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Economia Civile - Bruni Varie

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Diario de viaje a Kenia, 2º capítulo, Conclusión de la Escuela Panafricana y comienzo de la Conferencia en la CUEA, 26 de enero de 2011

Para comprender la EdC hace falta “hambre de vida y de futuro"

por Luigino Bruni

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Nairobi, 26 de enero de  2011 – Ayer terminó la 1ª Escuela Panafricana de EdC en la Mariápolis Piero y hoy, precisamente en el 30º aniversario de la muerte aquí en Nairobi de Piero Pasolini (uno de los primeros focolarinos que trajo el carisma de la unidad a Africa ndr), hemos comenzado la conferencia en la Universidad Católica.

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La scuela panafricana ha sido uno de los eventos más fuertes que yo recuerde con la EdC. Estos pueblos (y los países representados eran muchos, de toda el Africa subsahariana) tienen una pureza en su adhesión al carisma de Chiara Lubich que me ha impresionado mucho. Les invitamos a hacer un pacto de compromiso para extender la Economía de Comunión en Africa, poniendo su firma en una hoja en blanco, significando que era una opción libre por un pacto serio y que sólo debía firmar quien sintiera esta vocación a la EdC por amor de Africa.

Muchísimos firmaron, con una gran solemnidad y ayer, en la misa con el Nuncio dejamos las 4 hojas de firmas en el altar.110125_Nairobi_51_ridGenevieve Sanze era quien debía llevarlas y decir una oración durante el ofertorio, pero ella me pidió que lo hiciera yo. Y yo, pillado de improviso, cuando traté de abrir la boca para decir más o menos "Señor, acoge estas firmas que son la vida que ofrecemos para que pueda extenderse en Africa una economía de comunión…”, me bloqueé y no conseguí hablar debido a la fuerte emoción que me embargaba.

En un instante me vino a la cabeza, como en una película, el sufrimiento de estos pueblos, mis hermanos europeos que vinieron a estas tierras a arrancar personas y recursos, tratándoles como esclavos, como medias personas. Entonces pensé en Chiara Lubich, en los muchos misioneros que vinieron aquí en siglos pasados, dando su vida (¡cuántos murieron!) poniendo en marcha obras sociales para aliviar los sufrimientos de estos pueblos, en nuestros focolarinos y focolarinas que han dado y siguen dando la vida. Pero sobre todo veía al centenar de personas que tenía delante, una a una, donándose para que también a través de la EdC Africa pueda encontrar su camino.

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Había mucho amor y mucha esperanza en aquellas firmas. Y yo me bloqueé y quedé mal con el Nuncio (¡al que me habían presentado como responsable del proyecto!). Pero esas lágrimas crearon más fraternidad e igualdad con todos, tal vez para mostrar que no habíamos ido allí para hablar de teorías, sino que sentimos en nuestra piel las alegrías, esperanzas y dolores de su tierra.

La liturgia del primer día hablaba de la elección de los doce por Jesús. Hoy, la liturgia hablaba de cuando Jesús eligió a los 72 discípulos. Todo hablaba de misión, de apostolado. La liturgia nos acompaña siempre en estos momentos de fundación.

Estamos viviendo un momento importante: para muchos es como revivir algo parecido a la “bomba de Brasil”.

Stiamo vivendo un momento importante: per tanti è rivivere qualcosa di simile alla “bomba brasiliana”.

Concretamente:
•    Se han levantado los primeros 15 socios del futuro parque empresarial de la Mariápolis Piero y ya han llegado los primeros fondos.

•   Una decena de empresarios presentes se han sumado formalmente a la EdC con sus empresas y esto me parece algo inmenso. 110125_Nairobi_52_ridSe han dibujado algunos proyectos concretos a iniciativa suya. En uno de ellos, en Burundi, el Bangko Kabayan entrará como socio en un programa de micro créditos, comenzando de esta manera su primera actividad fuera de Filipinas.

•   Se ha formado la comisión panafricana de EdC, con Genevieve Sanze (miembro también de la Comisión Internacional) como coordinadora, dos secretarios en la Mariápolis Piero (que será la sede de esta comisión) y un representante de cada zona de Africa.

Teresa Ganzon, John Mundell, Leo Andringa, Giampietro y Elisa Parolin, Francesco Tortorella, y sus familias,  han sido un don para todos. 110125_Nairobi_47_ridLa fiesta fue estupenda y muchos de los invitados (John y su mujer Julie, Giampietro, Leo y Anneke, Teresa, su marido Francis y su hija Alexandra) participaron con números artísticos.

Hermoso también el entendimiento entre todos, incluidos los responsables del Movimiento de los Focolares aquí. Aunque se trabaje mucho, hacerlo juntos hace que el yugo sea suave y ligero. Sobre todo hay mucha alegría, nos reímos mucho.

A partir de hoy estamos en la CUEA: Muchos participantes en la Escuela han venido, añadiéndose a los estudiantes y profesores de aquí. Hemos comenzado con el mensaje del Cardenal Presidente de Justicia y Paz, del Vaticano. Después, las ponencias sobre EdC y cultura africana, con un vivo diálogo e interés. La comida ha sido muy elegante. Por la tarde hemos continuado los trabajos. El contexto ha cambiado pero la sensación de estar viviendo días especiales es igualmente fuerte.

De este congreso debería surgir un curso permanente sobre EdC, a cargo de profesores de nuestro grupo.  110125_Nairobi_53_ridDebemos invertir en Africa. Hay necesidad y entusiasmo. Estos pueblos más “jóvenes” (aunque estamos cerca del valle del Rift) tienen un hambre de vida y de futuro que es la precondición para comprender la EdC y antes aún el carisma de la unidad de Chiara Lubich. Si falta esta “hambre” no cabe esperar que nadie pueda entender el carisma. Aquí la gente quiere vivir. Me ha impresionado ver cuánto les gusta estudiar a los jóvenes de aquí. Para ellos entrar en la universidad es la empresa de su vida, porque significa futuro. Se ven jóvenes estudiando por la calle, bajo las farolas, porque no todos tienen luz en casa … (y pensaba en nuestros estudiantes, muchas veces desganados porque lo tienen todo y se les ha apagado el deseo). Sin este deseo y hambre de futuro nuestro movimiento no puede crecer.

Hemos tenido encuentros importantes, en el clima de la Palabra del Evangelio. En muchas mujeres africanas, bellas con una belleza perdida en occidente, he vuelto a ver 110125_Nairobi_50_rida las mujeres de los evangelios y de la Biblia, con su amor concreto por Jesús por los apóstoles y por los profetas. Africa habla mucho de mujeres (¡he comprendido por qué algunos han propuesto que se les de el Nobel de la paz a las mujeres de Africa!), porque en ellas se concentran las heridas más grandes y las mayores bendiciones de estos pueblos (incluidas nuestras focolarinas).

He vuelto a ver a Zaqueo, en un camerunés acomodado que en estos días ha querido donar una parte de sus bienes a la EdC: “Yo soy de Fontem, el movimiento me salvó la vida de niño, pudo estudiar en su College. Hoy he entendido que yo también tengo que dar". Y a Nicodemo, en un anciano de Duala que ha sentido las ganas de renacer del Espíritu, sumándose con su empresa a la EdC.

Pero sobre todo he visto a María, manos a la obra en su Obra (“Obra de María” es el nombre oficial del Movimiento de los Focolares ndr ), en los cantos ("mama Maria") cantados en bellas liturgias. María está muy presente en esta tierra. Podría continuar, pero ... no lo hago, porque mañana nos espera otro día intenso, que debe ser aún más hermoso. "De tu Espíritu, Señor, está llena la tierra".

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Diario de viaje a Kenia, 2º capítulo, Conclusión de la Escuela Panafricana y comienzo de la Conferencia en la CUEA, 26 de enero de 2011

Para comprender la EdC hace falta “hambre de vida y de futuro"

por Luigino Bruni

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Nairobi, 26 de enero de  2011 – Ayer terminó la 1ª Escuela Panafricana de EdC en la Mariápolis Piero y hoy, precisamente en el 30º aniversario de la muerte aquí en Nairobi de Piero Pasolini (uno de los primeros focolarinos que trajo el carisma de la unidad a Africa ndr), hemos comenzado la conferencia en la Universidad Católica.

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Un pacto solemne con sabor a fundación

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Diario de viaje a Kenia, Capítulo I – Comienza la Escuela  Panafricana de EdC, 23 de enero de 2011

por Luigino Bruni

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Ha comenzado con mucha alegría y con el ambiente propio de las grandes ocasiones, con seriedad y felicidad al mismo tiempo, la primera jornada de la Escuela Panafricana de la EdC en la Mariápolis Piero. Están presentes 160 personas, muchos jóvenes, de 12 países africanos. El hecho de que estén representados tantos países es de por sí muy importante. Se nota el entusiasmo y se dan todas las premisas para que pueda comenzar el tiempo de la EdC para Africa. Tras los distintos saludos informales – aunque aquí en Africa el encuentro con el otro siempre es solemne – he hecho una breve introducción en base a la preparación de estos meses y a algunas conversaciones mantenidas el sábado, a mi llegada a Nairobi, con quienes viven la realidad africana de cada día.

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No es fácil la situación  para el Movimiento de los Focolares en Africa, como tampoco lo es para la Iglesia ni para el conjunto de la sociedad. 110123_Nairobi_04_ridLa economía es especialmente difícil, ya que encierra todas las contradicciones y heridas de estas tierras que han sido saqueadas sin piedad, en personas y recursos, durante siglos y lo siguen siendo todavía hoy. Se nota que los africanos tienen un gran deseo de “retomar el destino de Africa en sus manos” y aunque el Movimiento de los Focolares ha actuado de manera verdaderamente distinta a otros, con un verdadero trabajo de inculturación y de servicio a Africa, las heridas se perciben también aquí.

Toda la economía está atravesada por un clientelismo y un paternalismo seculares, que han creado en los africanos una actitud de “espera” de ayudas y ha matado la iniciativa y la creatividad. Así se puede entender que para nosotros, que hablamos de una nueva manera de hacer empresa, donde se comienza dando para después recibir, esto no es fácil. Pero siempre es posible. Así que hemos comenzado con esta conciencia de una gran complejidad y casi de impotencia.

Al querer presentar la escuela con un mensaje sobre todo de esperanza, me vino a la cabeza, como metáfora, la historia de Cristóbal Colón, A diferencia de muchos otros a los que les hubiera gustado cruzar el océano, Colón lo hizo de verdad gracias a que encontró un mapa del océano (elaborado por un tal Toscanelli que nunca salió de Italia), que le dio la fuerza y la esperanza necesarias para aventurarse en mar abierta.

110123_Nairobi_02_ridEl carisma es como un mapa, que nos hace afrontar lo desconocido con la fundada esperanza de poder encontrar un “Nuevo Mundo” (aunque sea buscando tal vez las Indias). Pero el verdadero mapa lo dibujó Colón a su regreso. La economía de comunión africana sólo la podrán realizar los africanos, pero ahora hay que ponerse en marcha con la EdC que nace de un carisma. Después harán falta marinos, carabelas y capitanes, pero sobre todo la añoranza del mardel mundo unido!), el deseo de partir a buscar un nuevo mundo. Sin esta añoranza nunca se acaba de partir.  Así pues, “mapa” y “añoranza del mar”.

La mañana ha continuado con los espléndidos testimonios de John Mundell y de Teresa Ganzon (con sus familias), dones extraordinarios para la EdC. Africa, USA, Asia, Europa: todos por un mismo gran objetivo.

Ahora la jornada sigue con los talleres de la tarde con Giampietro y Elisa ParolinFrancesco Tortorella y Teresa Ganzon, que tienen aspecto de ser importantes. Os tendremos al corriente. Mientras tanto mantengamos viva la añoranza del mar (el mundo unido) creyendo en el mapa (aunque todavía no hayamos visto el océano), en Africa y en cualquier otro lugar.

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Diario de viaje a Kenia, Capítulo I – Comienza la Escuela  Panafricana de EdC, 23 de enero de 2011

por Luigino Bruni

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Mapa de un “mundo nuevo” y añoranza del mar

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por Fabio Poles

publicado en GVonline el 24 de diciembre de 2010

Logo_GVonline«La relación con los demás siempre es ambivalente. Puede ser “bendición” o “herida”, sgún nos haga o no felices. En efecto, si el hombre feliz necesita amigos y la amistad es cuestión de “reciprocidad” (no se puede imponer por ley o por contrato), entonces la felicidad siempre es frágil, porque depende de la libre respuesta de los demás. En este sentido el mercado es un sistema de mediaciones cuyo objetivo es precisamente eliminar la “herida” de la relación».
La explicación es de Luigino Bruni, economista de la Universidad Bicocca de Milán y del Instituto Sophia de Loppiano, que intervino la semana pasada ante un centenar de estudiantes del Master en Gestión Etica de la Empresa del Studium Generale Marcianum. "El ethos del mercado" fue el título de su ponencia.

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El profesor continuaba así: «Ante la posibilidad de ser  vulnerables, los hombres han expresado la necesidad de contar con mediaciones, una de las cuales es precisamente el mercado moderno».

¿Qué consecuencias tiene esto? Buenas, si pensamos que el mercado reduce la dependencia personal de “patrones” exteriores; problemáticas, si consideramos, por el contrario, que el encuentro interpersonal cada vez está más mediado por instrumentos (contratos pero también tecnologías informáticas por ejemplo) y procedimientos (como leyes o reglamentos) que de hecho alejan a unas personas de otras.

Pero el mercado es también el lugar donde se manifiestan importantes virtudes como la innovación y la creatividad, que son básicas para el desarrollo. O tal vez el anti-narcisismo, puesto que el mercado nos lleva a hacer lo que les interesa a los demás más que lo que nos interesa a nosotros mismos. O también la prudencia, que nos lleva a hacer bien y cuidadosamente lo que hay que hacer, dando, de rebote, seguridad también a los demás. «Sin embargo, la virtud más importante de todas las que hay en el mercado es la esperanza - concluía Bruni - en base a la cual un emprendedor pone en marcha una nueva empresa o una nueva actividad económica, puesto que espera que el mundo sea mejor mañana. Por eso precisamente, como reza un adagio anónimo, "sin artistas, santos y empresarios no hay bien común"».

Extracto de GENTE VENETA, nº 49/2010

Ampliación del artículo anterior:

Bruni: Basta de asistencialismo. La ley especial para Venecia debería llevar a buscar préstamos

pulicado en GVonline el 24 de diciembre de 2010

«No deberíamos recurrir tanto a modelos anglosajones de interpretación de los negocios, que tienen poco que ver con nuestro mundo. Así, si queremos dar espacio – y cada vez será más necesario hacerlo – a las empresas animadas por “motivaciones ideales”, en lugar de llamarlas “empresas non profit” deberíamos llamarlas “empresas for project”. Porque el objetivo de una empresa es un proyecto, que en este tipo de empresas suele estar muy definido, mientras que las ganancias, cuando existen, son una señal que confirma que la intuición del empresario era correcta. Comprender esto permitiría a las empresas “for project” introducir nuevas formas de captación de recursos más acordes con la realidad italiana ». Tal es el innovador pensamiento expresado por el economista Luigino Bruni.

Profesor Bruni, de acuerdo con sus investigaciones, que tienen relación también con la ética del mercado, ¿es “ético” seguir proponiendo una ley especial para Venecia con la intención de captar recursos comunes para destinarlos a una situación local?

No soy experto en este tema, pero pienso que lo primero que hay que hacer es impulsar al máximo la subsidiariedad, buscando todas las formas posibles para que la misma comunidad local genere los recursos para los proyectos que se van a financiar con la ley especial. Después, utilizaría nuevos instrumentos.

¿Cuáles? ¿Puede poner un ejemplo?

Intentaría lanzar “bonos sociales”, captando dinero en préstamo por toda Europa, para financiar proyectos concretos. Esta inversión, como todas las demás, debería resultar obligatoriamente eficiente, es decir generar ingresos añadidos para remunerar el capital invertido. Eso dependerá de la bondad de los proyectos. (F.P.)

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por Fabio Poles

publicado en GVonline el 24 de diciembre de 2010

Logo_GVonline«La relación con los demás siempre es ambivalente. Puede ser “bendición” o “herida”, sgún nos haga o no felices. En efecto, si el hombre feliz necesita amigos y la amistad es cuestión de “reciprocidad” (no se puede imponer por ley o por contrato), entonces la felicidad siempre es frágil, porque depende de la libre respuesta de los demás. En este sentido el mercado es un sistema de mediaciones cuyo objetivo es precisamente eliminar la “herida” de la relación».
La explicación es de Luigino Bruni, economista de la Universidad Bicocca de Milán y del Instituto Sophia de Loppiano, que intervino la semana pasada ante un centenar de estudiantes del Master en Gestión Etica de la Empresa del Studium Generale Marcianum. "El ethos del mercado" fue el título de su ponencia.

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Luigino Bruni: Sin empresarios, santos y artistas no hay bien común

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Es absolutamente indispensable poner el principio de gratuidad en el centro del debate sobre la economía y el mercado

por Luigino Bruni

publicado en la sección sobre Educación al Consumo Responsable de e-coop

Luigino Bruni: Si ayudamos a una persona con problemas, pero no hacemos que se sienta amada y respetada, se comportará de forma oportunista.

Para hablar de sobriedad y de consumo responsable es necesario tomar como punto de partida una palabra que hoy resulta incómoda, marginada y combatida, pero sin la cual no es posible decir nada sobre la sobriedad y el consumo crítico. Esa palabra es pobreza. La palabra pobreza, en la cultura cristiana y occidental, no se asocia a un mal absoluto. Hay palabras que siempre son negativas: mentira, violencia, racismo... La pobreza no es una de ellas, ya que si bien existe una pobreza que se sufre y no se elige, que significa exclusión e indigencia, existe otra pobreza querida y elegida, que nace de una exigencia espiritual interior de liberarse de cosas para rodearse de otros bienes, entre los que destacan los bienes relacionales.

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Sin personas que elijan libremente llevar un vida pobre (o sobria, aunque prefiero pobre), hoy como ayer, en Italia como en África, es muy difícil, por no decir imposible, que las personas que no han elegido la pobreza sino que la padecen puedan salir de las trampas de la indigencia y la exclusión. Los programas gubernamentales y públicos de lucha contra la pobreza también pueden ser implementados por funcionarios con yates y coches caros, que alternan congresos sobre la pobreza con vacaciones millonarias. Pero si los cooperantes de las ONG, los misioneros, o los voluntarios internacionales no son personas que hayan elegido libremente llevar una vida sobria y no consumista, es muy probable que sus intervenciones no tengan un éxito duradero. En otras palabras, las instituciones y sus funcionarios pueden ocuparse de la pobreza sin ser pobres (eso es lo normal) y sus intervenciones en algunos casos serán útiles, sobre todo cuando se trata de construir puentes, canales, hospitales,  escuelas, estructuras e infraestructuras. Pero si las personas que trabajan día a día en esos hospitales o en esas escuelas, si las personas que comparten la vida de los pobres no son también libre y conscientemente pobres y sobrias, las personas que reciben ayuda tienden a comportarse de modo oportunista, aprovechándose de la ayuda recibida, que no se convierte en desarrollo humano (como muchos estudios sobre el llamado “Dilema del Samaritano” nos muestran). ¿Cuál es el motivo? Si una persona que se encuentra objetivamente en un plano de inferioridad (de bienes, derechos, oportunidades o capacidades), no se siente apreciada y respetada antes que ayudada, no transformará os bienes y servicios que recibe en capacidades y por ello en desarrollo, como nos enseñan Amartya Sen y Martha Nussbaum. Un pobre sólo puede ser ayudado por alguien que comparta una vida pobre, que establezca con el receptor de la ayuda una relación de communitas y no de immunitas.

Una condición antropológica necesaria para poder comprender y llevar una vida (libremente) pobre está asociada a otra palabra que me resulta muy querida: gratuidad, una palabra que hoy está entrando también en los debates pura y auténticamente económicos, aunque solo en ambientes innovadores de economía social y civil. Poner el principio de gratuidad en el corazón de los temas de la economía y el mercado es una operación muy importante, que en cierto sentido tiene alcance revolucionario. No hay nada más ausente hoy en el debate económico, en los mercados y en las empresas que la gratuidad. A quienes hablan de gratuidad en economía se les suele tomar por ingenuos o muchas veces por impostores  («¿qué habrá detrás?»), y en cualquier caso la gratuidad se ve como un elemento dañino para el funcionamiento de los mercados y las empresas. Por eso hay que ver detalladamente qué es y qué no es la gratuidad.

Un primer error consiste en confundir la gratuidad con lo que se da gratis (a precio cero) o con la filantropía. Un segundo error es identificarla con los regalos promocionales o con los descuentos que, por el contrario, suelen funcionar como una vacuna, metiendo en el cuerpo una pequeña cantidad del virus que quieren combatir (la verdadera gratuidad). Al introducir en la sociedad trocitos de don, nos inmunizamos del don verdadero, siempre trágico y doloroso, temido por la sociedad de consumo. Un tercer error es asociar la gratuidad al puro don, poniéndolo en conflicto con el deber, con el contrato, con el mercado. En realidad, la gratuidad remite a la palabra griega charis, gracia, al agape, la palabra griega que los latinos tradujeron como caritas, o, en algunas tradiciones, como charitas, donde la “h” señalaba con más claridad el vínculo entre el agape y la charis.

La gratuidad es gratia, puesto que es don gratuito no solo para el receptor de los actos de gratuidad, sino también para quien los realiza, ya que la capacidad de gratuidad es algo que sucede en nosotros y nos sorprende siempre, como cuando somos capaces de volver a empezar después de un gran fracaso o de perdonar verdaderamente errores graves de los demás (y nuestros). Es importante, también para la economía, la asociación que se da en muchos idiomas, entre don y perdón. No hay perdón sin don, ni don sin perdón. El perdón que nace del agape siempre es un don, un for-give. El perdón-gratuidad siempre es un don, puesto que significa perdonar estando dispuestos a ser heridos y traicionados una vez más: “te perdono ahora y estoy dispuesto a perdonarte si me vuelves a herir”.

Esta es la gratuidad que el mercado capitalista no conoce. La gratuidad es una dimensión de todo acto humano, de toda empresa y no solo de las no lucrativas. Sería un error muy grave asociar la gratuidad solamente al voluntariado, a la economía social, dejarla en manos de “especialistas” que se ocupan del 2% de la vida económica y social. ¿Y qué hacemos con el restante 98%? La gratuidad, por ejemplo, no debe estar presente solo en los patrocinios o en las fundaciones bancarias sino en toda la actividad ordinaria de bancos y empresas.

La gratuidad no es el licor del final de la comida, sino la manera de preparar la comida entera, la calidad de las relaciones que establecemos mientras vivimos dentro y fuera del mercado, con quienes se sientan a nuestra mesa y con quienes se quedan fuera de nuestros banquetes opulentos (toda sobriedad implica siempre una opción por la pobreza), la ética y la sostenibilidad ambiental de las verduras y el arroz que compramos para preparar la comida, etc. En todas estas cosas está en juego la gratuidad en el consumo y en el mercado.

Entonces ¿qué es la gratuidad? Es esa actitud interior que nos lleva a relacionarnos con los demás, con nosotros mismos y con la naturaleza, sabiendo que estamos ante algo que hay que amar y respetar y no usar para fines egoístas. Cuando se activa la dimensión de la gratuidad, el camino a recorrer es tan importante como la meta a alcanzar. El don puede ser gratuidad pero también puede que no lo sea, si en el don prevalece la dimensión de la obligación. Una palabra que nos ayuda a entender esta dimensión necesaria de la gratuidad es la inocencia, que vemos sobre todo en los niños. El niño que juega sin otra finalidad que el juego mismo expresa esta dimensión de la gratuidad. La gratuidad también está presente en el comportamiento de esa persona anciana que, aun viviendo sola, se hace bien la cama y se prepara la comida con esmero, para expresar su dignidad de persona y no dejarse.

Recordando su experiencia en el campo de concentración, Primo Levi escribía: En Auschwitz noté muchas veces un fenómeno curioso: la necesidad del “trabajo bien hecho” está tan profundamente radicada dentro de nosotros que nos empuja a hacer bien incluso el trabajo impuesto, el trabajo de esclavos. El albañil italiano que me salvó la vida trayéndome a escondidas comida durante seis meses, detestaba a los nazis, detestaba su comida, su lengua, su guerra; pero cuando le ponían a levantar una pared, la hacía recta y sólida, no por obediencia sino por dignidad.

Levantar una pared recta por dignidad también es expresión de gratuidad, puesto que nos dice que existe en los otros, en nosotros mismos, en la naturaleza, en las cosas e incluso en las paredes, una verdad y una “vocación” que hay que respetar y no someter a nuestros intereses. “Aquella pared era él mismo”, comentaba el laudista Foscolo durante un encuentro: La belleza y la solidez que aquel albañil ya no veía en sí mismo por las condiciones inhumanas en que vivía, las había encarnado en aquella pared, como diciendo: ‘aunque todos veáis otra cosa, en realidad yo soy recto y hermoso como esa pared’. La gratuidad es una dimensión que puede acompañar a casi cualquier acción, desde el contrato hasta el don. El consumo crítico vive la gratuidad no porque consiga descuentos para los clientes o de los fabricantes, sino porque diseña contratos y relaciones orientados al bien y a la justicia; porque levanta “paredes rectas”.

La economía hoy no es capaz de ver la gratuidad. Pero tal vez no la vea porque es como la levadura y la sal de la tierra. La levadura, como sabemos, es una cantidad tan pequeña, en comparación con la harina y el agua, que se pierde entre ellas; pero es esencial para hacer el pan y para hacerlo bueno y comestible. Por eso, si la gratuidad desaparece de la economía, el pan de la economía y en consecuencia de la ciudad, siempre será un pan ácimo

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Es absolutamente indispensable poner el principio de gratuidad en el centro del debate sobre la economía y el mercado

por Luigino Bruni

publicado en la sección sobre Educación al Consumo Responsable de e-coop

Luigino Bruni: Si ayudamos a una persona con problemas, pero no hacemos que se sienta amada y respetada, se comportará de forma oportunista.

Para hablar de sobriedad y de consumo responsable es necesario tomar como punto de partida una palabra que hoy resulta incómoda, marginada y combatida, pero sin la cual no es posible decir nada sobre la sobriedad y el consumo crítico. Esa palabra es pobreza. La palabra pobreza, en la cultura cristiana y occidental, no se asocia a un mal absoluto. Hay palabras que siempre son negativas: mentira, violencia, racismo... La pobreza no es una de ellas, ya que si bien existe una pobreza que se sufre y no se elige, que significa exclusión e indigencia, existe otra pobreza querida y elegida, que nace de una exigencia espiritual interior de liberarse de cosas para rodearse de otros bienes, entre los que destacan los bienes relacionales.

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Sobriedad, pobreza y gratuidad

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La idea de la suerte domina hoy la economía y el mercado: al éxito se llega por carisma personal o por coincidencias favorables. Los empresarios, en cambio, saben que el motor de la empresa es la esperanza, porque crea relaciones y determina certeza en los frutos que producen los talentos.

Esperanza: la virtud que mueve los negocios en tiempos de crisis

por Luigino Bruni

publicado en el semanario Vita del 7 de enero de 2011

Logo_virtu_newAunque pueda parecer extraño, la esperanza es, o por lo menos debería ser, una virtud del mercado. Ya sabíamos que la esperanza era una virtud, concretamente una virtud teologal, como la fe y la caridad. Según la tradición cristiana occidental en estas tres virtudes, en cierto sentido,  se fundamentan las demás virtudes (valor, templanza, fortaleza, prudencia …).
La esperanza, por ejemplo, es una de las principales virtudes que deben poseer los empresarios. Un empresario solo pone en marcha una empresa, una nueva actividad económica, si espera que el mundo de mañana, en su conjunto, sea  mejor que el de hoy, que los 100 euros que invierte hoy se conviertan en 101 o 105 mañana.

speranza: La virtud que mueve los negocios en tiempos de crisis
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Cuando alguien crea una empresa sin intención de especular a corto plazo, es como cuando un viejo planta una encina, sabiendo que los frutos de lo que ahora empieza sobrepasarán su propia vida.  Sin esa esperanza, sería mejor que gastara su dinero en otras cosas o se dedicara a especular. Por eso la esperanza está unida a la confianza (fe, fides), puesto que nadie pone en marcha una empresa si no tiene fe en la vida y en el futuro. Rasgos característicos de los empresarios son el optimismo, el pensamiento positivo y una mirada generosa sobre el mundo, expresiones todas ellas de la virtud de la esperanza.

La virtud de la esperanza además es especialmente importante en los momentos de crisis, en las largas fases de impasse, cuando aparecen dificultades, calumnias, suspensiones o traiciones. Quienes hayan creado alguna empresa, sabrán que los momentos más importantes de su historia son aquellos en los que han conseguido mantener la esperanza a pesar de los acontecimientos, a pesar de los consejos de los amigos (“¿quién te mandará hacer eso?”, “eres demasiado ingenuo”, “no exageres …”) y a pesar de las previsiones de los expertos; cuando han tenido la fuerza de esperar, de insistir en su proyecto, de perseverar con fe en su idea y en su “daimon” socrático, caminando durante años al borde del precipicio.

La esperanza es una virtud y como toda virtud auténtica siempre es alternativa a la suerte. La gran cultura occidental nació en Grecia (sobre todo con Sócrates), en un momento que marcó una época, cuando se descubrió que la felicidad y la suerte estaban en lucha. En el mundo antiguo la felicidad iba unida a la suerte. Los filósofos griegos comprendieron que estaba comenzando la era de los hombres que, liberados de la diosa fortuna, de la suerte, podían empezar a ser verdaderamente responsables de su propio destino. El instrumento de esta liberación fue precisamente la virtud (areté, que significa excelencia, la misma raíz que encontramos en otras palabras como artista o acróbata), ya que sólo el hombre virtuoso puede llegar a ser feliz, incluso aunque tenga mala suerte.

La idea que surge en este extraordinario periodo de la historia humana es que los protagonistas principales de nuestra felicidad (y de nuestra infelicidad) somos nosotros mismos y no los acontecimientos. Estos ciertamente influyen en nuestro bienestar, pero nunca son decisivos para determinar la calidad de nuestra vida que, por el contrario, depende de la virtud, de sacar o no las capacidades para la excelencia que hay en toda persona, en cada uno a su manera. La virtud vence a la suerte.

La ética del mercado, en especial la ética empresarial, nace afirmando precisamente que los protagonistas del éxito de nuestras obras son la innovación, la responsabilidad y el trabajo y no la suerte. Por eso nuestra cultura de la virtud debe resistir hoy en un mundo que pone el acento en la suerte: loterías,  juegos, quinielas, bonoloto (es impresionante la invasión de juegos de azar en la red, en televisión, en los patrocinadores de los equipos de fútbol …).

La esperanza es una virtud porque no pone el retorno de la inversión y de la inteligencia en la suerte, sino en las propias virtudes (excelencia),  en las de los colaboradores y en las de todos los sujetos del mercado (no debemos olvidar que el éxito de un empresario depende, entre otras cosas, de la virtud de sus proveedores y clientes, pero también de la de sus competidores y del sistema económico en su conjunto). La esperanza no es suerte, sino virtud.

Finalmente, la esperanza es una virtud eminentemente social. Esperamos en las personas: en el compañero Mario, en la proveedora Juana, en el competidor Andrés. La esperanza no es nunca genérica, no se dirige a desconocidos o a eventos aleatorios. La esperanza es un bien relacional, es invertir en una relación, en muchas relaciones. Por eso la esperanza, como todas las virtudes sociales (fraternidad, confianza, reciprocidad, philia …) es frágil y vulnerable: nunca podemos controlar la respuesta del otro, únicamente podemos “esperar” en su reciprocidad, sin tener las garantías que dan los contratos. Pero, bien pensado, la vulnerabilidad es la condición más profunda de lo humano. Si la economía es vida, entonces debe saber convivir con la vulnerabilidad, sabiendo que en esta vulnerabilidad buena con respecto a los demás se esconden muchas de las cosas más hermosas de la vida, como el perdón, la reconciliación, la gratuidad, el encuentro libre y no jerárquico con los otros, el aprecio y el reconocimiento verdaderos y la gratitud sincera, bienes todos ellos de los que depende en gran medida el bienestar de las personas, incluidas esas personas a las que llamamos empresarios, que producen bienestar (y no sólo riqueza) cuando son capaces de virtud, de excelencia relacional, cuando cultivan la esperanza.

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La idea de la suerte domina hoy la economía y el mercado: al éxito se llega por carisma personal o por coincidencias favorables. Los empresarios, en cambio, saben que el motor de la empresa es la esperanza, porque crea relaciones y determina certeza en los frutos que producen los talentos.

Esperanza: la virtud que mueve los negocios en tiempos de crisis

por Luigino Bruni

publicado en el semanario Vita del 7 de enero de 2011

Logo_virtu_newAunque pueda parecer extraño, la esperanza es, o por lo menos debería ser, una virtud del mercado. Ya sabíamos que la esperanza era una virtud, concretamente una virtud teologal, como la fe y la caridad. Según la tradición cristiana occidental en estas tres virtudes, en cierto sentido,  se fundamentan las demás virtudes (valor, templanza, fortaleza, prudencia …).
La esperanza, por ejemplo, es una de las principales virtudes que deben poseer los empresarios. Un empresario solo pone en marcha una empresa, una nueva actividad económica, si espera que el mundo de mañana, en su conjunto, sea  mejor que el de hoy, que los 100 euros que invierte hoy se conviertan en 101 o 105 mañana.

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Las virtudes del mercado: Esperanza

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por Luigino Bruni

Introducción del Informe Economia di Comunione 2009/2010

Hemos entrado en el año del 20º Aniversario de la Economía de Comunión o EdC, como la llamamos más familiarmente. Ya sabemos que los cumpleaños Luigino_Brunison también momentos propicios para hacer balances y trazar perspectivas. La EdC está viva y crece en la historia de hoy, entre las crisis y las esperanzas de nuestro tiempo. La propuesta que hizo Chiara de crear en primer lugar empresas y parques empresariales y después (en mayo de 1998) todo un movimiento cultural que diera “dignidad científica” a la praxis, no cayó en el vacío. Fue recogida por miles de personas, muchas de ellas dentro del Movimiento de los Focolares y otras, sobre todo últimamente, fuera de su seno. Un pueblo de personas diversas, unidas por el deseo de cultivar la tierra para que la semilla del carisma de la unidad, sembrada en el campo de la economía moderna, crezca siguiendo la ley inscrita en su ADN y produzca los frutos típicos del carisma recibido por Chiara como don para la humanidad de hoy y de mañana.

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Presentamos el tercer informe de la EdC. Este año, por primera vez, además de los datos sobre el uso de los beneficios y sobre los proyectos, incluye una memoria completa de toda la actividad de la EdC que, junto a los proyectos de desarrollo destinados a ayudar a las personas (sobre todo a los jóvenes) a liberarse de las trampas de la miseria, está dando vida, desde abajo y en silencio, a una nueva cultura y está cambiando la vida de cientos de empresarios y decenas de miles de trabajadores.

Pobres, cultura y empresa, “un tercio, un tercio y un tercio”, la primera intuición de Chiara, que no debe ser interpretada como si la EdC tuviera un triple objetivo sino como tres etapas de un mismo proceso de comunión, para contribuir al proyecto carismático de todo el movimiento de los Focolares: que todos sean uno. No habrá mundo unido mientras la economía no sea de comunión. No seremos “todos uno” mientras haya personas que no puedan comer, dar estudios a sus hijos o cultivar su propia humanidad, su vocación y aspiraciones. Mientras haya rascacielos rodeados de “coronas de espinas”. El mundo unido siempre estará delante de nosotros, como toda palabra del evangelio, que comienza en la historia pero se cumple más allá de ella. Toda Palabra “grande” es al mismo tiempo un “ya” y un “todavía no”. Los carismas son siempre un “ya” que indica un “todavía no”. Pero son un “ya”.

Si la EdC dice ya hoy que existen cientos, miles de empresarios capaces de levantarse a las cinco de la mañana por razones más grandes que el beneficio; que hay ya trabajadores que saben contentarse con un sueldo de mercado y no piden aumento cuando saben que el valor añadido que ellos contribuyen a producir no va a parar a los bolsillos del “patrón” sino que sale fuera de la empresa para curar, enseñar y quitar el hambre a otros; si sabe mostrar ya que hay personas dipuesta a no descansar hasta que la fraternidad en la que creen como seres humanos no se traduzca también en igualdad de derechos, oportunidades y capacidades para todas las mujeres, niños y hombres del mundo. Si tenemos aquí y ahora estos “ya” podemos esperar seriamente que lleguen los muchos “todavía no” que tenemos delante. ¿Qué puede hacer la “pequeña EdC” (los datos del informe dicen con claridad cuán pequeños son nuestros números si los comparamos con los grandes números de la filantropía y la cooperación internacional) ante todos los “todavía no” que no se convierten en “ya” tan solo por la maldad y la pequeñez de nuestro tiempo? En efecto, hoy la humanidad cuenta con recursos tecnológicos y financieros suficientes para hacer mucho más en el terreno del “ya”. No todo, pero sí mucho más de lo que hacemos. Podríamos y deberíamos hacer más en el campo de la educación en los países más pobres ¿Cuándo veremos que los mejores profesores universitarios del mundo opulento pasan un semestre en las frágiles universidades de Africa, Camboya o Cochabamba? ¿Cuándo veremos inversiones serias (de más del 50% del total) en energías renovables? ¿Cuándo decidirán las administraciones públicas, el Vaticano,  las diócesis, los movimientos y las ONGs comprar únicamente automóviles ecológicos y de baja cilindrada? ¿Cuándo invertirán todas las empresas y gobiernos del mundo el 20-30% de su PIB en una cooperación seria al desarrollo, que no se limite a las migajas del rico Epulón, sino que se convierta ya en gastos en educación (desde la guardería hasta la universidad), hospitales (los mejores hospitales del mundo hoy deberían estar en Africa), tecnologías avanzadas y limpias, transportes eficientes y seguros, viviendas sanas y dignas? 

El “todavía no” que nos espera en las próximas décadas podría ser testigo de nuevas y grandes crisis globales y tal vez de guerras verdaderamente mundiales, si no se alcanzan estos “ya” y si es cierta la frase de Aristóteles “no podemos ser felices en solitario”.

La EdC también podría y debería hacer más de lo que ha hecho en estos 20 años llenos de frutos maduros. Muchos empresarios y trabajadores de la EdC ya han terminado su viaje terreno (uno de ellos es François Neveux, cuya biografía es, en mi opinión, el libro más hermoso de la EdC porque está escrito con la tinta de la vida). Como signo de un compromiso mayor y más responsable, este año, además del evento de mayo de 2011 en Brasil (al que estamos todos invitados), la EdC ha lanzado a nivel mundial un “proyecto jóvenes”, que tendrá como etapas significativas dos Cursos de Verano internacionales, que se celebrarán uno en América Latina y otro en Africa, durante el mes de enero. Recomenzar desde los jóvenes (que no son el futuro sino una manera distinta de vivir y entender el presente) resulta indispensable para los muchos “todavía no” que quieren convertirse en “ya”.

En la cultura del consumo que hoy domina el mundo, la EdC puede y debe ser un lugar de resistencia, en el que las empresas y los parques empresariales sean oasis (no islas), como lo fueron las abadías medievales, en los que muchos puedan encontrar esperanza y en los que se guarde el ADN de la gratuidad. En un mundo donde con dinero se puede comprar (casi) todo, el dinero tiende a convertirse en todo. Recordar y vivir en esta era del tener la cultura del dar y de la gratuidad tiene un gran valor no sólo económico sino de resistencia cultural, de batalla cívica, de amor por la humanidad de hoy y de mañana.

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por Luigino Bruni

Introducción del Informe Economia di Comunione 2009/2010

Hemos entrado en el año del 20º Aniversario de la Economía de Comunión o EdC, como la llamamos más familiarmente. Ya sabemos que los cumpleaños Luigino_Brunison también momentos propicios para hacer balances y trazar perspectivas. La EdC está viva y crece en la historia de hoy, entre las crisis y las esperanzas de nuestro tiempo. La propuesta que hizo Chiara de crear en primer lugar empresas y parques empresariales y después (en mayo de 1998) todo un movimiento cultural que diera “dignidad científica” a la praxis, no cayó en el vacío. Fue recogida por miles de personas, muchas de ellas dentro del Movimiento de los Focolares y otras, sobre todo últimamente, fuera de su seno. Un pueblo de personas diversas, unidas por el deseo de cultivar la tierra para que la semilla del carisma de la unidad, sembrada en el campo de la economía moderna, crezca siguiendo la ley inscrita en su ADN y produzca los frutos típicos del carisma recibido por Chiara como don para la humanidad de hoy y de mañana.

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Por una economía del "ya"

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por Luigino Bruni

publicado en Il Sole 24 ore del 8/11/2010

logo_sole24ore"Para criar a un niño hace falta la aldea entera", recita un conocido proverbio africano. Para que la familia pueda expresar todo su potencial cívico hace falta un nuevo pacto social, en un mundo sometido a rápidos y continuos cambios sociales y económicos. Pero este nuevo pacto social necesita una previa operación cultural: reivindicar para la familia el papel de sujeto económico global y no sólo el de agencia de consumo, ahorro y redistribución de la renta.

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La visión del papel económico de la familia se ha quedado obsoleta y con ella también el sistema fiscal y retributivo. La visión actual surgió a partir de la sociedad llamada “fordista”, cuando las familias ofrecían “trabajo” a las empresas, a cambio de una renta con la que consumían y ahorraban.

La familia no producía nada que pudiera considerarse relevante en cuanto institución familiar, sino que consumía, ofrecía trabajadores (sobre todo varones) y ahorraba (favoreciendo también de este modo las inversiones de las empresas). El ámbito interno de la familia, todo lo que ocurría de puertas para adentro, no tenía relevancia económica (ni política). El interés económico y político hacia la familia se quedaba el dintel de la puerta de casa. El sistema fiscal gravaba el consumo (IVA), la renta o el patrimonio individual, puesto que la familia como institución no tenía relevancia económica.

En realidad, hace décadas que esta visión entró en crisis mortal, pero la cultura institucional y fiscal (sobre todo en Italia) ha seguido siendo sustancialmente la misma de la posguerra. La familia sigue siendo considerada como una agencia de consumo, ahorro y redistribución, como proveedora de trabajo (todavía demasiado “masculino”). Pero sigue sin verse a la familia como sujeto productivo.

Para crecer, la economía no necesita únicamente capital humano, financiero y físico, sino también capital social y bienes relacionales. Un país, con sus instituciones y empresas, en el que no esté generalizada la confianza, el respeto de las reglas y la cultura cívica, no puede crecer económicamente. Pero ¿quién puede “ofrecer” este tipo de capital intangible aunque valiosísimo para el desarrollo económico? En primer lugar, aunque no solo ella, la familia, donde se educa a las personas en la cooperación, la confianza y el sentido cívico.

Una familia en la que se formen personas con estas capacidades, está contribuyendo a la economía con una forma de capital no menos valiosa que la tecnología o el crédito.

Pero para poder afrontar adecuadamente estos retos, nuevos y complejos, es necesaria una nueva alianza entre todos los actores que participan en el juego cívico. Tomemos como ejemplo el gran tema de la conciliación del trabajo con la vida familiar, que no puede resolverse únicamente en base a los aspectos económicos. Cuando una persona (con demasiada frecuencia una mujer) deja del trabajo por paternidad, no tiene que hacer frente solo al problema de cómo mantener su puesto de trabajo o de cómo conseguir permisos más largos sin perder demasiado salario; tiene además el problema (cada vez más urgente) de reinsertarse en su puesto de trabajo salvando la inversión profesional que había realizado, sin tener que desempeñar funciones parciales o de inferior categoría, que producen frustración y muchas veces llevan al abandono del trabajo. Es necesario, por otra parte, reconocer la reciprocidad del problema. Cuando una persona deja el trabajo por paternidad, sobre todo si se trata de trabajos complejos y de perfil alto, todo el equipo de trabajo se resiente, no solo la persona en cuestión. Es cierto que esa familia está contribuyendo a crear buenos ciudadanos y trabajadores para el futuro, pero de esos trabajadores se beneficiarán otras empresas, no las que hoy tienen que asumir el coste. Por eso es urgente un nuevo pacto social, en el que, para ayudar a la familia, todas las partes involucradas entiendan que el mundo ha cambiado.

Este nuevo pacto social exige abandonar la mentalidad de “concesión”, para reconocer el papel económico que la familia ya de hecho está desempeñando: la familia no debe pedir favores al estado, sino únicamente el reconocimiento de lo que ya está realizando, aunque sin reconocimiento, en el ámbito cívico y económico.

Es una cuestión de justicia y de subsidiaridad, no de concesión más o menos generosa. La familia no es sólo un “bien meritorio”, es también un bien que produce formas de capital con alta productividad y rentabilidad en términos de PIB. La cuota del PIB destinada a las familias (demasiado baja) no es un “regalo”, sino una cuestión de justicia. Por eso cualquier discurso sobre la subsidiaridad económica y sobre el régimen fiscal de la familia debe partir de una visión de la familia como sujeto económico más allá del consumo o del ahorro.

Si a la familia se le reconociera el estatus de institución económica global, resultaría natural y con fundamento pagar los impuestos, no sobre la renta bruta (ingresos), sino sobre la renta neta descontado los gastos necesarios para producir bienes relacionales, capital social, transformación de bienes, etc. Estos bienes benefician en parte a la propia familia, pero el resto va en beneficio de un círculo social mucho más amplio.

Por todos estos motivos y otros más, es urgente una alianza entre la familia y los demás actores, porque ningún sujeto en solitario puede estar a la altura de la complejidad de los retos cívicos que nuestra “aldea global” está afrontando.

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por Luigino Bruni

publicado en Il Sole 24 ore del 8/11/2010

logo_sole24ore"Para criar a un niño hace falta la aldea entera", recita un conocido proverbio africano. Para que la familia pueda expresar todo su potencial cívico hace falta un nuevo pacto social, en un mundo sometido a rápidos y continuos cambios sociales y económicos. Pero este nuevo pacto social necesita una previa operación cultural: reivindicar para la familia el papel de sujeto económico global y no sólo el de agencia de consumo, ahorro y redistribución de la renta.

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Por qué hace falta un nuevo pacto social

por Luigino Bruni publicado en Il Sole 24 ore del 8/11/2010 "Para criar a un niño hace falta la aldea entera", recita un conocido proverbio africano. Para que la familia pueda expresar todo su potencial cívico hace falta un nuevo pacto social, en un mundo sometido a rápidos y continuos cambios soc...
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La Economía de Comunión va a cumplir 20 años. Un “lugar de resistencia”.

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova n.21/2010 del 10/11/2010

Favelas_San_PaoloA finales de mayo del 2011 todo el mundo de la Economía de Comunión (EdC) se dará cita en Sao Paulo para volver a las raíces de esta experiencia y trazar nuevas perspectivas. La EdC está viva y crece en la historia de hoy, entre las crisis y esperanzas de nuestro tiempo. La propuesta inicial de Chiara Lubich, lanzada en mayo de 1991, de dar vida a empresas y parques empresariales y después (en mayo de 1998) a todo un movimiento cultural que otorgara “dignidad científica” a la praxis de las empresas, no cayó en el vacío. Fue recogida por miles de personas, en su mayoría dentro del Movimiento de los Focolares pero recientemente también fuera de él. Personas e instituciones que están tratando de hacer que aquella semilla fructifique.

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Al mismo tiempo, toda la EdC está llamada hoy, en mi opinión, a afrontar una nueva etapa.

Hace poco tuve la oportunidad de repasar, junto con algunos de los protagonistas de la EdC en Brasil, los momentos iniciales del proyecto. Madonnina_di_Edc_ridUn episodio poco conocido de aquellos días volvió con fuerza a mi cabeza y a mi corazón. Al regresar de su viaje a Brasil, Chiara observó un detalle en el cuadro de “María desolada” que colgaba de la pared de su estudio desde que se lo regaló, hace muchos años, Igino Giordani: María estrechaba contra su pecho una corona de espinas. Ella se dio cuenta inmediatamente de la conexión con la “corona de espinas de la pobreza” que había visto en las favelas de Sao Paulo y que fue la chispa inspiradora de la EdC que acababa de nacer.

Este episodio nos hizo reflexionar sobre la naturaleza de la inspiración originaria y sobre las perspectivas que nos esperan hoy y en los años venideros: la corona de espinas, el dolor de los pobres, era la corona de espinas de Sao Paulo, de todas las ciudades, la corona de espinas del mundo y de este capitalismo. Evidentemente esa corona no estaba compuesta solo por los indigentes de los Focolares. Los pobres de su movimiento eran para Chiara solo un primer paso para llegar mucho más lejos.

La perspectiva que se abría ante la EdC era de gran alcance: contribuir a la creación de un nuevo orden económico y social y un nuevo modelo de desarrollo, repensando y uniendo las dos realidades centrales del capitalismo que hoy siguen en contraposición: la empresa (motor del desarrollo económico) y la miseria (de los excluidos de ese desarrollo).

Cualquier balance sobre la EdC debe hacer referencia sobre todo y en primer lugar a esta dimensión del proyecto: la relación entre empresas y exclusión. Después vendrá el impacto cultural o teórico que la EdC ha tenido y tiene en la Iglesia, en la sociedad y en el mundo académico (elementos evidentemente importantes), así como su capacidad para hacer que los empresarios sean más éticos y generosos.

 Desde esta perspectiva, tenemos que admitir que todavía estamos lejos de alcanzar la realización de la vocación de la EdC. El éxito de un proyecto como este no se mide en base al número de empresas que a lo largo de estos años se han hecho más éticas, ni en base a los beneficios recogidos y donados (todavía demasiado escasos, por otra parte), ni en base al desarrollo de los parques empresariales. La EdC estará plenamente alineada con su misión cuando se convierta en un modelo económico y social que muestre, aquí y ahora, una economía con el semblante de la comunión, un semblante verdaderamente humano. Para alcanzar este objetivo, sometido cada día a nuestra libertad y responsabilidad, necesitamos querer y saber hacer frente al menos a tres retos importantes.

En primer lugar, es necesario que la EdC, considerada como praxis y como cultura, esté cada vez más en red con otras experiencias de economía social y civil que tratan, a su modo, de humanizar la economía. Un reto que ya prefiguró la misma Chiara en su lectio magistralis del 1999 con ocasión de la concesión del grado honoris causa por la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Piacenza. A lo largo de los diez años que han transcurrido desde entonces, algún paso se ha dado, pero hay que hacer más y a más amplia escala, tanto a nivel nacional como internacional.

En segundo lugar, la pobreza (a la que preferimos llamar con mayor propiedad y siguiendo el evangelio, miseria o exclusión) hoy hay que declinarla de distintas maneras. La pobreza material de las favelas brasileñas de 1991 no es la única (si bien esta dimensión será siempre central e importante, ya que muchas veces se encuentra en la base de otras formas de pobreza).

La exclusión, la soledad, la falta del sentido de la vida, la carencia de valores éticos, de derechos, de libertad y de relaciones hoy se nos muestran como formas de pobreza típicas del siglo XXI, al lado de las formas tradicionales. En especial, desde el carisma de la unidad del que la EdC es expresión, hoy es urgente amar y atender sobre todo las necesidades que surgen de las relaciones rotas, de la carestía de bienes relacionales y de las distintas formas de des-unidad (privadas, civiles y políticas) que el carisma de la unidad, por vocación, es capaz de reconocer, para transformar estas heridas en bendiciones.

Hay que lanzar una nueva fase de creatividad e innovación, en la que todos los empresarios y actores de la EdC actuales y futuros sientan la libertad y la responsabilidad de descubrir las antiguas y las nuevas formas de pobreza para encontrar nuevas soluciones, sin perder de vista que la primera forma de lucha contra la exclusión y la indigencia es la creación y la oferta de trabajo. 

Finalmente, hay que hacer un esfuerzo cultural y teórico, en diálogo constante con muchos otros, para concebir, desde la experiencia de estos primeros años de la EdC, la propuesta de un nuevo modelo económico que no se limite a reflexionar sobre la acción individual y la empresa. Estoy convencido de que los economistas, los empresarios y los operadores de la EdC tienen el potencial necesario para proponer nuevos modelos de desarrollo y nuevas dinámicas institucionales y para ofrecerlos como contribución a ese nuevo orden económico, ambiental, social y espiritualmente sostenible, que hoy muchos buscan y que cada vez es más urgente encontrar.

Si la EdC es capaz de interpretar y afrontar con “valentía carismática” estos retos, la profecía de Chiara se convertirá en sal de la historia y podrá contribuir al buen vivir de las mujeres y de los hombres de hoy (y de mañana), dentro y fuera de los mercados. No por casualidad este año, además del acontecimiento de mayo de 2011 en Brasil, la EdC a nivel mundial ha lanzado un “proyecto jóvenes” que tendrá como etapas más significativas la realización de dos escuelas internacionales, una en América Latina y otra en África, en enero de 2011.

En la cultura del consumo, la EdC puede y debe ser un “lugar de resistencia”. No islas, sino oasis de comunión y gratuidad, como lo fueron las abadías de la Edad Media. No olvidemos que Chiara intuyó por primera vez la realidad que más tarde se llamaría EdC (“las chimeneas”), al contemplar desde lo alto de una colina en Suiza una abadía benedictina. Un mensaje de comunión y gratuidad que hoy tiene enorme valor. En un mundo en el que el dinero tiende a serlo todo, porque con él puede comprarse (casi) todo, la EdC hace presente que la riqueza más grande es la que se da y se comparte. Para las personas y para los pueblos.

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La Economía de Comunión va a cumplir 20 años. Un “lugar de resistencia”.

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova n.21/2010 del 10/11/2010

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Retos y perspectivas de la EdC hoy

La Economía de Comunión va a cumplir 20 años. Un “lugar de resistencia”. por Luigino Bruni publicado en Città Nuova n.21/2010 del 10/11/2010 A finales de mayo del 2011 todo el mundo de la Economía de Comunión (EdC) se dará cita en Sao Paulo para volver a las raíces de esta experiencia y trazar nuev...
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por Luigino Bruni

publicado en Repubblica, sección Florencia el 18/09/2010

Ocurre algo extraño con los debates que siguen la crisis de estos dos últimos años: se pone en discusión todo, pero  hoy ya nadie habla seriamenteLuigino_Bruni de poner en discusión la única cosa verdaderamente importante, que es el sistema económico capitalista. Después de Pasolini o Don Milani, se diría que a nuestros intelectuales les falta estatura moral para hablar de superar el capitalismo sin usar las palabras gastadas de las ideologías, sean de derecha o de izquierda, laicas o católicas. Así nos limitamos todos a hablar inocuamente de la necesidad de una economía más ética (¿alguien nos explicará alguna vez el verdadero significado de esta frase? ¿es la ética del lobo o la del cordero? ¿la ética de los titulares de las Letras del Tesoro o la de los ‘rom’?), de la responsabilidad de la empresa, de la economía social y de la filantropía, fenómenos todos ellos que, bien mirado, no solo no ponen en discusión nuestro sistema económico, sino que son necesarios y funcionales para su supervivencia. Hay que ser más atrevidos. Los intelectuales, los economistas y los científicos sociales tienen que volver a hacer su trabajo de críticos de la sociedad, también de nuestra sociedad.

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Empecemos respondiendo a una pregunta: ¿estamos convencidos de que el objetivo de la actividad de cualquier empresa tenga que ser la maximización del beneficio?

Antes que nada tenemos que recordar qué es el beneficio. Limitándonos al ámbito más positivo de la economía de mercado, podemos afirmar que el beneficio es la parte del valor añadido generado por la actividad de la empresa que se atribuye a los propietarios, a los antes llamados capitalistas. Así pues, el beneficio no es todo el valor añadido, sino solamente una parte. Pongamos un ejemplo: La empresa A fabrica automóviles transformando acero, plástico, goma, componentes electrónicos, etc. en un producto terminado que se llama “automóvil”. Supongamos que la suma del coste de todas las materias primas que se utilizan para producir un automóvil sea igual a 10. Si la empresa A vende el automóvil a un precio de 30, el beneficio evidentemente no es igual a 20 (30-10). Todavía faltan importantes elementos de coste, entre los que destaca el coste del trabajo. Supongamos que el coste del trabajo sea 8 (para cada vehículo) y que los restantes costes (gastos financieros, amortizaciones…) sumen 3. El beneficio bruto (antes de impuestos) sería 9. Si después la empresa paga impuestos por valor de 4, el beneficio neto quedaría en 5. Hoy sabemos que en el valor añadido hay muchas cosas. Entre ellas se encuentran la creatividad del emprendedor, el trabajo humano, las instituciones de la sociedad civil, la cultura implícita de un pueblo e incluso la calidad de las relaciones familiares en las que crecen los niños en sus 6 primeros años de vida (como nos enseña el Premio Nobel James Heckman). Ese “5” de valor añadido no incluye solo el papel creativo de los propietarios de los medios de producción de la empresa, sino mucho más que tiene que ver con la vida de toda la colectividad. La constitución italiana es consciente de ello cuando proclama en su artículo 41 la “función social” de la empresa, función que es también de naturaleza social. De todos modos, una cosa es cierta: si la empresa A vende el automóvil a 30 con un beneficio de 5, en un imaginario mundo “sin ánimo de lucro” (con beneficio igual a 0) los automóviles costarían 25 en lugar de 30. En otras palabras, los beneficios de las empresas son también una forma de impuesto sobre los bienes que pagamos los ciudadanos y que reduce el bienestar colectivo de la población. Por eso muchas veces se ha soñado con una “economía sin lucro” y en algunos momentos históricos incluso se ha llegado a realizar a pequeña o gran escala, aunque a veces creando daños mayores que los problemas que se querían resolver, como en el caso de los experimentos colectivistas del siglo XX. Estos experimentos colectivistas no funcionaron por muchas y profundas razones. Una de ellas es que cuando se quita ese “5”, socializándolo, quienes ponen en marcha las empresas (ya sea el estado o los particulares) dejan de comprometerse en la innovación y el trabajo. La riqueza no sólo económica de la nación disminuye, todos se hacen más pobres y el valor (5) que se quería socializar termina por desaparecer. Al mismo tiempo, la gran crisis que estamos viviendo nos enseña que una economía basada en el beneficio y la especulación es igualmente insostenible. Entonces ¿qué podemos hacer?

Hay otra lectura de este movimiento de economía civil: concebir, por ahora a pequeña escala, un sistema económico donde el valor añadido, económico y social, sea repartido entre muchos (no sólo entre los accionistas), pero sin que los empresarios ni los trabajadores dejen de comprometerse por falta de incentivo, evitando caer en los mismos problemas de las economías colectivistas y socialistas. La verdadera apuesta de la nueva economía de mercado que nos espera consistirá en mostrar una nueva generación de empresarios (ya sean individuos o comunidades) motivados por razones más grandes que el beneficio.

La última fase del capitalismo (que podríamos llamar financiero-individualista) nace de un pesimismo antropológico que se remonta por lo menos a Hobbes: los seres humanos serían demasiado oportunistas y auto-interesados como para pensar que puedan comprometerse con motivaciones altas (como la del bien común). No podemos dejar que esta “derrota antropológica” tenga la última palabra sobre la vida en común. Tenemos el deber ético de dejar a quienes vienen detrás de nosotros una visión más positiva del mundo y del hombre. Pero para que todo esto no quede únicamente en el papel sino que se convierta en vida, hace falta un nuevo humanismo, una nueva educación donde nos eduquemos todos, niños, jóvenes y adultos a una economía de la sobriedad, donde aprendamos que la felicidad humana no está en consumir más mercancías sino en disfrutar todos juntos de más bienes colectivos, sociales, medioambientales y relacionales.

Los ilustrados italianos del siglo XVIII entendieron que la felicidad es pública, porque o es de todos o no es de nadie. Por eso la pusieron en el lugar más alto de la reforma de Italia. Hoy nos estamos dando cuenta, pagando un alto precio por ello, de cuán verdadera era aquella profecía dieciochesca, cuando los desafíos del medio ambiente, el terrorismo, la energía y la emigración nos dicen que con más motivo en la era de la globalización no es posible ser felices en solitario, en contra de los otros. En este desafío la gran tradición cooperativa tiene todavía mucho que decir. Nos jugamos la calidad de vida, dentro y fuera de los mercados, para las próximas décadas.

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por Luigino Bruni

publicado en Repubblica, sección Florencia el 18/09/2010

Ocurre algo extraño con los debates que siguen la crisis de estos dos últimos años: se pone en discusión todo, pero  hoy ya nadie habla seriamenteLuigino_Bruni de poner en discusión la única cosa verdaderamente importante, que es el sistema económico capitalista. Después de Pasolini o Don Milani, se diría que a nuestros intelectuales les falta estatura moral para hablar de superar el capitalismo sin usar las palabras gastadas de las ideologías, sean de derecha o de izquierda, laicas o católicas. Así nos limitamos todos a hablar inocuamente de la necesidad de una economía más ética (¿alguien nos explicará alguna vez el verdadero significado de esta frase? ¿es la ética del lobo o la del cordero? ¿la ética de los titulares de las Letras del Tesoro o la de los ‘rom’?), de la responsabilidad de la empresa, de la economía social y de la filantropía, fenómenos todos ellos que, bien mirado, no solo no ponen en discusión nuestro sistema económico, sino que son necesarios y funcionales para su supervivencia. Hay que ser más atrevidos. Los intelectuales, los economistas y los científicos sociales tienen que volver a hacer su trabajo de críticos de la sociedad, también de nuestra sociedad.

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La apuesta de los nuevos empresarios

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El euro está siendo objeto de ataque por parte de los especuladores. Pedimos su opinión sobre la situación a los economistas Luigino Bruni y Stefano Zamagni

por Antonella Ferrucci

BCE_ridLuigino Bruni, ¿puede explicarnos qué está ocurriendo?
Lo que está ocurriendo demuestra que, por desgracia, Europa no es todavía una “comunidad” de pueblos y de estados. Como es conocido, los bancos centrales de los diferentes países son, por norma, prestamistas de última instancia, es decir, en caso de ataques especulativos, en caso de crisis graves del estado, tienen que intervenir con sus reservas para evitar efectos acumulativos (sólo hay que recordar lo que ocurrió en Italia en 1993 cuando Ciampi era gobernador de la Banca de Italia y tuvo que devaluar la lira).

El Banco Central Europeo, por reglamento, no ha querido desempeñar esta función por miedo a que los países débiles abusaran de ella. En la crisis de Grecia, en lugar de intervenir a tiempo, como haría cualquier Banco Central en estos casos, intervino con un mes de retraso después de mediaciones y compromisos. Esto ha hecho completamente ineficaz la intervención de salvamento. Ahora nos encontramos en pleno ataque especulativo sobre el euro y no tenemos los instrumentos necesarios para reaccionar adecuadamente.

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Así pues, o Europa se convierte en una verdadera comunidad y empieza a razonar como un pueblo, o no saldremos de esta crisis. El euro, como cualquier otra moneda, solo muestra que detrás de la unidad monetaria hace falta algo más en el plano político y de la solidaridad. La fragilidad del euro es simplemente una foto de la fragilidad política de Europa y debemos actuar en este plano y no solo en el plano técnico y financiero.

Luigino_Bruni_03¿Ve alguna otra cosa detrá de esta crisis?
Sí; dicho lo anterior, es cierto que detrás de esta crisis hay también un problema real. Occidente, desde América hasta Europa,  está demasiado endeudado. Los bancos no hacen otra cosa que traspasar la deuda de un sujeto a otro. Todo eso a la larga es insostenible. Pronto esta crisis se extenderá al dólar y a la libra y nos veremos obligados a hacer una devaluación mundial y global. Esto comportará adaptar nuestro consumo y nuestro estilo de vida a los ingresos reales y no a unas finanzas hinchadas. Tengo mis dudas de que consigamos superar este momento sin demasiados traumas, pero quiero ser optimista.

Profesor Zamagni, la Unión Europea tiene responsabilidad en todo esto.
Sí, la responsabilidad de la Unión Europea es fuerte y la podemos atribuir a una serie de omisiones.
La primera: antes de la crisis no se pensó en crear un fondo de garantía, un Fondo Monetario Europeo, para hacer frente a emergencias como esta.
La segunda: no se ha creado ninguna agencia europea de calificación. Todas las agencias autorizadas son americanas (Standard & Poor's, Moody's y Fitch Ratings). El resultado está a la vista de todo el mundo. Es evidente que los Estados Unidos tienen interés en desestabilizar el euro y, en consecuencia, es obvio que las agencias americanas tienden a difundir noticias con el mismo objetivo.
La tercera omisión es que, después de haber creado el BCE, la Unión Europea nunca se ha ocupado de crear una autoridad europea equivalente para atender las políticas reales (no monetarias).  Zamagni_rid
Esto hace que los desequilibrios financieros repercutan inevitablemente en el mundo de la empresa (causando la pérdida de puestos de trabajo, etc ).

¿Qué podría añadir sobre las causas que nos han llevado a la crisis actual?

Podemos señalar otros dos “errores”, que han producido las consecuencias que hoy vemos:
El primero es técnico económico y aquí los economistas tienen una gran responsabilidad moral, porque el error es de tipo “teórico”. En la práctica se ha dado por supuesto que el riesgo financiero era de naturaleza “exógena”, es decir que al aumentar las transacciones el riesgo terminaría por anularse. Pero cualquier estudiante de primero de economía sabe que la naturaleza del riesgo es “endógena” y que el riesgo aumenta cuando aumentan las transacciones.
El segundo error es de tipo ético. Después de burlarnos durante años de la ética, diciendo que la economía no necesita lecciones de ética, nos hemos dado cuenta del error. El riesgo se ha transferido de los bancos a los ahorradores dispersos por el mundo sin tener en cuenta que la norma ética exige que el riesgo solo pueda transferirse si quien lo recibe tiene las espaldas cubiertas o, mejor dicho, “más cubiertas” que el sujeto del que procede el riesgo. Lo que ha ocurrido es precisamente lo contrario: los bancos han transferido el riesgo a los ahorradores a sabiendas de que no serían capaces de gestionarlo. Si ponemos todas estas cosas juntas, podemos obtener una clave de lectura para la situación actual.

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El euro está siendo objeto de ataque por parte de los especuladores. Pedimos su opinión sobre la situación a los economistas Luigino Bruni y Stefano Zamagni

por Antonella Ferrucci

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Lo que está ocurriendo demuestra que, por desgracia, Europa no es todavía una “comunidad” de pueblos y de estados. Como es conocido, los bancos centrales de los diferentes países son, por norma, prestamistas de última instancia, es decir, en caso de ataques especulativos, en caso de crisis graves del estado, tienen que intervenir con sus reservas para evitar efectos acumulativos (sólo hay que recordar lo que ocurrió en Italia en 1993 cuando Ciampi era gobernador de la Banca de Italia y tuvo que devaluar la lira).

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La crisis del euro. Falta de "comunidad" y carencias que quedan al descubierto

El euro está siendo objeto de ataque por parte de los especuladores. Pedimos su opinión sobre la situación a los economistas Luigino Bruni y Stefano Zamagni por Antonella Ferrucci Luigino Bruni, ¿puede explicarnos qué está ocurriendo? Lo que está ocurriendo demuestra que, por desgracia, Europa no e...
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Una reflexión sobre las palabras pronunciadas por el Papa en el albergue de Caritas en Roma

Entrevista de Radio Vaticano a Luigino Bruni

Redescubrir en la caridad “la fuerza propulsora del desarrollo” . La invitación lanzada por Benedicto XVI el domingo pasado durante su visita al albergue de Caritas en la estación Termini de Roma, ha tenido amplio eco. Pero sólo es posible conjugar esta indicación del pontífice con los criterios que rigen la economía si – como repite el Papa a menudo – en el centro de la economía y de las finanzas se encuentra la persona humana y no el interés. Una idea sobre la que insiste Luigino Bruni, profesor de economía política en la Universidad Bicocca de Milán, ante el micrófono de Fabio Colagrande:

"La caridad actúa en las personas, no en las estructuras. Si la economía se olvida de que el elemento propulsor – el que cambia, el que innova, el que se convierte en la medida de la verdad y de la justicia de un sistema económico – es la persona humana y no los capitales, ni las instituciones, ni las finanzas, etc., a la larga esa economía sale del ámbito de lo humano, deja de ser humana.  Yo creo que esta llamada del Papa apela al humanismo de la economía: o la economía se abre a la caridad, es decir al amor pleno y total que trae el cristianismo, o la economía no sólo sufrirá crisis sino que se hará inhumana. El Papa nos recuerda que de esta crisis y de todas las crisis se sale con la caridad, que es un exceso: la personas capaz de ir más allá del deber para abrirse a la gratuidad."

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Citando el segundo capítulo de la Caritas in Veritate, el Papa ha dicho: “La caridad no es sólo el principio de las micro-relaciones, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas”  Esta frase es también una llamada a las instituciones …

"Por supuesto. Es una llamada a las instituciones y a las personas que trabajan en las instituciones, ya que si las macro-relaciones no se abren a la caridad, sencillamente se abren a su contrario. En otras palabras: no hay nada neutro en economía. Si la economía es lugar de vida humana, no es posible concebirlo como un ámbito donde se pueda actuar de manera neutral desde el punto de vista ético. O se está por  la persona y  la justicia o se esta por la injusticia y los abusos. Así pues, lo que dice el Papa de que las macro-relaciones o bien están encaminadas a la justicia y a la caridad o bien lo están al no-amor y a la injusticia, es un mensaje de gran relevancia para el momento actual"


Profesor Bruni, el Papa nos invita a redescubrir las dimensiones del don y de la gratuidad en un mundo en el que, según parece, prevalecen la lógica del beneficio y la búsqueda del propio interés. Pero la lógica del beneficio ¿siempre es negativa?


"Por supuesto que no. Para empezar, hay que entender bien en qué consiste la gratuidad, ya que se confunde con lo “gratis”. La gratuidad es un precio infinito y no un precio cero; es algo que tiene un valor tan alto que no puede pagarse con dinero y al que sólo se puede responder con el don. La gratuidad está más en el “cómo se actúa” en la economía y en la vida que en el “qué se hace”. Es la manera de vivir la vida económica la que nos dice lo que es la gratuidad. No va asociada al regalo ni, como decía antes, al término “gratis”. Entonces no es cierto que exista contraposición entre beneficio y gratuidad. Evidentemente si el beneficio se entiende como el fin de la economía, como el objetivo de la acción económica, entonces sí que hay oposición, ya que el beneficio es un indicador de eficiencia, un signo de la riqueza producida, pero no puede ser el fin último. Si por el contrario el beneficio es una variable más de la economía, un indicador de eficiencia, entonces ¿por qué no? Es más, si no hay beneficios hay pérdidas y una economía que no crea beneficios a la larga destruye la riqueza y creo que ninguno de nosotros desea una economía que destruya la riqueza en vez de crearla. Así pues, la gratuidad es compatible con el beneficio, siempre que el beneficio no sea el único fin de la acción económica sino un indicador de algo más amplio que se llama precisamente “valor añadido”, “riqueza”, “eficiencia”."

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Una reflexión sobre las palabras pronunciadas por el Papa en el albergue de Caritas en Roma

Entrevista de Radio Vaticano a Luigino Bruni

Redescubrir en la caridad “la fuerza propulsora del desarrollo” . La invitación lanzada por Benedicto XVI el domingo pasado durante su visita al albergue de Caritas en la estación Termini de Roma, ha tenido amplio eco. Pero sólo es posible conjugar esta indicación del pontífice con los criterios que rigen la economía si – como repite el Papa a menudo – en el centro de la economía y de las finanzas se encuentra la persona humana y no el interés. Una idea sobre la que insiste Luigino Bruni, profesor de economía política en la Universidad Bicocca de Milán, ante el micrófono de Fabio Colagrande:

"La caridad actúa en las personas, no en las estructuras. Si la economía se olvida de que el elemento propulsor – el que cambia, el que innova, el que se convierte en la medida de la verdad y de la justicia de un sistema económico – es la persona humana y no los capitales, ni las instituciones, ni las finanzas, etc., a la larga esa economía sale del ámbito de lo humano, deja de ser humana.  Yo creo que esta llamada del Papa apela al humanismo de la economía: o la economía se abre a la caridad, es decir al amor pleno y total que trae el cristianismo, o la economía no sólo sufrirá crisis sino que se hará inhumana. El Papa nos recuerda que de esta crisis y de todas las crisis se sale con la caridad, que es un exceso: la personas capaz de ir más allá del deber para abrirse a la gratuidad."

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O la economía se abre a la persona o se hace inhumana

Una reflexión sobre las palabras pronunciadas por el Papa en el albergue de Caritas en Roma Entrevista de Radio Vaticano a Luigino Bruni Redescubrir en la caridad “la fuerza propulsora del desarrollo” . La invitación lanzada por Benedicto XVI el domingo pasado durante su visita al albergue de Carit...
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Ya sea venerando o marginando el cuerpo, la sociedad de hoy intenta negar la fragilidad y la vulnerabilidad.

por Luigino Bruni

Hoy el cuerpo recibe más atenciones y cuidados que nunca. El negocio que mueve el cuidado del cuerpo (productos, masajes, spas, cirugía estética, gimnasios, lámparas bronceadoras, fármacos adelgazantes, etc.) es impresionante. Sólo en Italia mueve unos 15.000 millones de euros al año y sigue creciendo. El cuidado del cuerpo se está convirtiendo en un verdadero culto, con sus ritos, liturgias, templos y sacerdotes. Pero si nos fijamos con atención en este fenómeno, nos daremos cuenta de que la cuestión es compleja y tiene su lado oscuro. En primer lugar, el cuerpo que tratamos de cuidar es el nuestro o el de nuestros seres queridos; los cuerpos de los demás sólo nos interesan si son guapos, jóvenes, sanos, en forma, atractivos o si pertenecen a nuestros familiares.

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El consumismo se está convirtiendo cada vez más en una religión que promete la eternidad. Mi automóvil dentro de unos meses ya no será nuevo, pero puedo comprar otro igual (un poco mejor) con la ilusión de tener un automóvil eternamente nuevo. Y así ocurre con todos los productos, cuerpo incluido. Nos gustaría vencer el tiempo y la vejez con cuidados, productos y cirugía. Pero, antes o después, el tiempo de la enfermedad y la fragilidad llega y esta cultura no nos ayuda a afrontarlo. Así marginamos el cuerpo enfermo, frágil, feo, viejo o muerto. Ya no se ven funerales en nuestras ciudades. De niño crecí rodeado de vida y también de muerte, que era una dimensión de la vida. En nuestras casas habitaba la vida y la muerte y crecíamos un poco reconciliados con ella (con la muerte tenemos que reconciliarnos de por vida).

Esa misma ausencia del cuerpo la encontramos hoy en las redes sociales (como facebook, por ejemplo). Si nos limitamos a “encontrarnos” con personas construidas, virtuales, y dejamos de encontrarnos con el otro con su corporeidad complicada, ambivalente, estos espléndidos inventos podrían sacarnos a la larga fuera del ámbito de lo humano, porque no existe lo humano sin cuerpo. Es sobre todo el cuerpo quien nos dice quiénes somos y dónde estamos. El cuerpo nos hace distintos, verdaderamente diversos unos de otros, y nos hace presentes nuestras limitaciones. Marginar el cuerpo o venerarlo son dos caras de la misma medalla: la ilusión de la posibilidad de vivir bien sin considerar la fragilidad ni la vulnerabilidad propia y ajena.

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Ya sea venerando o marginando el cuerpo, la sociedad de hoy intenta negar la fragilidad y la vulnerabilidad.

por Luigino Bruni

Hoy el cuerpo recibe más atenciones y cuidados que nunca. El negocio que mueve el cuidado del cuerpo (productos, masajes, spas, cirugía estética, gimnasios, lámparas bronceadoras, fármacos adelgazantes, etc.) es impresionante. Sólo en Italia mueve unos 15.000 millones de euros al año y sigue creciendo. El cuidado del cuerpo se está convirtiendo en un verdadero culto, con sus ritos, liturgias, templos y sacerdotes. Pero si nos fijamos con atención en este fenómeno, nos daremos cuenta de que la cuestión es compleja y tiene su lado oscuro. En primer lugar, el cuerpo que tratamos de cuidar es el nuestro o el de nuestros seres queridos; los cuerpos de los demás sólo nos interesan si son guapos, jóvenes, sanos, en forma, atractivos o si pertenecen a nuestros familiares.

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Venerar el cuerpo o marginarlo: dos caras de la misma medalla

Ya sea venerando o marginando el cuerpo, la sociedad de hoy intenta negar la fragilidad y la vulnerabilidad. por Luigino Bruni Hoy el cuerpo recibe más atenciones y cuidados que nunca. El negocio que mueve el cuidado del cuerpo (productos, masajes, spas, cirugía estética, gimnasios, lámparas broncea...
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Entrevista con Luigino Bruni

por Angelo Sconosciuto

publicado en Fermento (Quincenal de la Diócesis de Brindisi-Ostuni), año 32°, nº. 10 (15 noviembre 2009)

El año pasado publicó el libro «Bendita economía», escrito a cuatro manos para responder a una pregunta de fondo sobre el lugar que tienen en la economía la gratuidad, la “vocación”, los “carismas” y las motivaciones intrínsecas. Luigino Bruni enseña economía política en la Universidad Bicocca de Milán, es co-editor de la International Review of Economics (IREC), además de miembro del comité editorial de las revistas "Nuova Umanità", "Sophia" y "RES" y miembro del comité ético de Banca Etica. Ahora enseña economía política en el Instituto Universitario Sophia de Loppiano y es coordinador de la Comisión Internacional de la Economía de Comunión. En Internet se puede encontrar todo sobre él, incluso un dicho-programa anónimo que da que pensar: «La vida es la lección más bella». 

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Profesor Bruni, en su opinión ¿cuál es la verdadera novedad que aporta la Caritas in Veritate a la doctrina social de la Iglesia?

«En primer lugar, Benedicto XVI recupera para el debate actual, reconociendo su valor, el gran magisterio social de Pablo VI. En la misma introducción dice que la DSI no tiene sólo a la Rerum Novarum come piedra miliar, sino también a la Populorum Progressio, que representa el otro gran acontecimiento sobre el que se apoya la enseñanza social del pos-concilio. Esta herencia y esta valoración de la Populorum Progressio no se debe únicamente a la coincidencia reciente del 40 aniversario de la encíclica de Pablo VI, sino sobre todo a la voluntad expresa de Benedicto XVI de relanzar en la DSI los grandes temas del capitalismo, la justicia mundial y el desarrollo de los pueblos, temas que quedaron un poco en el trasfondo de las últimas encíclicas sociales. Así pues, volver a poner en el centro los temas del progreso en la época de la globalización significa que también es central, dentro de la DSI, el gran tema de la crítica al capitalismo, Podríamos resumir este primer elemento de la encíclica de la siguiente manera: si queremos salvar la aportación cívica típica de la tradición civil y de la economía de mercado (que son, también y principalmente, fruto del humanismo cristiano), cada vez es más urgente abordar la crítica a la forma capitalista que la economía de mercado ha asumido durante los dos últimos siglos.

La segunda novedad está estrechamente relacionada con la primera y se enuncia desde las primeras líneas de la encíclica, cuando Benedicto XVI afirma que la Caritas, el amor (eros, philia y agape), es el fundamento tanto de la vida espiritual, eclesial y comunitaria, como de la vida económica y política: “da verdadera sustancia a la relación personal con Dios y con el prójimo; no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas” (nº 2). En mi opinión, esta frase es revolucionaria. Una de las grandes constantes que hemos mantenido desde el mundo griego y romano es una visión dicotómica de la vida: cuerpo-alma, espíritu-materia, contemplación-acción, eros-agape. Esta visión dicotómica o dualista sigue siendo muy fuerte en el ámbito económico y civil, como cuando se afirma, en la teoría y en práctica, la contraposición entre gratuidad y mercado o entre don y economía. El Papa nos invita, como hizo ya en sus anteriores encíclicas, a esta nueva unidad: es el amor, un mismo amor, el que puede y debe inspirar el don y el contrato, la familia y la empresa, el mercado y la política. Todo el capítulo 3 de la encíclica habla de la necesidad de reunificar la vida desde el corazón del mensaje cristiano. La encarnación del Verbo ha superado para siempre la separación entre sagrado y profano. No hay ámbitos plenamente humanos y otros que no lo son. Podemos alcanzar la vida buena y la santidad, por supuesto a través de la vida contemplativa y la oración, pero también siendo empresarios y trabajando o comprometiéndonos en política por nuestra gente. Si el amor es la fuente tanto del don como del contrato, eso quiere decir que es posible amar también cuando se ejecuta la contraprestación de un contrato. La gratuidad no va unida al regalo, a lo que se da gratis, sino que es una dimensión que acompaña todas las acciones humanas y que, por ello, puede y debe estar presente en la vida ordinaria.»

Uno de los primeros comentarios ha sido el de Stefano Fontana, que ha hecho la siguiente observación: "La encíclica social Caritas in veritate transforma la doctrina social de la Iglesia nada menos que en la relación entre la Iglesia y el mundo". Recordando lo que escribió Juan Pablo II en el nº 41 de la Sollicitudo, le pregunto: ¿el ámbito le parece más amplio o más restringido?

«Me parece una tesis sugerente pero un poco fuerte. Es cierto que hay elementos nuevos, pero lo que hay sobre todo es una fuerte continuidad con las encíclicas sociales del siglo XX. Aunque ciertamente hay novedades en la visión de la economía y del mercado, como acabo de señalar ».

Anunciada para el 40º aniversario de la Populorum progressio, esta encíclica se ha publicado coincidiendo con una reunión del G8 convocada para tratar sobre la crisis económica mundial que alcanza su segundo año de vida. Una lectura apresurada haría pensar que está dirigida a los poderosos de la tierra, pero el Papa Benedicto la envía a “todos los hombres de buena voluntad”. ¿Qué compromisos pueden estos últimos encontrar en sus páginas?

«No se si la habrán leído, estoy casi seguro de que no. Evidentemente, eso no quiere decir que sea irrelevante, sino que la encíclica producirá efectos sobre los “grandes” y “pequeños” de la tierra, siempre que los cristianos vivamos cada día las realidades sobre las que en ella se escribe. Las encíclicas tienen fuerza porque están escritas con la sangre de los mártires, con la vida de aquellos que dan credibilidad histórica a los principios que en ellas se enuncian. Esta encíclica tendrá influencia si da vida a una nueva era de economía civil y de comunión. En caso contrario seguirá siendo un documento, importante, pero un texto de papel ».

La Iglesia no está contra el mercado, siempre que éste no se reduzca a la búsqueda del beneficio y admita la presencia de distintas formas económicas. Este parece ser el mensaje de la Caritas in Veritate ¿Qué distancia existe entre nuestra vida diaria y esta visión de la sociedad?

«Dicho con otras palabras: Quienes, como la Iglesia, aprecian y valoran la economía de mercado (sobre todo si se compara con otras formas como el colectivismo, el comunitarismo o la economía jerárquica feudal), deben criticar duramente la sociedad de mercado, es decir, la vida en común regulada únicamente por el mercado con sus mecanismos e instrumentos (competencia, contratos, incentivos, etc). Sin mercado no hay vida buena, pero sólo con el mercado la vida todavía es menos buena, puesto que se atrofian y marginan otros principios y mecanismos fundamentales para la vida en común, que no pueden reconducirse al contrato, como el don y la reciprocidad. Pero si, como nos recuerda la encíclica, la gratuidad es la dimensión en la que se funda lo humano, de ahí se deduce que el beneficio no puede ser la finalidad de la empresa, de ninguna empresa y no solo de las que no buscan el lucro, porque cuando eso ocurre (como en la reciente crisis financiera), todo en la actividad económica y empresarial se instrumentaliza, la persona, la naturaleza, las relaciones, y nada tiene valor intrínseco. Así se supera la otra gran dicotomía de la economía actual, entre empresas con y sin ánimo de lucro, o la idea del tercer sector, ya que cualquier empresa, por el hecho de serlo, tiene una vocación cívica y no solo las que operan en el tercer sector o carecen de ánimo de lucro. De ahí la referencia del Papa a la economía civil y de comunión (nº 46), cuyo significado solo se puede entender en el conjunto de la encíclica ».

Algunos medios de comunicación han hablado de la encíclica de la crisis económica. Supongamos que sea así, aunque expresamente está dedicada al “desarrollo humano integral en la verdad y en la caridad”. Cuando pase esta crisis económica, que representa la parte contingente, ¿qué quedará de estas páginas como patrimonio permanente?

«Esta encíclica fue pensada antes de la crisis, ya que, como se sabe, tenía que publicarse por el 40ª aniversario de la Populorum progressio. Así pues, no es una respuesta a los acontecimientos de septiembre de 2008. Por eso, durará bastante más que esta crisis financiera y económica, porque es una respuesta a la crisis antropológica que está debajo de esas crisis. En conclusión, al comienzo de la encíclica el Papa se plantea cómo actualizar las preguntas y los desafíos de la Populorum Progressio (nº 8). A la luz de la encíclica, sigue siendo actual la idea de que el desarrollo es la condición necesaria para la paz, pero en estos cuarenta años hemos entendido que el desarrollo económico no basta para evitar las guerras; hace falta también la comunión de los bienes y la solidaridad entre los pueblos, desde el momento en que las últimas guerras y el terrorismo muestran que este sistema capitalista que aumenta las desigualdades es insostenible. Por eso, creo que podemos interpretar uno de los mensajes centrales de la encíclica como “la comunión es el nuevo nombre de la paz”. Creo que la comunión será también el reto de la economía y de la paz para los próximos años ».

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Entrevista con Luigino Bruni

por Angelo Sconosciuto

publicado en Fermento (Quincenal de la Diócesis de Brindisi-Ostuni), año 32°, nº. 10 (15 noviembre 2009)

El año pasado publicó el libro «Bendita economía», escrito a cuatro manos para responder a una pregunta de fondo sobre el lugar que tienen en la economía la gratuidad, la “vocación”, los “carismas” y las motivaciones intrínsecas. Luigino Bruni enseña economía política en la Universidad Bicocca de Milán, es co-editor de la International Review of Economics (IREC), además de miembro del comité editorial de las revistas "Nuova Umanità", "Sophia" y "RES" y miembro del comité ético de Banca Etica. Ahora enseña economía política en el Instituto Universitario Sophia de Loppiano y es coordinador de la Comisión Internacional de la Economía de Comunión. En Internet se puede encontrar todo sobre él, incluso un dicho-programa anónimo que da que pensar: «La vida es la lección más bella». 

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Bruni: «La comunión es el nuevo nombre de la paz»

Entrevista con Luigino Bruni por Angelo Sconosciuto publicado en Fermento (Quincenal de la Diócesis de Brindisi-Ostuni), año 32°, nº. 10 (15 noviembre 2009) El año pasado publicó el libro «Bendita economía», escrito a cuatro manos para responder a una pregunta de fondo sobre el lugar que tienen en...
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Video entrevista a Luigino Bruni

por Marco Minghetti

publicado en nova100.ilsole24ore.com el11/11/09

Más aún: ¿qué responsabilidad tienen las empresas y también las familias en la crisis económica global?
El totem de la maximización del beneficio ¿puede ser discutido?
¿Hay una demanda efectiva de ética por parte de los individuos y de las empresas o quienes hablan de ella lo hacen solo como un vano ejercicio de retórica?

A estas y otras preguntas responde el Vicedirector de EconomEtica Luigino Bruni en este video.

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Video entrevista a Luigino Bruni

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¿Pueden formarse en la ética los directivos jóvenes?

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