista de los profesores del Instituto Humanitas Unisinos Gilberto Antônio Faggion y Lucas Henrique da Luz a Luigino Bruni publicado en el  Blog del IHU el 11/06/2011 “La Economía de Comunión dice que la empresa debe cambiar. No se trata de ocuparse de los pobres sin cambiar las estructura...
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El 12 y el 13 de junio los italianos están llamados a votar en dos referendums sobre el agua pública

por Luigino Bruni

publicado en ilsussidiario.net el 9/06/2011

AcquaLo que más me sorprende en estos días de discusión sobre el agua, es que todo el debate sigue enteramente  centrado en el binomio y en la contraposición Estado-mercado. Sobre la gestión del agua se han formado dos partidos: el de los que quieren mantener la gestión pública (esto es, a cargo de la administración pública) y el de los que quieren dejarla en manos del mercado. Los partidarios de lo público afirman que el agua no es una mercancía y que no se pueden obtener ganancias de los bienes comunes, pues pronto se convertirían en un impuesto para los ciudadanos (verdad sacrosanta, por lo demás); los partidarios del mercado dicen que lo público significa desperdicio, corrupción e ineficiencia.

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Esta visión dicotómica es una enfermedad muy italiana (y latina). Seguimos viendo el mundo social en dos dimensiones y nos olvidamos de un tercer elemento (no tercer sector, atención) que se llama sociedad civil, que siempre es crucial para la calidad de la democracia. Estoy convencido de que no encontraremos una solución compartida a este tema crucial hasta que no demos centralidad a este “tercero excluido”, la sociedad civil y a sus expresiones incluso económicas.

¿Por qué no imaginamos y después también realizamos para la gestión del agua una solución similar a la que ha surgido de la sociedad civil para los temas del cuidado, del malestar o de la enfermedad mental? En estos sectores, que son otras tantas formas de bienes comunes, hace treinta años su gestión estaba totalmente en manos del Estado (y de las familias); hoy gran parte de estos servicios está en manos de millares de cooperativas sociales que los administran con sensibilidad ética y relacional, en modo eficiente (mercado por lo tanto), pero sin tener la ganancia como móvil. Es la llamada empresa social o civil, esto es un sujeto movido por finalidades sociales y solidarias, que no tiene como propósito la ganancia.

La sociedad civil ha sabido producir empresarios sociales, que aun sin esperar grandes remuneraciones del capital invertido, han querido y sabido utilizar su talento empresarial para administrar bienes comunes (los empresarios son esenciales para administrar en modo eficiente recursos escasos). Y todo ello ha sido posible (en los casos más virtuosos, no todos obviamente) gracias a una nueva alianza o pacto entre el mercado, el sector público y la sociedad civil: el sector público está muy presente, pero es un partner más junto a los empresarios y a la comunidad.

Para el agua creo que deberíamos concebir una solución similar: dar vida, mediante leyes específicas (como sucedió en 1991 con la cooperación social) a nuevas empresas sociales para la gestión del agua que sean fruto de una alianza entre el sector público, las empresas y la sociedad civil. Esto no implica prohibir por ley que las empresas sociales tengan beneficios (entre otras cosas, porque necesitarán capitales significativos), sino limitarlos (no hablamos de empresas “non profit” sino “low profit”), prever una gestión pluralista, con más sujetos involucrados en las decisiones e instituir vínculos profundos con las comunidades locales interesadas en la gestión del agua.

La empresa social, que algunos llaman empresa de comunidad o de comunión, es la solución para la gestión de los bienes comunes, no solo del agua, sino también del suelo público de las ciudades (parques), de la energía, del medio ambiente, una solución perfectamente en línea con el principio de subsidiariedad.

Por esta razón estoy convencido de que el día más importante será el día después del referendum, porque si gana (como espero) el sí, nos encontraremos solamente al inicio del proceso, porque la gestión pública (dejar las cosas como están) no es la solución, sino el problema a resolver. Deberemos de inmediato dar vida a estas nuevas empresas sociales, buscar juntos la solución al problema, que no puede consistir en mantener el status quo, sino en una mayor creatividad y fantasía política, económica y civil.

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El 12 y el 13 de junio los italianos están llamados a votar en dos referendums sobre el agua pública

por Luigino Bruni

publicado en ilsussidiario.net el 9/06/2011

AcquaLo que más me sorprende en estos días de discusión sobre el agua, es que todo el debate sigue enteramente  centrado en el binomio y en la contraposición Estado-mercado. Sobre la gestión del agua se han formado dos partidos: el de los que quieren mantener la gestión pública (esto es, a cargo de la administración pública) y el de los que quieren dejarla en manos del mercado. Los partidarios de lo público afirman que el agua no es una mercancía y que no se pueden obtener ganancias de los bienes comunes, pues pronto se convertirían en un impuesto para los ciudadanos (verdad sacrosanta, por lo demás); los partidarios del mercado dicen que lo público significa desperdicio, corrupción e ineficiencia.

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Salvemos el agua del Estado y del mercado

El 12 y el 13 de junio los italianos están llamados a votar en dos referendums sobre el agua pública por Luigino Bruni publicado en ilsussidiario.net el 9/06/2011 Lo que más me sorprende en estos días de discusión sobre el agua, es que todo el debate sigue enteramente  centrado en el binomio y ...
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Entrevista a Martha Nussbaum - La filósofa Martha Nussbaum responde a quienes pretenden llevar a una escala numérica la satisfacción de las personas con su propia vida: “Obliga a realizar burdas simplificaciones. Pero la humanidad vive en los matices

por Luigino Bruni

publicado en Avvenire el 7/06/2011

Martha_Nussbaum_ridLoppiano (Florencia) - Martha Nussbaum es uno de los pocos filósofos que han conseguido alcanzar dos objetivos en su actividad investigadora: dialogar seriamente con la ciencia económica y ocuparse de temas directamente relacionados con la vida de las personas, en particular de las más desfavorecidas. Hacía 40 años que no venía a la Toscana. Ahora ha vuelto para dar una conferencia en el Instituto Universitario Sophia, en la ciudadela de Loppiano del movimiento de los Focolares.  En su conferencia ha hablado sobre “emociones públicas y sociedad decente”. Se trata de un tema de enorme relevancia también para la sociedad italiana: las emociones que hay que apoyar y estimular para que la sociedad pueda desarrollar sentimientos generalizados de simpatía entre sus miembros. Antes de la conferencia ha departido durante algunas horas con los estudiantes.

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Después de Sophia, Nussbaum se desplazará a Milán (pasando por Bolonia, donde presentará su último libro “No por beneficio”, Il Mulino), para participar el miércoles y el jueves en la conferencia internacional “Mercado y Felicidad”. Precisamente sobre su visión de la felicidad hemos querido hacerle algunas preguntas.

¿Cómo valora el debate sobre la medición de la felicidad subjetiva?
“Yo veo principalmente dos problemas. El primero, de acuerdo con los actuales estudios sobre la felicidad, se refiere a la naturaleza cualitativa y multidimensional de la felicidad. Es un tema clásico. Mill ya decía que la felicidad no es una realidad unidimensional. Cuando medimos la felicidad con una única escala es evidente que reducimos las distintas dimensiones de la felicidad a una sola, que es algo mucho más simple y alejado de lo que nosotros entendemos por felicidad. Si preguntáis a una persona “cuán feliz es” sin obligarle a elegir como respuesta un número del 1 al 10, las personas suelen dar respuestas complejas como esta: “estoy bien de salud, mis ingresos han empeorado, hace poco ha fallecido un amigo…” y así sucesivamente. Lo que estamos intentando hacer con el concepto de “capacidades” es precisamente especificar los distintos componentes del bienestar de una persona. No hay una única medida que sea adecuada.”

¿Y el segundo problema?
“Tiene que ver con el conocido problema que puso de manifiesto Amartya Sen por primera vez en los años 70, de la adaptación de las preferencias. La gente tiende a estar contenta con lo poco que tiene y con lo poco que espera tener. Jon Elster nos ha enseñado que muchas veces nos comportamos como la zorra con las uvas: no conseguimos alcanzar objetivos más altos y entonces nos acomodamos y con el paso del tiempo incluso dejamos de desear esas realidades que no conseguimos alcanzar. Otras veces, y estos son los casos más interesantes sobre todo cuando nos ocupamos del desarrollo y la pobreza, ni siquiera tenemos una idea correcta de en qué consiste nuestro bienestar. Pensemos en las mujeres de algunas zonas del mundo; son educadas para que les parezca normal que las mujeres no reciban enseñanza, para que crean que las chicas con estudios no tendrán un buen matrimonio, etc. Así estas mujeres matan sus deseos al nacer; es más, son los deseos mismos los que se adaptan desde la infancia a las normas de una cultura y unas tradiciones determinadas. Sen, por ejemplo, ha mostrado que la adaptación de las preferencias también funciona para la salud física. Hay personas, sobre todo en zonas pobres, que dicen estar bien incluso cuando objetivamente padecen enfermedades graves; al no poder compararse con una salud distinta, se adaptan y consideran bienestar lo que en realidad no lo es (y que además les lleva a vivir una vida breve, con malnutrición y con muchas desventajas). Si este problema de la adaptación se da incluso con la salud física, imaginemos lo potente que puede ser este efecto en temas como educación, derechos y libertades”.

Entonces el enfoque de las capacidades mide lo que la gente efectivamente hace y no lo que siente o cree. ¿Puede un esclavo estar perfectamente adaptado e incluso ser feliz?
“Sí. De hecho, como ya señaló Mill, la felicidad no es un estado, sino una actividad. Hoy muchos asocian la felicidad a un estado momentáneo, a un placer, pero en Mill (y en mi planteamiento), la pregunta que hay que dirigir a las personas al estudiar la felicidad no sería tanto “¿cuán feliz te sientes o te consideras?, sino ¿qué haces en tu vida? ¿qué actividades consigues desarrollar?”. Este es un punto central en todo el planteamiento de Daniel Kahneman: cuando él, con su método empírico, trata de medir los sentimientos momentáneos, hace algo posible y tal vez interesante. Pero cuando se trata de medir la “satisfacción de la propia vida en su conjunto”, como se hace hoy en los estudios sobre la felicidad, entramos en un terreno ambiguo. En efecto, si la satisfacción con la propia vida en su conjunto es un sentimiento, creo que este dato es poco interesante. En cambio, si queremos medir un juicio meditado de una persona sobre su propia vida, entonces la felicidad tiene poco que ver con los sentimientos. Cuando en 1996 Kahneman me pidió opinión sobre su programa de investigación para medir la felicidad momentánea, yo expresé muchas de estas dudas y él me dijo: “gracias, pero estas dudas no puedo tomarlas en consideración ahora, porque ya estamos entrando en la fase operativa del proyecto”. Así la medición de la felicidad despegó, pero los problemas que señalo permanecen."

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Entrevista a Martha Nussbaum - La filósofa Martha Nussbaum responde a quienes pretenden llevar a una escala numérica la satisfacción de las personas con su propia vida: “Obliga a realizar burdas simplificaciones. Pero la humanidad vive en los matices

por Luigino Bruni

publicado en Avvenire el 7/06/2011

Martha_Nussbaum_ridLoppiano (Florencia) - Martha Nussbaum es uno de los pocos filósofos que han conseguido alcanzar dos objetivos en su actividad investigadora: dialogar seriamente con la ciencia económica y ocuparse de temas directamente relacionados con la vida de las personas, en particular de las más desfavorecidas. Hacía 40 años que no venía a la Toscana. Ahora ha vuelto para dar una conferencia en el Instituto Universitario Sophia, en la ciudadela de Loppiano del movimiento de los Focolares.  En su conferencia ha hablado sobre “emociones públicas y sociedad decente”. Se trata de un tema de enorme relevancia también para la sociedad italiana: las emociones que hay que apoyar y estimular para que la sociedad pueda desarrollar sentimientos generalizados de simpatía entre sus miembros. Antes de la conferencia ha departido durante algunas horas con los estudiantes.

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La medida (falsa) de la felicidad

Entrevista a Martha Nussbaum - La filósofa Martha Nussbaum responde a quienes pretenden llevar a una escala numérica la satisfacción de las personas con su propia vida: “Obliga a realizar burdas simplificaciones. Pero la humanidad vive en los matices” por Luigino Bruni publicado en Avvenire el 7/06/...
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por Luigino Bruni

publicado en il sole 24 ore el 25/05/2011

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Durante mucho tiempo, la idea dominante respecto a la desigualdad era que su evolución podía representarse como una U invertida: crece en las primeras fases del desarrollo para disminuir en las fases más avanzadas. Esta teoría llevaba a considerar legítimo un aumento de la desigualdad cuando el desarrollo estaba en fase de despegue. El gran economista Albert Hirschman ponía como ejemplo la metáfora del atasco: si estamos atascados en la autopista y vemos que el automóvil del carril adyacente comienza a moverse, también nosotros nos alegramos porque pensamos que en breve nuestro carril también se moverá.

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Durante mucho tiempo se ha creído también que existía un compromiso necesario entre equidad (igualdad) y crecimiento (eficiencia): al estar distribuidos los talentos de manera desigual entre la población, había que dejar que unos pocos pero muy eficientes crecieran por encima de la media. Los efectos de este mayor crecimiento de unos pocos repercutirán también en los más pobres, en forma de transferencias, impuestos y bienes públicos y meritorios (educación, sanidad, bienestar, etc.).

En realidad, de acuerdo con el último informe ISTAT sobre el sistema país, que afirma que el riesgo de pobreza o exclusión social se cierne sobre unos 15 millones de italianos (24,7%), estas teorías no parecen contar la historia real. Después de una fase de disminución, la desigualdad ha comenzado a aumentar nuevamente en las últimas dos décadas. Italia es hoy uno de los países europeos con un índice de desigualdad más alto (índice de Gini). Además, datos procedentes de distintos países muestran que la relación entre crecimiento y desigualdad es compleja y muchas veces conflictiva.

En las sociedades sencillas y estáticas, como la italiana hasta hace unas cuantas décadas, el estado y la familia desempeñan los papeles principales en la creación y redistribución de la riqueza. La fase de aumento del “tamaño de la tarta” (eficiencia) podía ser más importante que la del “reparto de los trozos” (equidad). Pero lo que dice la historia reciente de la sociedad italiana post-moderna es que en un contexto más dinámico, con menos familia y menos estado, ya no es cierto que el aumento de la tarta haga que el tamaño de todos los trozos sea más grande. De hecho, por una parte, en los últimos 20 años la parte de la renta producida que se destina al trabajo (salarios) ha disminuido mucho con respecto a la parte de la renta financiera y de la renta en general (debido también a decisiones fiscales concretas). Por otra parte, si la pobreza relativa aumenta, como ocurre en Italia, sobre todo entre las familias jóvenes, es fácil comprender que el consumo se resiente seriamente y con él el crecimiento del país. Entonces ¿qué se puede hacer?

En los años 50 y 60 la Italia del milagro económico supo incluir a millones de personas que hasta entonces se habían quedado en los márgenes de la vida económica y por lo tanto civil. La fábrica, la inmigración y el estado social desempeñaron conjuntamente una función de reducción de la desigualdad sustancial, de la pobreza absoluta y relativa y de aumento de la riqueza nacional e individual. Pero este milagro, a la vez económico (crecimiento) y ético (inclusión e igualdad), fue posible también y sobre todo porque a todas las personas se les garantizaron unos servicios sanitarios básicos, educación, pensiones y derechos humanos. Hoy, en una sociedad post-moderna y fragmentada, estos servicios y derechos básicos cada vez están menos garantizados, y sin embargo tenemos que empezar a afirmar con energía que deben convertirse pronto en derechos humanos universales. Pensemos en los nuevos pobres, en los inmigrantes, en los ancianos dependientes sin red familiar, en las familias jóvenes con niños.

Sin este aumento de la igualdad sustancial entre los ciudadanos, el crecimiento no puede recuperarse, porque falta no sólo la demanda de bienes de consumo, sino también el entusiasmo y la alegría de vivir de los jóvenes, sin los cuales ningún país ha crecido nunca. Cuando pasa algún tiempo y el carril del vecino sigue corriendo y el tuyo permanece parado, los automovilistas comienzan a pasarse al otro carril, el tráfico se complica de nuevo, se crean nuevos atascos y a algunos les entra la tentación de pasarse ilegalmente al carril de emergencias.

Para terminar – como demuestra el nuevo “Better Life Index” que ayer hizo público la OCSE – los estudios sobre la desigualdad y la pobreza deberían revisarse en profundidad, teniendo en cuenta las conquistas de la ciencia económica. En primer lugar, como ya adelantamos, en la medida de la pobreza y la desigualdad hay que añadir los bienes públicos a la renta individual y familiar, ya que tener 1.000 euros en Trento (con guarderías, transportes públicos eficientes, hospitales cercanos y con buen funcionamiento, etc.) es muy distinto que tenerlos en el interior de la Basilicata. Además, como nos ha enseñado sobre todo Amartya Sen, la pobreza y la riqueza no son tanto cuestión de renta y de bienes como de capacidad de hacer, de capacidad de transformar los recursos, pocos o muchos, en actividades, libertad y desarrollo.

Todo esto nos vuelve a llevar al tema de las relaciones, de los lazos que mantienen unida a cualquier ciudad y a cualquier país y que hoy en Italia se están debilitando cada vez más. Sin crear un vínculo llamado nuevo pacto social, no será posible reducir la desigualdad ni aumentar la riqueza nacional.

© REPRODUCCION RESERVADA

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por Luigino Bruni

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Durante mucho tiempo, la idea dominante respecto a la desigualdad era que su evolución podía representarse como una U invertida: crece en las primeras fases del desarrollo para disminuir en las fases más avanzadas. Esta teoría llevaba a considerar legítimo un aumento de la desigualdad cuando el desarrollo estaba en fase de despegue. El gran economista Albert Hirschman ponía como ejemplo la metáfora del atasco: si estamos atascados en la autopista y vemos que el automóvil del carril adyacente comienza a moverse, también nosotros nos alegramos porque pensamos que en breve nuestro carril también se moverá.

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La curva en U de la desigualdad

por Luigino Bruni publicado en il sole 24 ore el 25/05/2011 Durante mucho tiempo, la idea dominante respecto a la desigualdad era que su evolución podía representarse como una U invertida: crece en las primeras fases del desarrollo para disminuir en las fases más avanzadas. Esta teoría llevaba a co...
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por Luigino Bruni

Cinema-Pirati-dei-CaraibiUn grupo de 5 piratas encuentra un tesoro de 100 lingotes de oro en una isla desierta. Entre ellos rige esta regla: el más anciano debe hacer primero una propuesta de acuerdo para repartir el tesoro encontrado, pero si no logra la mayoría de  los votos (el voto del más anciano vale el doble en caso de empate) es eliminado por los otros cuatro compañeros (es expulsado del barco), y será el segundo más anciano el que haga su oferta de repartición con la misma regla, y así sucesivamente.

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Si los piratas son racionales y auto-interesados, la mejor oferta que el más anciano debe hacer para obtener el consenso es la siguiente: ofrecer un solo lingote al tercero, uno al quinto y quedarse con los restantes 98.

(La demostración no es común pero puede ser intuida razonando al revés, partiendo del final: ¿por qué el tercer y el quinto pirata – los únicos a los cuales el primero les pide el voto – deberían rechazar la oferta?  Si no la aceptaran y  eliminaran al primero, el turno pasaría al segundo: ¿qué les ofrecerá a los tres que quedan? Le ofrecerá uno al cuarto (el penúltimo), y nada a los otros dos, que son exactamente el 3º y el 5º, a los cuales el anciano les había ofrecido 1. Puesto que tienen que comparar entre 1 y 0, aceptarán la oferta del más anciano).

Esta historieta es una buena representación de cómo se alcanzan los acuerdos entre individuos racionales y auto-interesados en contextos de elección no repetidos o trágicos, cuando existe una asimetría de poder entre las partes, y cuando alguno tiene el poder de realizar el primer movimiento, sabiendo que, si no pasa, tiene que abandonar el juego, pasando el poder pasa al segundo y así sucesivamente. El mensaje que encierra este juego es el siguiente: para no ser eliminado, nunca hay que buscar el acuerdo con el segundo, sino con el último, aun teniendo un amplio poder. Ahora, imaginemos que los grupos sean 5, ordenados en numero de votos recibidos en el primer turno. ¿Qué aconseja en este caso la lógica de este juego? El primero de los cinco, si no quiere equivocar la oferta y dejar el campo al segundo, debe aliarse con dos grupos menores, el tercero y sobre todo el quinto, el más debil. No debe buscar al tercero y el cuarto, sino el tercero y el ultimo, porque el cuarto no aceptaría  la oferta o es menos probable que la acepte que el 1º y el 3º (pero querría más de 1 lingote, porque podría obtener al menos la misma oferta del segundo).  Es decir, las alianzas tienden a ser: 1-3-5 de una parte, 2-4 de la otra.

Otros dos corolarios:

1.    El primer proponente para salvarse (no ser expulsado de la nave o vencer) no debe ofrecer un reparto equitativo (20 a cada uno), sino fuertemente inicuo. En efecto, si hubiese ofrecido una distribución diferente de (98, 1, 1), una tripulación racional lo hubiera expulsado del barco (no hubiera logrado el acuerdo, porque los jugadores hubieran podido obtener en el segundo turno la misma asignación pero con uno menos (25 cada uno, 100/4), y así sucesivamente.

2.    El juego cambia radicalmente cuando los piratas son muchos y superan determinado umbral. Si por ejemplo con un tesoro de 100 los jugadores fuesen más de 200, el primer proponente salvaría la vida (o evitaría un baño en el océano) únicamente repartiendo el dinero sin quedarse con nada (debería dar un lingote a todo pirata numerado par, hasta el 198°).

¿Pueden estas reflexiones servir para algo práctico? ¡Quién sabe!

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por Luigino Bruni

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Los piratas y las elecciones

por Luigino Bruni Un grupo de 5 piratas encuentra un tesoro de 100 lingotes de oro en una isla desierta. Entre ellos rige esta regla: el más anciano debe hacer primero una propuesta de acuerdo para repartir el tesoro encontrado, pero si no logra la mayoría de  los votos (el voto del más anciano...
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La economía global ofrece oportunidades pero también conlleva riesgos. Hay que hacer que el mercado se convierta en un lugar de inclusión para todos..

por Luigino Bruni

editorial publicado en Mondo e Missione n.5/2011

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La economía globalizada es una máquina potentísima, pero frágil e inestable. Este es uno de los mensajes que podemos sacar de la crisis que estamos atravesando. La economía globalizada crea enormes oportunidades de riqueza, pero produce también nuevos costes, una incertidumbre radical de los sistemas financieros y fuertes desequilibrios sociales. Muchas veces las consecuencias de las crisis las pagan otros sectores distintos de los que las provocaron y normalmente son mucho más pobres. Por eso la justicia social es hoy directamente el tema dominante de la nueva economía. Lo estamos viendo en Oriente Medio (no olvidemos que lo que ha desencadenado la revolución de estos meses son problemas de justicia económica), y creo que lo seguiremos viendo en los próximos años en los países árabes, pero también en China e India donde, una vez que las libertades individuales y la democracia levanten el vuelo, dejará de tolerarse la enorme desigualdad que encontramos hoy en estos nuevos colosos.

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Estoy convencido de que el mundo se está haciendo cada vez más intolerante con respecto a la desigualdad, dentro de cada país y entre distintos países, como si el hombre post-moderno, informado y global, después de la democracia política empezara a pedir seriamente democracia económica. Y parece que se está dando cuenta, aunque tarde y con dificultad, de que la democracia económica es parte esencial de la democracia política. En efecto, el mercado, que es un ámbito de la vida en común regido por la regla de oro de la ventaja mutua, no es capaz de asegurar la justicia distributiva, sino más bien todo lo contrario. A no ser que vaya acompañado de otros principios e instituciones coesenciales, con el tiempo el mercado tiende a aumentar las desigualdades. El mercado es, por una parte, un lugar de libertad y creatividad que se basa en el talento individual y los talentos no están uniformemente distribuidos entre la población. Pero por otra parte, en la competición del mercado no salimos todos de la misma línea y aquellos que hoy tienen más (recursos, educación, oportunidades …) tienden a tener todavía más mañana.

Entonces ¿qué podemos hacer?

El 29 de mayo de 2011 es el aniversario de la institución de la Economía de Comunión (EdC), el proyecto económico lanzado en Brasil por Chiara Lubich, en el mismo mes en que Juan Pablo II publicó la Centesimus annus, una encíclica que Chiara leyó y meditó durante aquel viaje. En esta ocasión, representantes del mundo de la EdC volverán a encontrarse en Sao Paulo del 25 al 29 de mayo para hacer balance de estos primeros 20 años y sobre todo para mirar a los próximos 20 (www.edc-online.org). El mensaje lanzado por Chiara durante aquel viaje a Brasil sigue hoy muy vivo, está creciendo y madurando en la historia, mucho más allá de la comunidad (los Focolares) en la que nació, como bien ha percibido Benedicto XVI cuando ha querido señalarla en la Caritas in Veritate como una experiencia a desarrollar y difundir..

El mensaje es sencillo y claro: la empresa debe ser antes que nada un instrumento y un lugar de inclusión, de comunión y de justicia, ya que a la vez que produce riqueza se encarga de redistribuirla. Si queremos que la democracia económica y la justicia redistributiva crezcan, no podemos dejarlo todo en manos de los estados o los gobiernos. Debe ser la propia empresa, impulsada por la sociedad civil y por los ciudadanos del mundo, la que evolucione y empiece a ocuparse de cosas nuevas, de las “res novae” del contexto globalizado en que vivimos. La empresa no puede limitarse a operar dentro de la legalidad, pagar los impuestos (aun cuando lo haga) y hacer un poco de filantropía para apaciguar a los clientes. En esta nueva fase, a la empresa se le pide más, mucho más, si queremos que la sociedad civil considere a la empresa y a la economía como amigas del Bien común. Bienvenido sea el cumpleaños de la EdC si sirve para recordar a todas las empresas esta necesidad de convertirse en otra cosa, de evolucionar hacia una economía a la medida del hombre.

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La economía global ofrece oportunidades pero también conlleva riesgos. Hay que hacer que el mercado se convierta en un lugar de inclusión para todos..

por Luigino Bruni

editorial publicado en Mondo e Missione n.5/2011

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La economía globalizada es una máquina potentísima, pero frágil e inestable. Este es uno de los mensajes que podemos sacar de la crisis que estamos atravesando. La economía globalizada crea enormes oportunidades de riqueza, pero produce también nuevos costes, una incertidumbre radical de los sistemas financieros y fuertes desequilibrios sociales. Muchas veces las consecuencias de las crisis las pagan otros sectores distintos de los que las provocaron y normalmente son mucho más pobres. Por eso la justicia social es hoy directamente el tema dominante de la nueva economía. Lo estamos viendo en Oriente Medio (no olvidemos que lo que ha desencadenado la revolución de estos meses son problemas de justicia económica), y creo que lo seguiremos viendo en los próximos años en los países árabes, pero también en China e India donde, una vez que las libertades individuales y la democracia levanten el vuelo, dejará de tolerarse la enorme desigualdad que encontramos hoy en estos nuevos colosos.

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Justicia económica, apuesta posible

La economía global ofrece oportunidades pero también conlleva riesgos. Hay que hacer que el mercado se convierta en un lugar de inclusión para todos.. por Luigino Bruni editorial publicado en Mondo e Missione n.5/2011 La economía globalizada es una máquina potentísima, pero frágil e inestable. Este...
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Con ocasión del dialogo con Mons. Coletti, el 30 de marzo de 2011, en las "Primaveras de Como", entrevista con Luigino Bruni

por Barbara Faverio

publicado en “La Provincia” el 30/03/2011

Logo_La_ProvinciaDisponer de bienes es indispensable para el bienestar, pero un exceso de riqueza puede conducir a una degradación de las características relacionales y ambientales. Lo explica Luigino Bruni, profesor en la Facultad de Economía de la Universidad Bicocca de Milán, protagonista hoy del debate con monseñor Diego Coletti.

Profesor Bruni, ¿qué es el bienestar para un economista?

Para un economista el bienestar es muy parecido al de todos los demás. Con una particularidad: atribuye más peso a los aspectos materiales de la vida para el bienestar general de las personas. Los economistas (más los de ayer que los de hoy) saben que, cuando se es pobre, la renta es muy importante, ya que por lo general aumenta la libertad de las personas.

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El desarrollo es libertad, como reza el título de un libro del economista A. Sen (contemporáneo, pero más cercano a Smith que a sus colegas de hoy). Una frase que no está lejos de otras de Pablo VI sobre el desarrollo. Al mismo tiempo hoy nos estamos dando cuenta de que cuando el bienestar material supera un determinado umbral (el que garantiza una vida decente), el bienestar económico puede entrar en conflicto con el bienestar general. Es la conocida como “paradoja de la felicidad”.

La crisis económica ¿ha obligado a redefinir el concepto de bienestar?

En parte sí, porque nos ha mostrado al menos dos cosas: que la riqueza que no viene del trabajo (como la especulación financiera) raramente se transforma en bienestar y que el mercado, para funcionar bien, necesita que haya confianza entre las personas. En otros términos, el contrato necesita que haya un pacto subyacente que genere confianza. La crisis ha supuesto la demostración de que unas finanzas autorreguladas, que crean poder funcionar sin referencia a un pacto de lealtad y corrección entre personas e instituciones, no producen bienestar, sino “mal común”.

En su opinión ¿cómo deberíamos comportarnos?

Valorar más los bienes relacionales y menos los bienes de consumo. Los bienes de consumo se destruyen con el uso y muchas veces nos dejan insatisfechos (por lo que volvemos a comprar), mientras que los bienes relacionales (amistad, amor, comunidad) aumentan con el uso y son una inversión que produce mucho bienestar a lo largo del tiempo.

Usted ha estudiado el tema de la felicidad en economía, ¿qué relación hay entre bienes y bienestar?

Cuando la renta (per-capita o como país) es baja, el aumento de renta produce también aumento de bienestar, en general. Cuando se alcanza determinado nivel, el signo puede invertirse, porque el aumento de renta “contamina” a otros bienes como los medioambientales, los relacionales y los espirituales y así podemos encontrarnos más opulentos y menos satisfechos.

¿Pero la economía está autorizada a ocuparse también de las relaciones entre los seres humanos?

No solo está autorizada, sino que debe hacerlo, porque si no se ocupa de ellas, simplemente las destruye. En los años sesenta, la economía no “veía” los bienes medioambientales y teorizaba empresas eficientes que, en cambio, estaban destruyendo el medio ambiente. Si hoy la economía no “ve” las relaciones humanas como bienes, da consejos de política económica donde las relaciones humanas cada vez son más costosas y difíciles (pensemos en la construcción de las ciudades, en los lugares de trabajo, en los transportes, en las guarderías, en los ancianos, en los supermercados, etc.).

La economía de hoy ¿trata de alcanzar un modelo de bienestar compatible con una visión global del hombre?

Todavía no, pero hay un gran debate abierto y las crisis que estamos viviendo pueden ayudar a tomar conciencia individual y colectiva.

El concepto de gratuidad ¿puede añadir valor a la dimensión existencial?

La gratuidad es una condición del ser humano, porque expresa un exceso sobre lo que es debido y por ello expresa libertad. Sin gratuidad no tendríamos trabajadores sino sólo máquinas y ordenadores. Una economía sin gratuidad no traspasa el umbral de lo humano y tampoco el de la economía que es la gestión de la casa de los seres humanos y del planeta.

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Con ocasión del dialogo con Mons. Coletti, el 30 de marzo de 2011, en las "Primaveras de Como", entrevista con Luigino Bruni

por Barbara Faverio

publicado en “La Provincia” el 30/03/2011

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Profesor Bruni, ¿qué es el bienestar para un economista?

Para un economista el bienestar es muy parecido al de todos los demás. Con una particularidad: atribuye más peso a los aspectos materiales de la vida para el bienestar general de las personas. Los economistas (más los de ayer que los de hoy) saben que, cuando se es pobre, la renta es muy importante, ya que por lo general aumenta la libertad de las personas.

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La riqueza "contamina" otros bienes esenciales...

Con ocasión del dialogo con Mons. Coletti, el 30 de marzo de 2011, en las "Primaveras de Como", entrevista con Luigino Bruni por Barbara Faverio publicado en “La Provincia” el 30/03/2011 Disponer de bienes es indispensable para el bienestar, pero un exceso de riqueza puede conducir a una degradación...
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por Fabio Poles

publicado en GVonline el 14 de febrero de 2011

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¿Es posible que la salida a la difícil situación actual de la economía italiana y mundial venga de la intuición y de las primeras elaboraciones teóricas de una mujer que en su día fue “rechazada” por la Universidad de Venecia y nunca llegó a graduarse?

Es posible si esa mujer es Chiara Lubich, la fundadora del Movimiento de los Focolares fallecida en 2008 y si el tema de su construcción teórica es la “economía de comunión”.

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En Venecia no la quisieron... «Chiara no pudo ir a la Universidad de Venecia, aunque lo deseó con fuerza. Casi como un consuelo, sintió que Jesús le decía: ‘yo seré tu maestro’. Por eso siempre buscó la justificación teórica y científica del carisma del movimiento que fundó. Y por eso yo me ocupo de la ‘economía de comunión’ desde 1998, porque Chiara, impresionada por la pobreza de las favelas brasileñas que visitó, me encargó una parte de esa investigación ». Quien así habla es Luigino Bruni, profesor de la Universidad Bicocca de Milán y, sobre todo, del Instituto Universitario Sophia de Loppiano, la ciudadela de los Focolares.

«Cuando, el 7 de mayo de 1998, Chiara me llamó por teléfono a Inglaterra, donde estaba realizando mi doctorado en economía, para pedirme que estudiara la “economía de comunión” fundada por ella en 1991, casi no me lo podía creer. Me invitaba a formar parte de la escuela Abbá del movimiento, que aglutinaba a una veintena de estudiosos de distintas disciplinas y que para nosotros era un poco como la academia de los Nobel. Le dije que sí y desde 1998 hasta 2006, cuando su salud empezó a empeorar, me reunía todos los sábados con Chiara y con los demás estudiosos para elaborar la justificación teórica multidisciplinar (económica, teológica, filosófica y sociológica a la vez) de todo lo que estaba realizando el movimiento ».

Los pobres son protagonistas. Pero ¿qué es la “economía de comunión”? «Una visión de los actores de la economía como personas que entran en relación unas con otras para alcanzar juntos el bien (también el bien que puede medirse en economía) propio y ajeno. No personas interesadas únicamente en su propio interés individual que se comportan como si los demás no existieran, como postula el pensamiento económico dominante. Eso implica una gran responsabilidad hacia los pobres, hasta el punto de involucrar a los empresarios y a sus empresas para ayudarles », explica Giuseppe Argiolas, que enseña en la Universidad de Cagliari “economía y gestión de empresas” e imparte en Sophia un curso de “dirección de la economía de comunión”.

¿Pero funciona? «Las experiencias de economía de comunión todavía están relativamente poco extendidas por el mundo y no hay que considerarlas como el único camino sino como uno de los buenos caminos  – concluye Argiolas – pero muchos empresarios se acercan a ellas cada vez con más atención, sobre todo ahora que otros enfoques han mostrado su ineficiencia. Cuando les pido a mis estudiantes de Cagliari, a los que les presento la economía de comunión como un caso de responsabilidad social corporativa pero sin nombrarla, que me digan cuál es la parte del curso que más les ha convencido, siempre me señalan este tema ».

Ampliación del artículo anterior:

800 empresas ponen en práctica la economía de comunión

publicado en GVonline el 14 de febrero de 2011

La elaboración teórica y la primera realización práctica de la economía de comunión se realizan en Loppiano, un barrio de Incisa en la provincia de Florencia, donde se encuentra la ciudadela de los Focolares. «Chiara decía que no hacían falta más universidades en las ciudades, sino universidades en las ciudades nuevas », explica Luigino Bruni, el estudioso – ahora presente también en el Marcianum – que es responsable de este tema en el movimiento de los Focolares.

Continúa: «Esto es precisamente – gracias al carisma de Chiara y a la infatigable labor de Piero Coda, el teólogo que siempre la ha acompañado – lo que hacemos en el Instituto Universitario Sophia, donde tratamos de los “fundamentos y perspectivas de una cultura de la unidad” en una clave multidisciplinar que comprende la teología, la filosofía, las ciencias sociales y la racionalidad lógico-científica de las matemáticas y la física ».

Sophia cuenta hoy con un centenar de jóvenes estudiantes de todo el mundo y con una comunidad de 30 profesores, entre permanentes y encargados, también ellos originarios de distintos países. ¿La realización práctica? Está formada por 800 empresas (250 en Italia) que actúan en todo el mundo de acuerdo con este tipo de economía y que tienen un importante centro de recogida e incubación en el “Polo Lionello Bonfanti”, situado cerca de Loppiano, que pone a disposición de las 20 empresas actualmente instaladas en él 9.600 m2. de superficie en tres alturas y todos los servicios que estas empresas necesitan. (F.P.)

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por Fabio Poles

publicado en GVonline el 14 de febrero de 2011

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¿Es posible que la salida a la difícil situación actual de la economía italiana y mundial venga de la intuición y de las primeras elaboraciones teóricas de una mujer que en su día fue “rechazada” por la Universidad de Venecia y nunca llegó a graduarse?

Es posible si esa mujer es Chiara Lubich, la fundadora del Movimiento de los Focolares fallecida en 2008 y si el tema de su construcción teórica es la “economía de comunión”.

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Luigino Bruni: Economía de comunión, una de las salidas

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Debate: "Iglesia. ¿Qué hacer?"

inventar un lenguaje

por Luigino Bruni

publicado en Il Regno-att. n.2/2011

Logo_Il_Regno

He leído con placer en la revista (Regno-att. 20,2010, 714), el importante artículo del profesor Severino Dianich, que es en mi opinión uno de los mejores y más originales teólogos europeos. La lectura del artículo ha sido agradable y cautivadora, tanto por los temas que trata como por la forma, abierta e innovadora, en que los trata. Habla de aspectos cruciales para el presente y el futuro de la Iglesia y por ello también para la sociedad y la cultura. Su lectura me ha provocado algunas reflexiones: dos directamente relacionadas con las tesis que mantiene el artículo y otras más generales pero que tienen que ver con las cuestiones que se abordan en el texto. Intentaré exponerlas ordenadamente.

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El primer punto que me gustaría poner de relieve es lo que yo llamaría la “italianidad” del análisis de Dianich, que está muy ligado a la situación de la Iglesia en Italia. En casi todos los demás países del mundo en los que la Iglesia católica está presente, desde siempre o desde hace décadas, los cristianos viven en condiciones de minoría y llevan tiempo dando respuestas explícitas o implícitas a las cuestiones que señala Dianich. Por este motivo, el título del artículo podría haber sido: “La Iglesia en Italia. ¿Qué hacer?”.

En segundo lugar, el lúcido análisis expuesto en el artículo está completamente centrado en la Iglesia como institución o, en el lenguaje de von Balthasar, en el «perfil petrino». No hay prácticamente ninguna alusión a la dimensión o perfil carismático de la Iglesia, ni a los carismas que podríamos llamar «antiguos» (órdenes, institutos, congregaciones…) ni a los nuevos (movimientos y nuevas comunidades). Si se hubiera introducido este perfil coesencial, el análisis de la situación de la Iglesia habría resultado más complejo y distinto tanto en las luces como en las sombras. Si salimos de las fronteras institucionales y entramos en el territorio de los carismas presentes en la Iglesia, tal vez descubramos que las señales de estima, profecía y relevancia cívica de los católicos no son tan tenues. Tomemos como ejemplo el gran mundo de los carismas «antiguos»: aunque tenga en común con la Iglesia-institución muchas de las preocupaciones que señala Dianich, por lo general la opinión pública (no solo católica) lo sigue percibiendo como una presencia relevante y valiosa para la sociedad, desde las guarderías a las obras de asistencia y desde la vida espiritual a los oratorios. Por ello, el título podría modificarse un poco más: “La Iglesia-institución en Italia. ¿Qué hacer?”.

Perfil petrino y perfil mariano

Dicho esto con humildad, simpatía y respeto hacia quien intenta hacer un análisis serio de la Iglesia en una época de cambios enormes, en la segunda parte de esta nota me detendré en la segunda mitad del artículo, es decir en el «qué hacer».

Mi punto de observación no es el de la teología, sino el de un estudioso de las ciencias sociales, económicas e históricas, además de observador de la dinámica civil y cultural de mi tiempo. Respecto a «qué hacer», para mí hay un aspecto absolutamente central, si bien en este sentido siempre es más fácil encontrar preguntas que dar respuestas.

Tengo la fuerte impresión de que la Iglesia (sobre todo la institución, pero no solo ella) aparece cada vez más distante de las cuestiones ordinarias, urgentes y vitales de la gente. La gente no siente os grandes temas en los que se concentran nuestras batallas de los últimos años como urgentes, cercanos y capaces de mover las grandes pasiones del vivir. No quiero decir que las uniones homosexuales, el final de la vida o la fecundación asistida heteróloga no sean cosas graves y alejadas del evangelio, ni irrelevantes para la vida de las personas y para la calidad de nuestro presente y de nuestro futuro. Sólo quiero decir que no son cuestiones que nos sitúen en el centro de la vida ordinaria de la gente, que muevan el entusiasmo, que respondan a las grandes preguntas del día a día.

Hasta hace algunas décadas (lo digo sin ningún tipo de añoranza), aunque con luces y sombras, la Iglesia estaba presente en el día a día de la vida, ponía su presencia en el corazón de los deseos y las pasiones corrientes. Pensemos en el gran tema de la fiesta, que la Iglesia ha llenado de sentido hasta hace poco, o en los ritos de paso de la vida, la eternidad, el luto…, temas relacionados con las grandes preguntas pre-modernas.

Hoy muchas de estas preguntas (no todas) han cambiado radicalmente, pero si no somos de nuevo capaces de descifrarlas, salir a su encuentro y entrar en ellas para «habitarlas», la creciente marginalidad no será más que un efecto de algo mucho más profundo y radical. Estas preguntas corrientes y del día a día, hoy tienen que ver con la vida económica y política, con las ciudades, con la multiculturalidad y con muchas cosas más.

La nueva evangelización exige de manera preliminar una nueva inculturación, en una postmodernidad que es un hecho cultural completamente nuevo.  Los instrumentos para esa nueva inculturación no pueden ser preferentemente encíclicas, documentos, libros y homilías. Hay que inventar nuevos instrumentos con creatividad y valor profético.

Esta nueva inculturación remite a la otra gran cuestión: el lenguaje o código simbólico utilizado por la Iglesia. Recuerdo un episodio personal. Como conclusión de un curso de verano para jóvenes, estaba prevista la celebración de la misa dominical. Al no ver a muchos de los estudiantes en la iglesia, me asomé fuera y vi un grupo de jóvenes que estaban hablando con pasión y ardor ideal de gratuidad, don y reciprocidad, temas de los que se había hablado durante el curso. Pero no entendían que dentro se estaba celebrando, con una potencia enormemente superior a la del lenguaje hablado, un acontecimiento que «decía» esas mismas realidades (y mucho más).

Nuestro lenguaje y nuestros símbolos ya no son capaces de pronunciar palabras “theóforas”. Se va perdiendo mucha semántica evangélica y sapiencial precisamente porque no somos suficientemente capaces de resemantizar esas verdades con signos y palabras que puedan comprenderse.

Por ejemplo, cuando hoy una persona culta (cristiana o no) lee un ejemplar de una revista de teología ya no siente (salvo en raras ocasiones) que en esas páginas se hable también de su vida, de sus problemas corrientes y de los de la gente de su tiempo, de las grandes cuestiones de su existencia y de la de los demás. No porque esas cuestiones no estén presentes en sus páginas, sino porque la sintaxis y la semántica de su discurso pertenecen a un universo simbólico y cultural que hoy queda demasiado lejos del día a día.

En la teología, sin embargo, ha habido épocas (no todas, pero sí algunas) en las que las quaestiones disputatae en las scholae e en los studia se percibían como urgentes y relevantes también para los comerciantes, los banqueros y los políticos de su tiempo.

Los signos de los tiempos

Creo, para terminar, que esta operación urgente de nueva inculturación y de nueva mediación lingüística y simbólica podrá tener éxito si, como cristianos, nos tomamos más en serio la modernidad y la post (después) modernidad.

Como sabemos, muchos (casi todos) de los principios y conquistas de los últimos siglos en Occidente (igualdad, libertad, fraternidad entre seres iguales y libres, derechos individuales, etc.) son también, aunque no completamente, hijas de la maduración de la semilla del cristianismo en Europa, incluso esas expresiones que muchas veces la Iglesia combate porque no reconoce como suyas. Se trata de reconocer las semillas de verdad que están madurando o que han madurado fuera de la Iglesia (los derechos de las mujeres, la ética medioambiental, los derechos de los animales, etc.) y que son un auténtico don también para la Iglesia, para que pueda comprender con mayor profundidad su propia función y misión y pueda encontrar hoy un nuevo lenguaje.

Existe, en efecto, un magisterio laico que, sobre todo en nuestro tiempo, tiene muchas cosas importantes que decir, también y de manera especial a los cristianos. Estoy pensando, para no salir de mi ámbito, en personas (como el economista A. Sen) que nos desvelan dimensiones nuevas y desconocidas de la pobreza, de los derechos y de otras cuestiones esenciales para la Iglesia misma.

En sus fases más luminosas (no menos difíciles que la actual), al igual que en los primeros siglos apostólicos o durante la época de los padres o de la gran Escolástica, la Iglesia ha incluido en sus síntesis elementos de verdad procedentes del mundo griego, romano, árabe o germánico. Ha sido Iglesia porque ha sido más grande que la iglesia. Creo que hoy nos espera un desafío parecido, no menos importante, pero que no puede dejarse de lado mucho más tiempo.

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Debate: "Iglesia. ¿Qué hacer?"

inventar un lenguaje

por Luigino Bruni

publicado en Il Regno-att. n.2/2011

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He leído con placer en la revista (Regno-att. 20,2010, 714), el importante artículo del profesor Severino Dianich, que es en mi opinión uno de los mejores y más originales teólogos europeos. La lectura del artículo ha sido agradable y cautivadora, tanto por los temas que trata como por la forma, abierta e innovadora, en que los trata. Habla de aspectos cruciales para el presente y el futuro de la Iglesia y por ello también para la sociedad y la cultura. Su lectura me ha provocado algunas reflexiones: dos directamente relacionadas con las tesis que mantiene el artículo y otras más generales pero que tienen que ver con las cuestiones que se abordan en el texto. Intentaré exponerlas ordenadamente.

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Empezar por la vida

Debate: "Iglesia. ¿Qué hacer?" inventar un lenguaje por Luigino Bruni publicado en Il Regno-att. n.2/2011 He leído con placer en la revista (Regno-att. 20,2010, 714), el importante artículo del profesor Severino Dianich, que es en mi opinión uno de los mejores y más originales teólogos europeos. La...
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Diario de viaje – capítulo 3°, Conclusion Conferencia CUEA, 29 de enero de 2011

por Luigino Bruni

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El acontecimiento central de la última jornada de la conferencia ha sido la firma del convenio entre Economy of Communion  y la Universidad Católica para desarrollar conjuntamente la EdC en los próximos años. Ha sido un momento verdaderamente solemne, fuerte, simbólico y lleno de significado. El día anterior el Nuncio había celebrado una liturgia con toda la universidad. 

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Yo no sé cómo serían las liturgias de los primeros cristianos de Antioquía, ni las de Francisco de Asís, ni he asistido a liturgias en los Andes o en Australia, pero creo que es verdaderamente difícil imaginar misas más hermosas que las que he visto aquí. Bastarían la danza inicial con la se abren las liturgias oficiales y los cantos en lengua tradicional para que estas liturgias ya fueran espléndidas. La misma solemnidad de las misas es la que hemos encontrado en la firma de este pacto por parte del rector, Prof. Maviiri y mía. Era una firma seria, comprometedora, un pacto o covenant (alianza, como en el Génesis), que nos compromete aún máscon Africa para los próximos años.

El compromiso que hemos adquirido juntos consiste en asegurar la realización de dos cursos (de 3 semanas) sobre la EdC, uno para los estudiantes de master y otro para todos, a partir de este mes de julio. La idea es desarrollar cada vez más esta colaboración, involucrando también al  Instituto Universitario Sophia (el Rector110128_Nairobi_66_rid participó en su inauguración).

En mi breve discurso oficial, he dicho tres cosas:

1. No hemos venido a Africa para dar recetas sino atraídos por la vida que ya existía aquí, sobre todo en nuestras comunidades que llevan 50 años en Africa y se han extendido por todos los países. Hemos venido como una respuesta de amor a un gran amor por Africa, que se extiende a todos los que (a veces por un deseo implícito o explícito de reparar los muchos dolores provocados por Occidente) han venido a lo largo de los siglos a estas tierras morenas.

2. Todavía no sé si la EdC será útil para Africa. Lo que es seguro es que Africa ha sido muy importante para la EdC, porque nos ha permitido comprender mejor aún las potencialidades y características de la intuición de Chiara Lubich.

3. "No EdC without Africa" [ninguna EdC sin Africa] han sido mis palabras finales, invitándoles a los actos que tendrán lugar el próximo mes de mayo en Brasil, con ocasión del 20º aniversario del proyecto, para que la presencia de Africa en la red mundial de la EdC sea aún más visible.

¿Qué aporta este viaje a la EdC? Hay algunas realidades que resaltan con fuerza.

En primer lugar que la principal manera de aliviar la pobreza extrema que propone la EdC no es primariamente la redistribución de la riqueza (tomar de los ricos para dar a los pobres) sino la creación de nueva riqueza, incluyendo en el proceso a las personas con dificultades. Se trata de aumentar las tartas, no solamente de cortar de forma distinta los trozos de una determinada tarta.

En segundo lugar, la EdC se muestra cada vez más como una visión económica abierta a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sobre todo ahora que aparece también en la encíclica.

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Además ha sido fuerte, en ese contexto, comprender de nuevo que la EdC necesita para funcionar una relación directa con la pobreza. Cuando Chiara Lubich la lanzó, impresionada por la corona de espinas, por la pobreza que encontró en Sao Paulo y en Brasil en general, lo primero que hizo fue llamar a la comunidad brasileña a hacer algo más para resolver aquel escándalo. Entonces Brasil se puso en marcha, pobres pero muchos, construyendo el primer parque empresarial, alcanzando las 100 empresas... porque la EdC estaba vinculada (hoy tal vez menos directamente en Brasil) a un problema evidente y directo de pobreza. Si falta este contacto directo, las empresas de la EdC no terminan de entender el sentido de lo que hacen. Además, no puede ser suficiente recoger dinero en Europa para usarlo en otras partes del mundo dentro de nuestro movimiento, porque ese es un vínculo demasiado blando, al menos con el paso de los años.

Entonces ¿qué podemos hacer? De momento conseguir que sea más evidente el vínculo entre la actividad de todas las empresas y algunos proyectos (más ambiciosos y más grandes) que la EdC en su conjunto lleva adelante en el mundo. Después de 20 años, los micro proyectos no son suficientes para mantener viva en los empresarios la pasión que les impulsa a donar buena parte de los beneficios. Hay que hacer algo más y en mi opinión con mayor decisión. Hay que relanzar en los empresarios de la EdC del mundo entero una nueva época de creatividad para descubrir los distintos tipos de pobreza (no solo material) de sus ciudades y hacer algo directamente por ellos, tal vez juntos.

La EdC nace porque un mundo dividido en personas necesitadas en un lado y personas opulentas en el otro no puede ser "un mundo unido" (el carisma de la unidad de Chiara Lubich). Por ello la EdC siempre tendrá una mirada especial sobre la pobreza (y sobre la riqueza no compartida, que es otra forma de “miseria”) y no solo en algunos países del mundo.

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Diario de viaje – capítulo 3°, Conclusion Conferencia CUEA, 29 de enero de 2011

por Luigino Bruni

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El acontecimiento central de la última jornada de la conferencia ha sido la firma del convenio entre Economy of Communion  y la Universidad Católica para desarrollar conjuntamente la EdC en los próximos años. Ha sido un momento verdaderamente solemne, fuerte, simbólico y lleno de significado. El día anterior el Nuncio había celebrado una liturgia con toda la universidad. 

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No hay EdC sin Africa

Diario de viaje – capítulo 3°, Conclusion Conferencia CUEA, 29 de enero de 2011 por Luigino Bruni El acontecimiento central de la última jornada de la conferencia ha sido la firma del convenio entre Economy of Communion  y la Universidad Católica para desarrollar conjuntamente la EdC en los pr...