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La educación financiera en las escuelas provoca escalofríos

 La educación financiera en las escuelas provoca escalofríos

La guía que hizo la Banca de Italia para los niños de primaria ignora toda una literatura en economía, psicología y pedagogía que, desde hace décadas, discute las supuestas ventajas de la paghetta1 que se da a los jóvenes, y más todavía a los niños. La educación económica fuera de tiempo no solo es inútil, es perjudicial.

Luigino Bruni

publicado en Avvenire el 27/10/2026

El encuentro que Pinocho tiene con el Gato y el Zorro es parte de la narrativa que usan los promotores de la educación financiera en niños y jóvenes. Porque enseñar el lenguaje de las finanzas significaría ponerlos en condiciones de reconocer y de defenderse de los tantos Gatos y Zorros que existen. Por eso en los últimos años todos aplauden las iniciativas de educación financiera en las escuelas de la Banca de Italia, la Comisión de Valores (Consob) y muchos bancos y asociaciones. Detrás de este entusiasmo, el gobierno hizo obligatoria la educación financiera en las escuelas italianas de todos los niveles (L. 5 marzo 2024, n. 21). Pero la realidad es muy diferente, y más compleja de lo que se imagina. Los actos preocupantes cometidos recientemente por “jovencitos” nos dicen con fuerza que en la escuela hace falta de todo menos educación financiera. Los alumnos de hoy tienen una necesidad enorme de reaprender el sentido y la naturaleza de las cosas y los objetos, tocarlos, olerlos, entender su valor, para mañana entender también el precio. 

La Banca de Italia ha escrito una guía online para los alumnos de la escuela primaria. Al leerla, un escalofrío me corrió por toda la espalda, solo pensando que ese material termina en manos de los niños y sus profesores. Algo así era impensable hace treinta años, porque el paradigma general de la buena vida en sociedad era la democracia; hoy que los negocios se volvieron la cultura dominante, resulta natural lo que ayer hubiera sido un abuso. Y nadie protesta. El comienzo es importante en cualquier libro. Y este empieza con la “paghetta” 1, que para la Banca de Italia es obviamente un buen método para educar a niños de entre seis y ocho años, dejando de lado así toda una literatura en economía, psicología y pedagogía que desde hace décadas pone en duda los beneficios de ese pago que se hace a los niños. En los años setenta, por ejemplo, experimentos controlados sobre la introducción de la paghetta en las familias (como los trabajos de David Greene y Mark Lepper en 1974) muestran que los niños educados de esa manera desarrollan con el tiempo una menor actitud a la realización de actividades de solo motivación intrínseca, que son las más decisivas en la vida, empezando por el trabajo. Introducir la lógica de la paghetta en las relaciones con los niños y someterlos, en general, a la lógica económica y financiera, hace mucho más difícil la educación en la ética de las virtudes, que necesita ingredientes totalmente diferentes. La evidencia empírica y teórica sobre este tema es inmensa. La paghetta trae consigo, además, el uso del incentivo monetario dentro de la casa, porque se empiezan a asociar pequeñas tareas al pago de una suma de dinero ($5 por los platos, $4 por el paseo con el abuelo, $5 por sacar al perro…). Dos instrumentos teóricamente distintos pero que con frecuencia conviven, ya que ambos son frutos de la misma invasión de la lógica de los negocios en la familia y en la sociedad. Y en esa elegante y simpática guía para niños, a partir de esa paga periódica se pretende explicar qué son los ingresos que reciben los papás, definidos como la evolución de la paghetta: “Sí, el salario es una especie de superpaghetta”. Se comete así un grosero error; error teórico y práctico, porque se olvida que los ingresos por el trabajo (sueldos y salarios) se basan en una estructura de reciprocidad: el trabajador recibe esos ingresos a cambio de su trabajo, que es exactamente lo que le falta a la paga dada a los niños, que no tiene nada que ver con sueldos y salarios (si se quiere, es más parecido a una renta básica universal).

Detrás del deseo de relucientes mercancías por parte de nuestros jóvenes, que los lleva a veces a romper las vidrieras para obtenerlas, se esconde la ausencia de la idea de natural reciprocidad en el mercado: para conseguir las mercancías debes dar algo a cambio, debes obtener un ingreso. El ingreso no es una superpaghetta, es lo opuesto. Más grave todavía es pensar que ese dinero que se asigna a los niños es un pago que se hace a los niños bueños y aplicados —el derecho de los hijos a los bienes no deriva de un contrato, sino de su condición de hijos, buenos o malos, laboriosos o vagos—. En definitiva, todos errores; sobre todo si son difundidos por la Banca de Italia, ya que el dato se convierte en algo éticamente recomedable: está bien darle la paghetta a sus hijos. El resto del manual está dedicado a explicar las funciones de la moneda, del PIB, del ahorro, e incluso de las tasas. Hacer libros de economía para niños es muy difícil, porque solo una gran competencia teórica e interdisciplinar permite simplificar categorías tan complejas sin caer en errores. En la gran mayoría de los casos, los intentos por adaptar, mediar y simplificar el lenguaje de la economía y las finanzas para hacerlo accesible al mundo infantil, conllevan a desnaturalizar la economía y las finanzas, que requieren de una edad en la que se pueda captar la complejidad; la economía no es muy diferente, en complejidad, a la mecánica o a la ingeniería, que no creo que alguien quiera enseñarle a un niño de siete años.

Volvamos al maravilloso episodio de Pinocho con el Gato y el Zorro. Imaginemos a un Pinocho que haya leído y estudiado la guía para educarse en las finanzas. Nadie con sentido común podría pensar que ese Pinocho, gracias a este libro, estaría en condiciones de defenderse de los gatos y los zorros de las finanzas, porque la asimetría de información entre ambas partes seguiría siendo todavía infinita. El único mensaje serio y responsable —probablemente más cerca de lo que Collodi tenía en mente— que debería transmitirse a Pinocho y a sus amiguitos, y sobre todo a los padres, a la escuela, a los maestros y a la política, es el siguiente: mantengan a los niños lejos de la lógica, el lenguaje y el mundo de la economía y las finanzas. No es casual que todos los problemas de Pinocho comiencen cuando entra en contacto con el dinero de los adultos: por la plata que recibe al vender su abecedario a un comerciante (un abuso económico de un adulto), por las monedas que le da Comefuego, por el Campo de los Milagros... Hay que resaltar además un elemento importante: los bribones seducen a Pinocho utilizando el lenguaje del don: “Nosotros —continuó la Zorra— no trabajamos por el vil interés; trabajamos únicamente para enriquecer a los demás. —¡Los demás!—, repitió el gato. ‘¡Qué buenas personas!’, pensó para sí Pinocho”. Para abusar económicamente de un niño, el único lenguaje eficaz es el don, porque es su lengua materna, es el lenguaje de la casa y de la confianza primaria. Hablarle a un niño de tasas, de PIB, de empleo, de dinero, de ahorro, es como hablarle de colores a un ciego. Los objetos y los conceptos de la economía son “bienes de experiencia” que solo se comprenden al tiempo en que se experimentan. La infancia es el tiempo de la gratuidad, el don, las motivaciones intrínsecas. La economía y las finanzas, de las cuales mañana necesitarán servirse, la aprenderán solo cuando deban usarla: de la adolescencia en adelante. Por el contrario, son los bancos, las aseguradoras y las grandes empresas las que deberían educarse en las relaciones correctas y éticas con los ciudadanos, que siempre van a estar mucho menos informados que ellas.

La única “bolsa de valores” buena de los niños es la de los padres, los profesores y los adultos que están alrededor suyo, porque su encuentro con el dinero y la economía debe ser totalmente mediado por quienes los educan. La autonomía económica es importante para los adultos, y quizás para los jóvenes, pero no para los niños y los pre-adolescentes, que deben depender de mamá y papá. La educación económica es expresión directa de la educación general de los niños, similar a la educación sexual, y hablar de ellos fuera de “tiempo” no solo es inútil, sino que es perjudicial.

El encuentro desgraciado con el Gato y el Zorro llevará a Pinocho a la horca (cap. XV). Porque si de niños nos equivocamos en nuestra relación con el dinero, nos equivocamos en nuestra relación con la vida.

 

1. Según el país hispanohablante puede llamarse “paga”, “mesada” o “domingo”, y es el pago que se le da periódicamente a un niño.


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